No cometamos los mismos errores
Hace unos días el Departamento de Cohesión Territorial firmó, entre grandes titulares, el contrato para la redacción del PSIS de Sarriguren, que prevé la construcción de 5.000 nuevas viviendas. De materializarse este proyecto supondría duplicar la población de la localidad y aumentar en más de un 40% el número de habitantes del Valle de Egüés. Un proyecto de esta envergadura no puede despacharse con titulares ni buenas intenciones: exige memoria, planificación y compromisos claros.
Sarriguren es, por desgracia, un ejemplo cercano de lo que ocurre cuando el crecimiento urbanístico se impone a la planificación real de infraestructuras, servicios y dotaciones. Cuando se construyó la llamada Ecociudad se presentó un ambicioso plan que, veinte años después, sigue incompleto. El ejemplo más evidente es la ausencia de una casa de cultura, una carencia que hoy resulta incomprensible para la tercera población de Navarra. Pero no es la única: bibliotecas sin capacidad suficiente, piscinas desbordadas, falta de espacios deportivos que obliga al Ayuntamiento a alquilar instalaciones privadas, y servicios municipales saturados que no dan abasto.
También conviene recordar que muchos de los avances que hoy existen en el Valle no llegaron de la mano de quienes impulsaron aquel modelo de crecimiento acelerado, sino gracias al trabajo posterior. Fue Geroa Bai, tanto desde el Gobierno de Navarra como desde el Ayuntamiento, quien impulsó la mayoría de las dotaciones con las que hoy contamos y quien solucionó problemas tan básicos como los accesos a Sarriguren. No podemos olvidar el auténtico embudo que durante años se formaba a diario en las entradas y salidas de la localidad, con atascos constantes que evidenciaban hasta qué punto no se había pensado en la movilidad de una población creciente. Algo tan elemental como los accesos no se tuvo en cuenta al planificar Sarriguren, y su corrección llegó tarde.
Por eso preocupa que ahora se vuelva a hablar de miles de viviendas sin que previamente se hayan resuelto las carencias actuales. Urbanismo, cultura, deportes, servicios sociales o Policía Municipal están ya al límite. La experiencia de Erripagaña, que hoy sufre las consecuencias de una mala planificación interadministrativa debería servirnos de advertencia.
Creemos en la necesidad de crear nueva vivienda. Es una demanda social real y urgente, especialmente para jóvenes y familias. Pero la vivienda no puede construirse de espaldas a la calidad de vida. Cinco mil nuevas viviendas implican miles de nuevas personas que necesitarán escuelas, centros de salud, transporte, espacios culturales y deportivos, y servicios públicos dimensionados y financiados adecuadamente. No en un futuro indefinido, sino en tiempo y forma.
Además, un crecimiento desordenado amenaza con convertir Sarriguren en una mera ciudad dormitorio y con relegar a los concejos del valle a un segundo plano, como simples espectadores de la organización municipal y de las inversiones públicas. Ese no puede ser el modelo de desarrollo que deseamos.
En un momento clave como el actual, con la redacción del nuevo Plan General Municipal sobre la mesa, es imprescindible decidir qué tipo de valle queremos. Creemos en la defensa de nuestra competencia municipal en materia de Urbanismo, competencia que garantizará el desarrollo de un crecimiento sostenible, equilibrado y solidario, que reparta el esfuerzo de la vivienda entre los distintos municipios de Navarra, máxime hoy en día con proyectos ya consolidados y más adelantados como el PSIS de Donapea y otros que están en desarrollo. Debemos aprender de los incumplimientos del pasado.
Crecer sí. Pero no a cualquier precio, ni repitiendo errores que aún hoy seguimos pagando. La memoria también es una forma de responsabilidad política.
Los autores son concejales de Geroa Bai Eguesibar