Hablar hoy de migración es hablar de personas (repito, personas) que llegan a nuestro territorio, pero también es hablar de trabajo, de derechos, de cohesión social y del futuro de Navarra. Desde UGT Navarra queremos aportar datos oficiales, razones y una mirada sindical clara frente a los discursos del miedo, la desinformación y los prejuicios que, demasiado a menudo, se utilizan para dividir a la clase trabajadora y al conjunto de la sociedad.
Como demuestra nuestro informe “Desmontando prejuicios y estereotipos”, la realidad es incontestable: para empezar, sin migración no hay futuro demográfico, económico ni social. En los últimos años, más del 90% del crecimiento de la población se ha debido a la llegada de personas migrantes. Mientras Navarra, como el conjunto del Estado, envejece, la población migrante aporta juventud, relevo generacional y sostenibilidad al sistema productivo, de pensiones y de protección social. Solo un 8% de la población extranjera tiene más de 65 años, frente a más del 22% de la población española. Estos datos no son ideología: son hechos.
También son incontestables en el ámbito laboral. Hoy, una de cada cinco personas ocupadas es de origen migrante. Sectores clave para nuestra economía –la industria agroalimentaria, los cuidados, la hostelería, la construcción o la logística– no podrían funcionar sin su aportación. Además, la tasa de actividad de la población migrante es significativamente superior a la media, desmontando el falso relato de que viven de ayudas. Trabajan, y trabajan mucho.
Las personas migrantes no solo trabajan, también cotizan. Más del 14% de las afiliaciones a la Seguridad Social corresponden a personas extranjeras. Cotizaciones que sostienen pensiones, sanidad y servicios públicos. A ello se suma su impacto económico directo: los hogares de origen migrante generan cerca del 13% del gasto total de los hogares, dinamizando barrios, pueblos, comercio local y economía real. Lejos de ser un coste, la migración es una inversión social y económica.
Sin embargo, esta realidad convive con una injusticia estructural que desde UGT Navarra no podemos aceptar: la precariedad y la discriminación laboral. Muchas personas migrantes, muchas de ellas mujeres con estudios superiores, acaban atrapadas en empleos de baja cualificación, temporales y mal remunerados. Más del 30% de las mujeres migrantes trabaja en ocupaciones elementales, no por falta de talento, sino por barreras administrativas, racismo laboral y segmentación del mercado de trabajo. Navarra pierde talento cada día por no garantizar igualdad de oportunidades.
Especial mención merece el trabajo de cuidados. El 95% de las personas migrantes afiliadas al empleo doméstico son mujeres. Mujeres que sostienen nuestro sistema de cuidados en condiciones de precariedad inaceptables. Defender sus derechos no es solo una cuestión laboral: es una cuestión de feminismo sindical y de dignidad colectiva. No puede haber cuidados dignos sin derechos laborales. ¿Cómo podemos permitir que las personas que cuidan a nuestros seres más queridos, nuestros padres y nuestros hijos, lo hagan en condiciones de precariedad?
Otro de los grandes mitos que debemos desmontar es el supuesto abuso de los servicios públicos. La población migrante es más joven y hace un uso proporcionalmente menor del sistema sanitario. No hay abuso; hay contribución. Lo que sí genera problemas es la irregularidad administrativa, que empuja a miles de personas a la economía sumergida (esa economía que no paga ni impuestos ni cotizaciones y no aporta dinero a la hucha común de la sociedad), que la explotación laboral y que fomenta la competencia desleal. Regularizar no es un gesto humanitario abstracto: es una medida eficaz para mejorar salarios, condiciones de trabajo y negociación colectiva para toda la clase trabajadora.
Desde UGT Navarra lo decimos con claridad: la migración no baja salarios. Lo que los baja es la precariedad, la falta de inspección, el fraude y la ausencia de políticas laborales ambiciosas. Señalar a la población migrante como culpable solo sirve para dividirnos y debilitar la defensa colectiva de nuestros derechos. Atacar a quienes trabajan a nuestro lado es atacar a la propia clase trabajadora.
Por eso, combatir los bulos y la desinformación también es una tarea sindical. Frente al odio, datos. Frente al miedo, derechos. Frente a la división, organización. El sindicato es una herramienta clave de protección, especialmente para quienes sufren mayor vulnerabilidad. Un sindicalismo diverso, feminista y antirracista no es una consigna: es una necesidad para representar la realidad del mundo del trabajo en Navarra.
Las personas migrantes viven aquí, trabajan aquí, cotizan aquí y sostienen aquí nuestro bienestar. Son clase trabajadora navarra. Defender sus derechos es defender los derechos de todas y todos. Porque sin igualdad no hay cohesión social, y sin cohesión no hay futuro.
Desde UGT Navarra seguiremos defendiendo políticas públicas inclusivas, regularización administrativa, empleo digno y servicios públicos fuertes. No por ideología, que también, sino por justicia social. No sólo por solidaridad, sino por derechos. No por ellos y ellas, sino por todas y todos. Porque el futuro de Navarra se construye con trabajo digno, derechos y solidaridad.