Un 14 de abril de 1931, cientos de miles de ciudadanos y ciudadanas salieron a las calles de toda España ondeando una bandera que proclamaba libertad. Recordamos hoy la proclamación de la segunda república con sus aciertos y errores.
La república no cayó del cielo, fue fruto de años de movilización de trabajadores que luchaban por sus derechos y de campesinos que pedían tierra y libertad. Porque la bandera tricolor significaba el esfuerzo de la miopía de un país por sacudirse a los que formaban la monarquía, la iglesia y la oligarquía.
Breve fue la vida de la segunda república y además fruto de la desunión y los errores, la derecha gobernó dos años y medio tratando de desmantelar las iniciativas reformistas del primer bienio republicano.
Sin embargo, los avances fueron sustanciales. la constitución de 1931 reflejó el intento de construir un nuevo país. Junto con el reconocimiento del derecho al voto universal, el derecho al divorcio, la igualdad de derechos de hijos legítimos e ilegítimos, el derecho al aborto desde 1937. fueron avances hacia la igualdad inéditos entonces en gran parte de Europa. Inició una reforma agraria y la protección social de la infancia y los mayores. Reconoció la pluralidad de España con los estatutos de autonomía.
La república renunciaba a la guerra como instrumento de política nacional.
Estos avances resultaban intolerables para la alianza entre el trono y el altar, por lo que desde el primer momento conspiraron para hacer caer una república para ellos intolerable.
Y llegó el golpe de estado, y al fracasar el golpe, el apoyo del fascismo desembocó en una guerra civil tras la que llegó lo que Castelao denominó, “una larga noche de piedra”. de nuevo, monarquía e iglesia defendiendo los intereses de clase de la oligarquía... Y ello con el fondo de 140.000 hombres y mujeres fusilados y miles de mujeres rapadas, violadas y humilladas.
Son ya trescientos años de Borbones, son ya trescientos años de corrupción y traición. Porque la patria de los Borbones ha sido el trono y mantenerlo ha sido, y es, el único interés que ha guiado su vida.
Un somero repaso a nuestra historia nos muestra que el problema no son los monarcas, es la institución, siempre al servicio de los mismos, siempre alejada de la funesta manía de votar.
Y por fin, Juan Carlos, que traicionó las reglas sucesorias de la monarquía al aceptar una corona de un genocida. Que en una operación de propaganda sostenida en el tiempo nos fue vendido como motor de la democracia. Que ha utilizado los aparatos del estado para robar y ocultar sus corruptelas.
Y su hijo y heredero, Felipe VI, que necesariamente tenía que conocer el entramado corrupto de su padre. Quién puede creer que un CNI al servicio de los monarcas antes que a España no le informó desde su coronación de esos y otros asuntos.
Un rey, Felipe VI, que solamente ha actuado cuando la ciénaga de corrupción ha comenzado a salpicarle en una operación de “el rey ha muerto, viva el rey” en la que vuelven a colaborar quienes han contribuido durante cuarenta años a mantener el tinglado monárquico y la mentira juancarlista.
Un rey que rompe su debida neutralidad al servicio de una España excluyente, que mantiene y refuerza una parafernalia heredada del siglo XIX.
Felipe VI, un rey que se siente cómodo con el artículo 56 de la Constitución, que le declara inviolable, con el artículo 57 que en la sucesión declara la preeminencia del hombre sobre la mujer. Todo ello en flagrante contradicción con el artículo 14 que declara que todos los españoles son iguales ante la ley.
Una monarquía que nos obliga a financiar la vida de toda una familia plagada de vagos y maleantes.
Cuarenta y siete años después, creemos que ya es hora de votar, defendemos que se celebre un referéndum donde la ciudadanía decida la forma de la Jefatura del Estado.
¿Por qué una república?
Queremos una república por dignidad democrática, porque no nos sentiremos plenamente ciudadanos y ciudadanas mientras todos los cargos, incluida la jefatura del estado, sean elegidos por la ciudadanía y hasta que todos y todas seamos realmente iguales ante la la ley.
Queremos llegar a la tercera república porque en la historia de España la regeneración democrática ha venido acompañada del exilio de los borbones. No se trata solo de elegir la jefatura del Estado, que también, se trata fundamentalmente de construir un nuevo país.
Se trata de avanzar hacia un cambio politico y constitucional que profundice la democracia, que establezca mecanismos reales de participación de la ciudadanía en la toma de decisiones, en la que la democracia no consista solo en votar cada cuatro años.
Una república que sea un estado plurinacional con derecho de autodeterminación, en el cual nosotros defenderemos el estado federal.
Una república de trabajadores y trabajadoras cuyos derechos queden garantizados: salarios y empleos dignos, pensiones seguras, sanidad y educación pública para todos y todas, vivan donde vivan en el territorio español. Y una red dependencia de Servicios de Atención Domiciliaria y residencias de gestión pública que alcance a todos los mayores, que vamos a ser un alto porcentaje en pocos años. Estos derechos tienen que estar garantizados por la Constitución republicana.
Una república para los jóvenes que necesitan empleo seguro pero también una vivienda asequible. Hay que acabar con los fondos buitres que pretenden asegurarse un amplio beneficio apropiándose de un fuerte sector de vivienda. Hay que ir a otro modelo de turismo que no se contraponga con una vida asequible para la población. Es importante que la república asegure una vivienda en la cual nadie tenga que gastar más de un 30% de sus ingresos
Una república feminista en la cual se vaya acabando con el patriarcado y se ponga toda la legislación, pero también la enseñanza, la judicatura y las fuerzas de seguridad al servicio del feminismo, de tal manera que se impida con todos los medios que haya violencia sexual o que los derechos de la mujer estén en cualquier ámbito por debajo de los del hombre.
Una república laica que acabe con el concordato de origen franquista y con toda legislación que permita privilegios a la iglesia católica o a ninguna iglesia . De ningún tipo: ni fiscales ni en la enseñanza ni en el patrimonio que se ha apropiado de manera ilícita y que deberá ser devuelto
La república que proponemos es un programa para la construcción de un nuevo país, que supere el régimen monárquico en el que se sustenta la oligarquía económica y financiera, creando un nuevo tipo de economía que no incida en el cambio climático, una economía de los cuidados no basada en la competitividad y en el gasto de energía, sino en la garantía de una mejor vida para todas las personas. Debemos trabajar hacia un proceso constituyente.
Porque la república es la respuesta de ilusión y esperanza que España necesita.
¡Viva la III República!
*Firman este artículo, Patxi Díaz, Esther Ripa , Ion Irañeta, Paco Jiménez y Javier De Miguel, miembros de la Junta Republicana de Izquierdas de Navarra