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La carta del día

Mercaderes 18 y el negocio turístico: la gallina de los huevos de oro

Mercaderes 18 y el negocio turístico: la gallina de los huevos de oroUnai Beroiz

El negocio de la vivienda es polifacético: empresas centradas en la construcción, otras en la compraventa y el alquiler de viviendas habituales, y otras dedicadas al lucrativo sector de los apartamentos turísticos o de temporada. En todos los casos subyace la misma lógica: extraer beneficio privado de una necesidad básica.

Bajo el actual modelo social, la vivienda funciona como una mercancía y eso acarrea serias implicaciones y consecuencias. Mientras para la mayoría social acceder a un hogar supone un esfuerzo económico que consume salarios, pensiones o prestaciones, para quienes controlan el mercado inmobiliario representa una oportunidad permanente de negocio, ya sea mediante beneficios de constructoras y promotoras, con operaciones especulativas en la compraventa, a través de rentas de alquiler o mediante modalidades aún más rentables como los pisos turísticos.

Algunos discursos ponen su acento en lo malvados que son los fondos buitres extranjeros, pero esta explicación, si bien puede tener cierto sentido, peca de moralista y contribuye a omitir que muchas de las prácticas que encarecen el acceso a la vivienda están normalizadas y que no son solo agentes externos quienes se benefician, sino también figuras locales bien conocidas que proyectan una imagen amable y comprometida con Navarra. Así ocurre con el grupo empresarial de Fernando Vidaurre, cuyo apellido ya estuvo ligado históricamente al urbanismo pamplonés. Su padre, Julián Vidaurre, participó en la urbanización de la ciudad y estuvo vinculado a adjudicaciones de obra pública durante el franquismo; un eco del pasado que sigue resonando en el presente.

Hoy, Fernando Vidaurre está al frente de más de una docena de empresas, entre ellas la constructora VDR, con cerca de 30 millones de euros en ingresos de explotación en 2024. Pero su actividad abarca muchas otras ramas del negocio de la vivienda. Por un lado, figura como administrador en diversas sociedades madrileñas de promoción inmobiliaria impulsadas por Luis Miguel Triguero Gómez, una figura conocida por la creación de sociedades fantasma y su aparición en casos de corrupción como la trama Gürtel o el caso Koldo. Por otro lado, mantiene una creciente implicación en el sector turístico: recientemente se ha puesto en marcha un bloque de 57 apartamentos turísticos y de corta y media estancia en Etxabakoitz Norte impulsado por Pomarelli SL, una firma integrada en su grupo empresarial. Estos apartamentos son gestionados por la famosa compañía Líbere, propiedad de la SOCIMI All Iron, y no es la primera vez en la que la relación de ambos grupos empresariales se cristaliza: en 2021 VDR vendió un edificio a All Iron y después lo reformó para convertirlo en un bloque de 34 apartamentos turísticos que hoy opera como Líbere Pamplona Yamaguchi. Además, otra de las sociedades del señor Vidaurre ha promovido un hotel en Sevilla recientemente, muestra de la extensión de sus intereses.

En este contexto, el caso del bloque de Mercaderes 18 se convierte en un ejemplo elocuente. La empresa propietaria, Vidaurre Group, administrada por Inversiones San Saturnino SL –cuyo administrador único es el propio Fernando Vidaurre– ha obtenido licencias para habilitar 11 apartamentos turísticos, que lograron tramitarse justo antes de la suspensión municipal de nuevas autorizaciones en el Casco Viejo, igual que ocurrió con el bloque turístico de la calle Eslava. Para las personas que hoy viven allí en alquiler habitual, la preocupación es inmediata.

Si finalmente se ejecuta la conversión, Mercaderes 18 aportará once nuevas unidades a las más de doscientas viviendas turísticas registradas en el Casco Viejo, sin contar las plazas de hoteles, hostels y albergues. Las consecuencias de este tipo de operaciones son de sobra conocidas:

expulsión del vecindario, empobrecimiento, erosión de las redes comunitarias y transformación del barrio en un entorno diseñado para visitantes y no para residentes. Mientras tanto, en la otra cara de la balanza, los beneficios para rentistas y grupos empresariales como el de Vidaurre siguen siendo suculentos. El problema de la vivienda –igual que el del turismo– golpea a unos, pero para otros sigue siendo la gallina de los huevos de oro. Y, como tantas veces ocurre, es la clase trabajadora la que termina pagando el pato.

El autor es miembro del Sindicato Socialista de Vivienda de Iruñerria