¿Qué es eso de la desigualdad verde? ¿Tiene consecuencias en la salud de las personas? ¿Tenemos de eso en Tudela? Para entenderlo, pensemos en una casa unifamiliar con jardín o en una vivienda en un bloque de pisos que da a un parque o a una gran plaza con arbolado, y después imaginemos otra vivienda en un bloque de pisos ubicado en una calle estrecha, tal vez escasamente iluminada y a media hora (caminando) de la zona verde o parque más próximo.

Algunos estudios demuestran que las áreas desfavorecidas de las ciudades son más ruidosas, más grises (mucho cemento y pocas áreas verdes), están más densamente pobladas y son más calurosas. Todos estos factores hacen que la salud de sus habitantes sea peor que la de quienes viven en barrios más ricos, que cuentan con mayor acceso a zonas y espacios verdes, y que tienen niveles más altos de salud mental e incluso mejores resultados académicos. Y una de las principales causas de esta desigualdad está asociada a un diseño urbano inadecuado, con áreas libres y espacios verdes o arbolados escasos.

¿Cómo podemos garantizar la igualdad verde, sin que venga condicionada por el nivel de renta o por la disponibilidad económica de las personas o de las familias? En primer lugar, haciendo que el acceso a las zonas verdes sea universal: si no disponemos de un parque o una gran zona verde en cada barrio, para propiciar una buena vida sí deberíamos conseguir que todas las viviendas estén a menos de 10-15 minutos (caminando) de un espacio urbano con vegetación o de un parque. Y esto exige una planificación urbana que garantice el acceso de toda la población a los espacios verdes.

Entre los especialistas en diseño urbano sostenible se manejan diferentes criterios para determinar qué hace que una ciudad pueda ser considerada verde, como por ejemplo la regla 3-30-300, que especifica que cada persona debería ver desde su casa al menos 3 árboles, tener en su barrio una cobertura vegetal o arbolada que ronde el 30% de la superficie del mismo y vivir a menos de 300 metros de un parque urbano de un tamaño aceptable. Y hay coincidencia en que lo deseable son 50 m2 de superficie verde por habitante, aunque 15 m2 pueden ser aceptables y 10 m2 serían lo mínimo imprescindible para poder considerar una ciudad como habitable.

Hagamos un ejercicio simple usando Google Maps y veamos si Tudela cumple con el mínimo imprescindible de 10 metros cuadrados de espacio verde por habitante. Y analicemos también si la distribución de la vegetación y las zonas verdes es igualitaria entre barrios. La verdad es que (lo hemos comprobado) los resultados no son nada alentadores, porque aunque vivimos en una ciudad pequeña que se puede recorrer a pie de un extremo a otro en poco más de media hora, faltan espacios verdes en el interior del casco urbano y en general falta mucha más vegetación en las calles y en las plazas.

Desde nuestro punto de vista Tudela no puede permitirse repetir errores recientes (paseo Pamplona, calle Muro, plaza Padre Lasa, plaza de la Estación…) con espacios que se han reurbanizado completamente y en los que –en todos– se ha perdido arbolado y las áreas verdes se han reducido. Además, los espacios libres en el perímetro de la ciudad deben aprovecharse para conseguir una red de espacios verdes; y en las zonas más céntricas, habría que abordar la transformación gradual y sostenida de los espacios libres urbanos para que la vegetación gane poco a poco terreno al hormigón. Una transformación valiente y ambiciosa que permita el acceso universal e igualitario de todas las personas a los espacios verdes, considerándolos un derecho y no un lujo o un privilegio. Hay experiencias en muchas otras ciudades. Y en Tudela solo falta voluntad política, porque la voluntad ciudadana ya está en la calle.

Colectivo de Independientes de Tudela