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Tribunas

Pedro Oria

Una primavera fuera de escala en Navarra

Una primavera fuera de escala en NavarraJorge Muñoz

La primavera de 2026 va camino de convertirse en la más cálida registrada en Navarra desde que existen observaciones meteorológicas sistemáticas. Y lo más llamativo no es únicamente el récord final, sino la forma en que se está construyendo: mediante dos episodios cálidos extraordinarios cuya persistencia y magnitud no tienen precedentes conocidos en nuestra climatología reciente.

El primero de ellos abarcó prácticamente todo el mes de abril. Durante esas semanas, la anomalía térmica media superó los 4°C respecto al periodo de referencia 1991-2020, una desviación absolutamente excepcional para un mes completo. Más aún si se tiene en cuenta que se superaron los 25°C de temperatura máxima en más de diez jornadas, algo impropio de abril incluso en las zonas más cálidas de Navarra.

El segundo episodio comenzó el 19 de mayo y se va a prolongar seguro hasta final de mes, consolidando un auténtico verano adelantado. En este periodo se van a superar también durante más de diez días los 30°C, una situación que recuerda parcialmente a mayo de 2022, cuando entre los días 12 y 22 se registró un episodio muy cálido de duración similar. Sin embargo, la diferencia este año es que los termómetros están alcanzando valores continuados todavía más altos.

Estos dos episodios, que juntos ni siquiera alcanzan la mitad del trimestre primaveral, están dominando por completo el balance climático de la estación. Esa es precisamente una de las señales más preocupantes del cambio climático actual: no hace falta que todo el trimestre sea extremadamente cálido para pulverizar récords; basta con que aparezcan periodos muy intensos y persistentes capaces de alterar por completo la media estacional.

Todo apunta a que la primavera climatológica de 2026 –marzo, abril y mayo– cerrará con una anomalía superior a 1,5°C respecto al periodo 1991-2020. De confirmarse, entraría en el reducido grupo de trimestres excepcionalmente cálidos en Navarra. Hasta ahora, solo cinco habían superado esa barrera: los veranos de 2022 y 2025, los otoños de 2022 y 2023 y el invierno 2023-2024. Todos ellos concentrados en esta década.

La acumulación de récords ya no puede interpretarse como una casualidad estadística. Estamos asistiendo a una aceleración muy evidente del calentamiento global, con una manifestación cada vez más clara y tangible a escala regional. Navarra, tradicionalmente caracterizada por una notable diversidad climática y una transición atlántico-mediterránea muy marcada, está viendo cómo las situaciones excepcionalmente cálidas dejan de ser raras para convertirse en recurrentes.

Además, estas anomalías térmicas tan persistentes suelen venir acompañadas de humedades relativas muy bajas y largos periodos sin precipitaciones. La combinación dispara la evaporación y seca rápidamente los suelos y la vegetación. Es un fenómeno que la literatura científica estudia cada vez con más atención bajo el término flash drought o sequía repentina: episodios de desecación acelerada capaces de transformar en pocas semanas un paisaje húmedo en un combustible altamente inflamable.

Este mecanismo está detrás de muchos de los grandes incendios forestales catastróficos registrados en los últimos años en distintas partes del mundo. Navarra, de momento, está evitando esta situación gracias a las abundantes lluvias registradas en enero, febrero y durante la primera quincena de mayo. Esa reserva hídrica está actuando como amortiguador frente al calor de las últimas semanas.

Pero ese margen de seguridad no es infinito. Si las condiciones actuales de calor persistente, baja humedad y ausencia de lluvias se prolongan hasta bien entrado junio –algo que, a día de hoy, no resulta en absoluto descartable–, Navarra podría entrar en el verano con unos niveles de estrés hídrico muy elevados. Y entonces el riesgo de incendios forestales de grandes dimensiones volvería a convertirse en uno de los principales protagonistas de la temporada.

Lo que estamos viviendo esta primavera no es simplemente una anomalía pasajera. Es una señal más de que el clima está cambiando a una velocidad que empieza a superar claramente los márgenes de variabilidad que conocíamos hasta hace apenas unos años.

El autor es miembro de la Fundación Clima-Klima Fundazioa