Desde Nasaf, terminamos el año tratando de seguir visibilizando y denunciando el genocidio que se está cometiendo en Gaza y Cisjordania delante de nuestros ojos en fechas tan especiales en los países de tradición cristiana. No está mal recordar que Jesús de Nazaret nació en un pesebre y que sus padres eran migrantes…

El frío invernal y las fuertes lluvias están causando múltiples muertes por hipotermia en los campos de refugiados de Gaza y de Khan Jounis, donde las tiendas de campaña son literalmente arrasadas por las inundaciones. La infancia y las personas enfermas en estas circunstancias son las víctimas más vulnerables. Además, las personas que buscan refugio entre las ruinas se enfrentan a que estas se derrumban con mayor facilidad dadas estas condiciones. Por si fuera poco, las inundaciones agravan el problema de la evacuación de aguas sanitarias y residuales, porque el sistema de alcantarillado está destruido por los bombardeos, con el consiguiente incremento de enfermedades infecciosas graves.

Este diciembre la climatología está siendo extremadamente dura, con temperaturas bajo cero, lluvias intensas y vientos muy fuertes. Los responsables de la ONU dicen que Israel está bloqueando la entrada de tiendas de campaña impermeables que ayudarían a paliar esta situación.

El comisario general de la UNRWA, Philippe Lazzarini, resume: “Más lluvia, más miseria humana, desesperación y muerte. La dureza del tiempo invernal se está cebando en gente que arrastra dos años de sufrimiento viviendo en tiendas de campaña inundadas situadas entre las ruinas. Mientras tanto, no se permite que llegue la ayuda necesaria”.

Desgraciadamente, los ataques militares de Israel sobre Gaza no han cesado y suman más de 730 violaciones de la tregua del 10/10/25, con más de 400 víctimas mortales directas y más de 1.100 personas heridas.

El doctor Hussam Abu Safiya lleva más de un año recluido en una celda subterránea de 1’5 x 1 metro, torturado y recibiendo un trato inhumano, casi sin luz del sol y apenas comida. Por ello, su estado de salud es grave. Además, hay 95 médicos palestinos (80 de Gaza y 15 de Cisjordania) encarcelados en condiciones similares. Cinco trabajadores sanitarios han muerto en custodia (en instalaciones israelíes) y cinco más se encuentran desaparecidos. En los últimos dos años 1.722 trabajadores/as sanitarios/as han sido asesinados/as por el ejército israelí. La mayoría han sido secuestrados por las fuerzas militares mientras estaban trabajando.

Se calcula que hay 18.500 pacientes críticos que requieren evacuación urgente, entre ellos 4.000 niños y niñas. Los ataques han conseguido destruir la práctica totalidad de los 36 hospitales de Gaza.

Como una llamada a la esperanza, hace unos días 168 estudiantes de Medicina han celebrado su graduación ante las ruinas del hospital Al-Shifa. Respecto a esta última noticia, el doctor Mohammed Abu Salmiya, director del hospital Al-Shifa, declara que Israel, a pesar de haber atacado todas las infraestructuras, no ha conseguido destruir el componente humano de la Sanidad palestina.

Cristina Mas Andreu, periodista y activista apunta que los cálculos de las potencias coloniales israelí y norteamericana han subestimado el componente espiritual y humano de la resistencia palestina, sin el cual esta campaña de exterminio hubiera terminado con la erradicación y desplazamiento del pueblo palestino hace mucho tiempo.

Como ellos/as, nosotras/os también podemos seguir resistiéndonos al genocidio y actuando por Palestina desde nuestra individualidad y colectividad. La esperanza, la humanidad y creatividad nos dan muchas herramientas para poder hacerlo. Podemos hablar de ello, mostrar símbolos de rechazo al genocidio y a la injusticia e impunidad de Israel y de los estados colaboradores necesarios, informarnos, leer sobre ello, regalar libros...

La semana pasada se presentó en Pamplona el libro solidario Un grito por la infancia de Gaza. Se recogen voces, imágenes y testimonios conmovedores del genocidio como grito colectivo, consciente y firme contra el genocidio y así seguir abriendo caminos a la esperanza, a la libertad y a la paz permanente. Una paz que nunca podrá establecerse sin la prevalencia de la justicia.

La autora es miembro de Nasaf (Navarra Sanitaria por el Alto el Fuego)