La escuela pública, más alla de los rankings
El pasado 2 de marzo, el Departamento de Educación puso en marcha la campaña de matriculación en la educación pública para el curso 2026-2027 bajo el lema La escuela pública no es perfecta. Es mucho más. Anualmente en torno a estas fechas, el Gobierno de Navarra invita a las familias a confiar en un sistema que, desde hace décadas, constituye el principal pilar educativo de nuestra comunidad.
Este año, sin embargo, la elección del eslogan nos ha cogido por sorpresa. Y es que, como más de una vez hemos señalado, la escuela pública no es perfecta, pero es la nuestra. Es la que da cabida, acoge y otorga un espacio a las distintas realidades de la sociedad, donde se aprende a respetar la diversidad y se garantiza que el origen social de cada alumno y alumna no determine sus oportunidades educativas. Y es precisamente en esa vocación inclusiva donde reside una de sus mayores riquezas. Frente a esta concepción, estos días son más habituales los discursos neoliberales basados en rankings e indicadores numéricos que tienden a reducir la educación pública a una mera herramienta utilitarista.
Un buen ejemplo de este discurso fue la rueda de prensa que el consejero de Educación, Carlos Gimeno, ofreció en la presentación de esta campaña, en la que dedicó buena parte de su intervención a poner en valor la educación pública reiterando el buen posicionamiento de esta en rankings de prestigio. En cambio, muy a nuestro pesar, apenas hubo espacio para reconocer públicamente la capacidad, responsabilidad y profesionalidad del principal activo de calidad que tiene el sistema público: sus docentes y profesionales que trabajan en los centros educativos. Ambas líneas discursivas son, en realidad, perfectamente compatibles. De hecho, difícilmente puede entenderse el buen posicionamiento en rankings e indicadores sin atender a la implicación y la dedicación del profesorado.
Así pues, es básico comprender que la calidad de la escuela pública se construye, ante todo, en las aulas. En ellas trabajan docentes altamente cualificados que no sólo transmiten conocimientos, sino que acompañan procesos de aprendizaje complejos en contextos cada vez más diversos. Son profesionales que atienden a alumnado con realidades sociales, culturales y lingüísticas muy distintas, que adaptan metodologías, que innovan pedagógicamente y que sostienen la convivencia en comunidades educativas plurales. En muchas ocasiones lo hacen, además, con recursos limitados y bajo una creciente carga burocrática que resta tiempo a lo verdaderamente importante: enseñar y educar.
Otra de las cuestiones centrales en la presentación de la campaña fueron las medidas derivadas de un pacto firmado en minoría por ANPE, AFAPNA y UGT –este último sin representación en la comisión de personal–. Entre ellas se encuentra la reducción de ratios en algunos niveles o centros. No obstante, en su aplicación se excluye del cómputo al alumnado repetidor y se mantiene la posibilidad de aumentar hasta en un 10% el número total de alumnos como consecuencia de la matrícula sobrevenida.
Pese a ello, hacemos nuestro el lema de la campaña (con un pequeño matiz): la pública no es perfecta, es mucho más que rankings. Cuando una familia decide matricular a sus hijos e hijas en un centro público no sólo está eligiendo un lugar donde aprender matemáticas, lengua o ciencias, sino que está apostando por un modelo educativo que entiende la educación como un bien común y por una escuela que se construye cada día gracias al trabajo y la profesionalidad de sus docentes. Tal vez la escuela pública no sea perfecta, pero sigue siendo el principal instrumento que tenemos para garantizar una educación inclusiva y construir una sociedad más justa.
El autor es secretario general de la Federación de Enseñanza de CCOO Navarra