Lo visible y lo invisible en Enfermería

26.05.2020 | 01:36

No puede negarse que la actual crisis sanitaria ha producido un evidente sobreesfuerzo laboral en determinadas personas que ocupan puestos de alta responsabilidad. Un sombreado intangible y sutil en su quehacer diario que difícilmente puede ser medido ni compensado... pero que se materializa en un elevado coste personal. Durante semanas hemos aplaudido y alabado desde ventanas y balcones a esos fantásticos profesionales que han estado en primera línea€ los medios y redes sociales se han encargado de hacerlos más visibles. Y en este contexto hay enfermeras coordinando y organizando multitud de procesos en pro de mejorar los cuidados y de asegurar, ahora y siempre, que las personas sanas o enfermas reciban una excelente asistencia y cuidados para la salud.

El 26 de marzo, en tiempo récord, se desmontó todo el edificio de Consultas Príncipe de Viana para acoger una Unidad de Tránsito con 28 habitaciones para pacientes con coronavirus. Se reorganizaron espacios, mobiliario y personas; se modificaron y adaptaron múltiples procesos, circuitos y protocolos para asumir los nuevos modelos de actividad de consultas externas, siempre velando por que estos cambios no supusieran menoscabo en la atención a pacientes ambulatorios. Una vez que mejoraron los indicadores en hospitalización el edificio tuvo que volver a asumir su funcionalidad inicial y retomar la actividad postergada; deshacer el camino andado para intentar volver a la normalidad en todas las consultas, garantizando las condiciones óptimas de atención a los pacientes y asegurando la protección individual de profesionales. Se han dado muchos pasos y estoy segura de que todos han sido hacia adelante gracias también a enfermeras que han liderado esa gestión, que han dado todo de sí a pesar de que en ocasiones el rol de la enfermera como gestor es poco conocido y valorado.

Durante estas semanas la enfermedad y el aislamiento me han permitido ver con otros ojos y sensibilidad el gran esfuerzo y dedicación de mis compañeras Mila García, jefa de Unidad de Consultas, y Elena Sota, jefa de Área de Enfermería. Ellas y otras muchas siguen llevando todavía a sus espaldas esa carga invisible e incontable en un compromiso profundo con la organización y con la sociedad.

Y cuando el sonido de los aplausos se ha apagado, me permito el atrevimiento de dedicarles este escrito y hacerlo extensivo a todos los responsables que lideran la acción en los momentos difíciles, cuando el viento no sopla a favor. Ellas son otro tipo de heroínas que asumen diariamente un grado altísimo de responsabilidad en la toma de decisiones con una calidad profesional sobresaliente. Es fundamental lograr que siempre haya enfermeras donde se tomen decisiones importantes que afectan a la salud de las personas.

Tal como escribe Merleau-Ponry en el ensayo que inspiró el título de esta nota, nos hemos puesto frente a esta tremenda experiencia para buscar sentido a lo que hacemos y después de tanto sufrimiento no podemos pensar o actuar como antes. Después de todo lo que estamos pasando y hemos conseguido, personas como ellas en la sanidad pública se han ganado todo mi respeto.

La autora es enfermera del Complejo Hospitalario de Navarra