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Tribunas

La memoria no es un parque temático

La memoria no es un parque temáticoJavier Bergasa

Existe una estrategia conocida como la “teoría del loco”: decir cualquier cosa, por exagerada o absurda que sea, para desordenar el debate y evitar dar respuestas serias. Viendo el último pleno ordinario de nuestra ciudad, uno tiene la sensación de que esa estrategia ha aterrizado en la política municipal.

Pero aquí no estamos hablando de ocurrencias inocentes. Estamos hablando de memoria democrática. Y conviene ser claros: la memoria no es un decorado, ni un eslogan, ni un parque temático. Es una política pública. Es una obligación democrática.

Porque cuando hablamos de memoria, hablamos de personas. De concejales y trabajadores municipales de Pamplona fusilados tras el golpe de Estado de 1936. De ciudadanos que defendieron la legalidad democrática y fueron asesinados por ello. De familias que durante décadas vivieron en el silencio, el miedo y la ausencia de justicia.

Por eso, el próximo 11 de abril, el PSN volverá al zaguán del Ayuntamiento para rendir homenaje a esas víctimas. Y lo hará desde la institución, con toda la carga simbólica que implica reconocer a quienes defendieron la democracia frente a quienes la destruyeron.

Y este año, además, damos un paso más. El 14 de abril, Día de la República, celebraremos un acto en la primera Casa del Pueblo de Pamplona. No es casualidad. Es una forma de ampliar los espacios de memoria, de hacerla visible y de reforzar una memoria democrática activa, rigurosa y sin complejos.

Pero frente a este compromiso institucional, lo que preocupa es escuchar algo muy distinto, cruzar unas líneas que no deberían cruzarse en política: la de enfrentar víctimas.

No es nuevo. Es uno de los recursos más recurrentes de cierta derecha cuando se queda sin argumentos: convertir el dolor en un campo de batalla. Intentar contraponer a las víctimas del franquismo con las víctimas de ETA, como si reconocer a unas implicara invisibilizar a las otras. Como si la memoria sirviera para enfrentar a la sociedad, en lugar de sostenerla.

Conviene recordar, además, algo que algunos prefieren ocultar: en Navarra existen hoy políticas públicas sólidas y coherentes de memoria y convivencia. El Gobierno de Navarra está impulsando una nueva Ley de Víctimas del Terrorismo, reforzando el reconocimiento, la reparación y la dignidad de todas ellas. Y en el Ayuntamiento de Pamplona estamos desarrollando un Plan de Convivencia que apuesta precisamente por el respeto, por el reconocimiento inclusivo y por una memoria que una, no que enfrente.

Pamplona es hoy –y debe seguir siendo– un espacio de memoria y de convivencia. Una ciudad que reconoce a todas las víctimas desde el respeto, sin enfrentarlas ni equipararlas, porque cada una tiene su lugar en nuestra memoria colectiva y en nuestra ciudad. Ahí se sitúa también la resignificación del Monumento a los Caídos: no como un lugar de imposición del pasado, sino como un espacio reinterpretado desde los valores democráticos. Un lugar que convive con las placas y homenajes a las víctimas del terrorismo de ETA repartidos por Pamplona, configurando un mapa de memoria plural, inclusiva y honesta. Negar esa realidad no es una opinión: es intentar romper un equilibrio construido precisamente para unir, no para enfrentar.

Porque la convivencia no se construye desde el sarcasmo ni desde la equidistancia. Tampoco desde silencios selectivos ante determinadas expresiones públicas que, bajo distintas formas, siguen sin contribuir precisamente a ese respeto debido a todas las víctimas.

Pamplona ya tiene memoria. Lo que no necesita es que se la ridiculice. Porque la memoria no es un parque temático. Es dignidad democrática.

Portavoz del PSN en el Ayuntamiento de Pamplona y director general del Departamento de Memoria y Convivencia del Gobierno de Navarra, respectivamente.