¿Cómo hemos podido ser tan imbéciles?

08.09.2021 | 00:50

el ser humano es un primate y, debido a ello, tenemos un componente de gregarismo y agresividad. Pero sobre esa base biológica suele producirse posteriormente un desarrollo, en el que intervienen la inteligencia y la experiencia. Esta combinación hace que surja un enorme abanico de alternativas, de distintos posibles resultados. Son procesos culturales que ocurren desde hace milenios.

En una lucha entre chimpancés pueden resultar heridos, o incluso morir alguno de ellos. En nuestro caso esto es mucho más sofisticado. Según los medios de comunicación, existirían ahora mismo cerca de quince mil cabezas nucleares. Además están las armas convencionales (que evolucionan, como los drones), las químicas, biológicas o la posibilidad de ataques informáticos. Por otra parte, lo que casi nadie sospechaba hasta hace unos años es que lograríamos cambiar el clima del planeta y poner en riesgo el futuro de nuestra especie.

Aunque la historia demuestre que resulta muy arriesgado realizar pronósticos sobre el futuro, parece seguro que nos encaminamos hacia tiempos terribles. En junio, Acnur comunicó a sus socios que para el año 2050 "... más de 200 millones de personas necesitarán asistencia humanitaria anualmente por el cambio climático". No creo que en un plazo de tiempo como éste y con una situación tan compleja, puedan proporcionarse cifras de forma fiable. Pero el ejemplo sirve para ilustrar la posible magnitud del fenómeno. Desafortunadamente, resulta coherente con otras proyecciones negativas.

La pobreza en la que vive gran parte de la gente es otro enorme problema. Además, muchos no tienen acceso a métodos de contracepción y la población mundial sigue creciendo de forma alarmante. Hay más preocupaciones: Afganistán ahora mismo, además de varias dictaduras y estados falllidos. También están los microplásticos, residuos, contaminantes en los alimentos, tráfico de drogas, etcétera. Estamos ya inmersos en el desastre, pero hay que procurar que tenga el menor alcance posible. Parece mentira que el ser humano El rey de la creación o el Homo Sapiens Sapiens (como nos hemos llamado a nosotros mismos con cómica inmodestia) haya podido llegar hasta este extremo. En concreto, ¿cómo no ha sido detectado el problema del cambio climático hasta tan tarde?

La primera lección es que resulta necesaria la humildad. "Conócete a tí mismo", decían los antiguos filósofos griegos y, en efecto, es imprescindible tener en cuenta las pautas de actuación de estos primates que somos. Los psicólogos indican que en situaciones de inseguridad y amenaza (como la que existe ahora), suele producirse un aumento de los niveles de agresividad. Pero las guerras y enfrentamientos serían la peor de las opciones. Todos saldríamos perdiendo. Resulta preciso actuar de forma constructiva. Vivimos en un único mundo y, si se hunde el barco, a todos nos afectará el naufragio.

Hay que mantener la esperanza. Debemos recordar que, junto a los aspectos negativos, la humanidad ha producido maravillas de todo tipo y lo seguirá haciendo. Basta contemplar el patrimonio que constituye la literatura de los diversos países. Pero al igual que se reduce la biodiversidad, extinguiéndose especies vegetales y animales, lo mismo sucede en este ámbito. Se calcula que de los 6.000 a 6.500 idiomas que existen actualmente, muchos podrían desaparecer en breve tiempo. Tenemos que hacer lo posible para que las generaciones venideras disfruten de este legado. Para ello resulta necesario que esas construcciones culturales llamadas patriotismos sean compatibles entre sí. Es ésta una tendencia que se ha desarrollado con gran fuerza, sobre todo tras el fin de la II Guerra Mundial y la derrota del nazismo. Es preciso que valgan, no como excusa para la agresividad, sino a fin de conservar el patrimonio cultural.

El panorama resulta agobiante y nuestras fuerzas son escasas. Pero, con frecuencia, es en las malas épocas cuando las sociedades sacan lo mejor de sí mismas. Hay que actuar con ética e inteligencia. Hoy es también un momento para la acción individual. Además de perseguir los objetivos propios, su ambición, el que cada persona trabaje en favor de la sociedad es algo necesario. En determinada medida, puede resultar asimismo beneficioso para el individuo. Se trata de intentar ser feliz y aportar nuestro grano de arena al bien común.

Me gusta la heráldica. Esos símbolos complejos que representan a territorios o a entidades de todo tipo. También los blasones que diseñamos para las familias. Aluden a la vocación de permanencia de los distintos grupos. Asimismo ayudan a reflexionar sobre las sociedades humanas. En casa cuido una maceta que contiene un pequeño mandarino. Junto a ella he colocado un escudo de armas. Es un símbolo para recordarme que, dentro de mis posibilidades, trabajaré por preservar la naturaleza y también los mejores aspectos de nuestro legado cultural, avanzando en la construcción de los patriotismos compatibles.

Nunca debemos olvidar que, conforme a las bases biológicas de su conducta, el ser humano está dotado para el amor, la amistad o las relaciones satisfactorias con otros individuos. Es algo que contribuye mucho a nuestra felicidad. Hay que actuar de modo racional. La comprensión de los problemas es un primer paso hacia su solución. Además, por muy compleja y mala que sea una situación, siempre existe un margen para adoptar decisiones mejores o peores.

El autor es doctor en Filosofía

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