Nuestra memoria sigue intacta e incorrupta

23.01.2020 | 06:16

La memoria de la Asociación de Familiares de Asesinados de Valtierra en el 36 sigue intacta e incorrupta. Fueron 41 a quienes torturaron y asesinaron. Su deseo era cortar de raíz todo lo que sonara a república y apoyo al legítimo gobierno republicano. Lo terrible es que todavía tenemos que seguir recordando que "la república no fue la causante de la guerra civil, lo fue el golpe de Estado perpetrado por Franco y sus secuaces contra ella". ¡Y pensar que todavía querían más, que les parecía poco, que pretendían cortar de raíz las ideas y los sentimientos humanos más profundos! Les querían dejar sin alma.

Pero los familiares ya no podían esperar más, el tiempo y los años (alrededor de 40), pesaban como una losa. Un grupo de ellos se lanzó a la búsqueda de sus seres queridos. Así se empezó a escribir la historia de las exhumaciones en Navarra en la década de los 70. Ese cúmulo de atrocidades y barbaridades, finalizando con el asesinato a bocajarro y a traición, acabó con la paciencia de sus familiares: hijos, hermanos, nietos, sobrinos y dijeron ¡basta ya!

También el pueblo de Valtierra, a una con la Asociación de Familiares, se siente orgulloso de haber formado parte de aquel primer grupo de pueblos que realizaron lo que hoy se denominan las exhumaciones tempranas en Navarra. El homenaje a los 41 asesinados de Valtierra tuvo lugar el 18 de marzo de 1979, y según las crónicas, la Iglesia estaba abarrotada por más de 3.000 personas, muchas tuvieron que seguir el acto desde la calle. Pero antes de ese día, los trabajos de los familiares y amigos de los asesinados fueron tremendamente duros y complicados. Había que romper el silencio y despojarse del miedo para poder realizar la búsqueda de los cadáveres esparcidos por cunetas, descampados y cementerios de diversos pueblos: en Cadreita 7, en Traibuenas 6, en las Bardenas 2, en Arguedas 3, en Cabanillas 3, en Aldeanueva de Ebro 1, en Marcilla 2... Todavía no se han podido recuperar todos los cuerpos, ese trabajo nos queda por delante.

Un representante de la Comisión de Familiares leyó un comunicado que decía: "Tras largos y esperados años de angustia y silencio, hoy vemos compensado nuestro esfuerzo por tantas horas de búsqueda por cementerios y descampados, para poder traer estos restos de asesinados en la llamada Cruzada de 1936. Queremos sacarlos del Ayuntamiento porque ésta era su casa, la casa de todos los valtierranos, humildes, acomodados, y en particular de dos de ellos, Moisés Babadilla (alcalde) y Venancio Oteiza (concejal)". También desearía reseñar algunas frases del sacerdote en la homilía de aquel día. "Como sacerdote, es mi deber denunciar a quienes, por odio, revanchismo o ideales contrarios a los de estos hombres, truncaron sus vidas. Fueron auténticos asesinatos. Allí no hubo proceso, no hubo abogados, no hubo nada legal, porque no podían encontrar razón ni motivos para ello. Y este indecible pecado se agrava por la brutalidad y salvajismo que, en algún caso de hombres que hoy recordamos y que vosotros y yo conocemos, no se pueden ni describir. Y así, con engaños y por envidias, nos los arrancaron para siempre de nuestro lado acá en la tierra. Como sacerdote, me duele en el alma escuchar de muchos de vosotros, que fueron también hombres de Iglesia, obispos, sacerdotes y cristianos seglares, responsables de aquella tremenda catástrofe. Es cierto que gracias a muchos sacerdotes de Navarra, muchos se salvaron de estas muertes, pero no es menos cierto que también la Iglesia de Valtierra se manchó las manos con la sangre inocente de sus propios hijos. Que este acto sea expresión de nuestra piedad filial, de oración, donde el odio y el rencor no tengan cabida y sí la reconciliación, el perdón, la fraternidad y la paz". En 2006, en Valtierra, celebramos una jornada en conmemoración del 75 aniversario de la II República (1931-2006) y el 70 aniversario de la guerra civil (1936-2006) donde descubrimos una placa en reconocimiento como "hijos predilectos del pueblo de Valtierra," a los asesinados.

Me da mucha pena que muchos, la derecha de siempre, quieran que guardemos silencio y nos impongamos de penitencia el olvido de las tragedias, torturas, asesinatos y el dolor eterno y permanente que provocaron a decenas de miles de ciudadanos y ciudadanas. Nunca jamás silencio y olvido. Menos mal que poco a poco se va abriendo camino la recuperación de la Memoria Histórica colaborando como nunca, y desde hace pocos años, el Gobierno de Navarra. El de Uxue Barkos y ahora el de María Chivite. Me viene a la mente una frase: "Un país que ha vivido lo que el nuestro: no hay muro más alto que el silencio ni prisión más cruel que el olvido".

Me congratulo que en el nuevo Gobierno de María Chivite sigan estando los mismos referentes y responsables del trabajo realizado hasta ahora. La consejera Ana Ollo y José Miguel Gastón, como director del Instituto Navarro de la Memoria, nos garantizarán el camino a seguir y con el esfuerzo, ilusión y los medios necesarios se rescatarán de los infiernos, a través de las exhumaciones, los restos de nuestros familiares asesinados que siguen desaparecidos. Esta situación sigue siendo para nosotros un dolor y una tortura permanente. Por eso, cuando el director me propuso llevar a Valtierra y Arguedas la exposición Lur azpian / Bajo tierra, no lo dudé. La exposición nos permite contemplar y revivir, de forma directa, en imágenes y a través de testimonios (algunos realmente duros y crueles), de aquellas viudas y aquellos hijos huérfanos. Todavía nos seguimos preguntando: ¿qué habían hecho estos hombres para merecer los peores castigos, las torturas y el asesinato? ¿Dónde están los culpables-responsables, incluida la Iglesia, para reconocer de una vez por todas, los hechos y pedir perdón? El olvido y el silencio no podrán ser jamás la respuesta justa y adecuada.

Termino con la resolución de la ONU en 2005: "Que todas las víctimas de violaciones de derechos humanos han de ser reconocidas como tales". Para ello, necesitamos responder ante ellas con verdad, justicia y reparación.