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Agua, ¿para qué?

Agua, ¿para qué?Cedida

Greenpeace acaba de publicar un informe titulado “Cuánto podremos regar? Análisis del agua disponible en España con cambio climático”, y, entre sus conclusiones más importantes viene a decir que la emergencia climática hará que, antes de 2040, sea necesario reducir, en casi un millón las hectáreas actuales, especialmente las dedicadas a la agricultura intensiva e industrial. En el citado informe, se cuantifica el impacto que tendrá la reducción prevista de disponibilidad de agua en próximos años (2030-2100) sobre el campo, teniendo en cuenta las previsiones meteorológicas y de aumento de la demanda, detalladas en el tercer ciclo de planificación hidrológica, hasta 2027. Concretamente, por lo que se ha podido extraer de los actuales planes de tercer ciclo de planificación hidrológica, se observa que se pretenden aumentar los regadíos legales hasta 2033, que en el caso de las cuencas del Duero, Ebro, y Guadiana, sumarán más de 106.892 nuevas hectáreas de regadío.

España cuenta con 3.975.000 hectáreas de regadío en la actualidad, y ha seguido aumentado sus regadíos hasta 2022 y propone seguir aumentándolos como se observa en los diferentes planes hidrológicos de cuenca. Sin embargo, todos los modelos climáticos para el futuro señalan que cada vez habrá menos recursos disponibles.

La propuesta de Greenpeace viene a decir que España ya tiene una presión de demanda de agua insostenible, por lo que es preciso rebajarla, reduciendo las superficies de regadíos. “Traducir los hectómetros cúbicos a hectáreas de regadío que hay que eliminar es difícil de calcular a futuro pero, aplicando el planteamiento de que la reducción de superficie se realizará de forma proporcional a los diferentes cultivos actuales, se podría estimar la superficie de regadío máximo para 2040”. En este sentido, Greenpeace propone una reducción del 20-25 % del regadío, lo que, en términos de superficie, supone una reducción de entre 650 mil hectáreas y casi un millón hasta 2040, en base a las previsiones oficiales del cambio climático en España (entre 800 mil y casi un millón de hectáreas en el caso de la cuantificación por ESYRCE –Encuesta sobre Superficies y Rendimientos de Cultivos– y entre 650 mil y 800 mil por la cuantificación realizada por SIOSE –Sistema de Ocupación del Suelo de España–).

“En el marco de la emergencia climática, gestionar el agua es crucial. Las cifras son claras: de seguir como hasta ahora, llegaremos a un colapso hídrico”, concluye el informe. Alguna de las demandas recogidas en el informe es poner en marcha de forma urgente una moratoria a los nuevos regadíos intensivos; reducir para 2040 un total de 983.981 hectáreas de regadíos, para lo cual será necesario que el Gobierno español establezca una hoja de ruta de reducción de los regadíos incluyendo en la planificación el cambio climático y la reducción de estos regadíos debe enfocarse a las grandes explotaciones (fondos de inversión, empresas del sector agrícola…), así como a aquellas que, por su cultivo, obtienen altas dotaciones por hectárea y no se adaptan a las condiciones climáticas actuales; y eliminar todos los regadíos ilegales.

En el caso de Navarra, el 80% del agua disponible se utiliza para el regadío y en los últimos diez el riego ha aumentado un 7,1% (8.822 Ha). Los efectos del cambio climático ya se están dejando sentir con temperaturas más altas y sequías. ¿Cómo podemos adaptarnos a este escenario? Con un cambio de mentalidad. Hay que aceptar la realidad y hemos traspasado nuestra disponibilidad de recursos hídricos. Teniendo en cuenta que el 80% del consumo de agua va a regadío, parece evidente que es el primer sector con un recorte necesario.

En muchas ocasiones, la Administración se escuda en la modernización del regadío para seguir ampliándolo, pero es una trampa. La percepción de que hay más agua por eficiencia, incentiva al aumento de más superficie de regadío, y genera cambios hacia cultivos más demandantes de agua. Otro problema es que merman el retorno de agua a ríos, humedales o acuíferos, estimulan mayor evapotranspiración de las plantas y, además, dejan mayor concentración de fertilizantes y plaguicidas. Históricamente Navarra tenía autoabastecimiento de todo tipo de alimentos, pero resulta que ahora se importa gran cantidad de leguminosas, ya que interesa por motivos económicos la producción de otro tipo de productos como el maíz y grano para piensos. La mitad de la superficie de regadío de Itoiz se destina a la producción de maíz. ¿Es que comemos muchos talos? Evidentemente que no. Y, es que una buena parte del regadío se destina a la producción de grano para piensos, y no para alimentar a los humanos. También padecemos cada vez más el impacto de las macrogranjas, con su gran consumo de agua y electricidad, necesaria para su producción, de gran impacto en el cambio climático, y que se destina en buena parte a la exportación, a lo que hay que añadir el deterioro de los acuíferos por los nitratos derivados de los purines y estiércoles.

Respondiendo al título de este artículo “Agua ¿para qué?”, diré que hacen falta cambios estructurales e incentivar que se use menos y mejor el agua. No se podrán ampliar los regadíos, como las proyectadas casi 21.000 hectáreas de la segunda fase del Canal de Navarra. Es necesario adaptarnos a la realidad del cambio climático, y la prioridad del agua debe ser para garantizar el abastecimiento humano, mantener unos caudales ecológicos adecuados y reducir las demandas agrarias a través de una reducción del regadío con reparto social del agua, de forma que la reducción recaiga sobre los regadíos agroindustriales, a la vez que se apoya a los regadíos históricos y pequeños agricultores.

El autor es experto en temas ambientales y Premio Nacional de Medio Ambiente