Augurios

21.12.2019 | 06:16

No soy vidente, pero apostaría (y no soy de jugar) quiénes van a ser los candidatos a formar gobierno, tanto el presidente como los ministrables.

Si fuera politólogo, autotitulación con más futuro laboral desde ya hace 4 años, en el que no se reconoce formación específica universitaria ni, por supuesto, diseño curricular; el único requisito es que sean capaces de decir lo mismo y lo contrario en los programas de debate de segunda división y siempre terminar diciendo que todas las alternativas estén abiertas.

Por supuesto, no dejaría hablar al diatribante, interrumpiendo continuamente, haciendo gestos ostensibles de desaprobación y sacando a relucir mi sonrisa sardónica más ignorante y mi ceja levantada antesala de colmillo afilado.

Yo también me siento (un poco) politólogo y las constelaciones astrales no aseguran los augurios; así pues, apostaré por quien no va a ser ministrable, que es una manera digna pero menos arriesgada de pronosticar.

Pocos pueden entrar en el olimpo del Shangrilá; la mayoría, ni recauchutados suspiran tener mando en plaza.

No será ministrable Fray Beatifico Quím, heredero del 3% del clan Pujol. Apostaría (perdón, no soy de jugar) que daría su conformidad cual Esaú moderno, a un viaje semanal a Waterloo de ida y vuelta para recibir la benevolencia de un Iluminatti, líder supremo solo hay uno, aspirante a la santidad.

Es el prototipo paradigmático de la sentencia: el fin justifica los medios, una trumpería propia de señoritos de repúblicas bananeras. Si no tuviera un himno al que silbar, sería un don nadie.

Tampoco será ministrable el señor Gabriel; amor sin límites y deudor eterno a quien facilite que las hemerotecas olviden las sandeces manifestadas como parlamentario, previo a la portavocía, indicativo de que algunos personajes valen para un roto y un descosido.

La carnavalizacion del insulto sistemático ha dado como resultado una cacofonía característica de los nacionalistas analfabetos, siendo firme defensor practicante del derecho a mentir, lo que corrobora la sospecha de que quien lo parece lo es.

Monseñor Aitor tiene pocas aspiraciones de mando. Con esperar el óbolo de San Pedro está dispuesto a demostrar que quiere paz y justicia universal, pero que la caridad bien entendida empieza por uno mismo.

La señora De, portavoz de su partido-coalición y pareja de quien tiene la vicepresidencia prometida y firmada. En ningún otro país democrático se ha dado una situación similar con dos ministros en la misma unidad familiar excepto en la Argentina peronista; y no aspiran a entrar en el libro Guiness de los Récords. La razón, así lo entienden en los círculos de su partido, el nepotismo es considerado pecado capital. Nostalgia y progreso en estado puro.

Otros grandes personajes de la historia moderna como el señor Pablo, parece que ya confirmado como ministrable, ha vivido durante un tiempo de repetir de manera tántrica y contumaz la casta del régimen del 78; y se ha transustanciado y trastocado en una foto pertinaz, con la Constitución en la mano cual catecismo del padre Arrupe.

Es un pecado mayor reconvertido en venial, esperando en el purgatorio la resolución definitiva de sus otros egos: abuso de poder, arrogancia, vanidad y plebiscito megalómano de casoplón. Empezó combatiendo el sistema y va a terminar administrándolo; la majestad de la pompa y los ornamentos le pierde y la cirugía ideológica radical ha sido su marchamo de identidad. Su credibilidad empezará cuando le quite un cero al presupuesto.

Pero en quien tengo más dudas es en don Pedro; de tener insomnio crónico que le puede justificar el donde dije digo Diego, ha pasado en un verdadero arte de birlibirloque, a dormir en paz cual bebé satisfecho tras el abrazo de su hermano-oso.

Intentan convencernos de que están negociando y de que las bases sociales partidistas han aprobado tal hecho con una franca mayoría. Pero nadie asegura que acepten los resultados, si los hubiera; me temo que participan del mandato bíblico que señala que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu mano derecha. Es inteligente, entendido como hacer dos cosas contradictorias sin enloquecer.

Y ello porque negociar implica abordar el mismo tema con ánimo constructivo y proclive a buscar una solución y dejar para otros momentos la frase de hermanos Marx sobre la parte contraria de la contraparte. Supone una teatralización del aburrimiento, un envite de tahúres; hablan de sus propias ventajas, de sus sueños húmedos, pero no de nuestras necesidades.

La educación judeocristiana impide hacer uso de la cicuta metafórica. Propongo un acto de contricción y ejercicios político-espirituales a todos a quienes la lengua vaya 2 pasos por delante de su cabeza. La tradición aristotélica, la ética de los principios y la ética de las acciones, debería estar tatuada a fuego en los hemisferios cerebrales.

Nos han embrutecido ideológicamente. Juegan con las ideas cual si se tratara de un prostíbulo ideológico disfrazado de ciencia, los algoritmos preelectorales han sustituido al debate, a la adaptación a la realidad.

Pero no debemos olvidar que la solución está en nuestras manos, es nuestra mayor fuerza, y la tecnocracia es la alternativa tras previo proceso de formateo mental.

Estamos abducidos por el ruido, necesitamos silencio.

El autor es sociólogo