Un año esperando las ayudas a familias monoparentales
Hace unas semanas, columpiando a nuestros hijos en un parque, una madre comentaba la dificultad de conciliar la vida familiar y laboral. “Los tiempos han cambiado y ahora no se puede vivir con un sueldo”, afirmaba. En esto, una luz se le cruzó por la mente, me miró y dijo: “Joder, cómo lo haces, amiga”.
Cualquiera que tenga menores a su cargo, o cualquiera con empatía y apertura mental, entiende que no son buenos tiempos para los cuidados. No son buenos tiempos para criar. El equilibrio perfecto entre ese tiempo imprescindible para maternar y un sueldo para vivir sin sobresaltos no existe. Uno de los platos de la balanza siempre cae más. En el caso de las familias monoparentales, esta sostenibilidad depende de finísimos hilos. Finos hilos que el cansancio, el estrés o la cuenta bancaria no pueden romper jamás. Y aquí hago una alabanza a nuestros ovarios y un agradecimiento infinito a nuestra red de apoyo, en mi caso la familiar. Bendita madre (las madres deberían ser eternas), bendita hermana y bendito tío.
Hace un año el Ayuntamiento de Tudela aprobó ayudas específicas a familias monoparentales. La mayor parte de las medidas que puso sobre la mesa el PSN fueron aprobadas por unanimidad de todos los grupos de la Cámara. Qué orgullosa me sentí. El lugar donde he nacido y donde estoy criando sola a mi hijo reconocía las dificultades extra a las que nos enfrentamos día a día, nos daba visibilidad y nos daba apoyo –que no una palmadita en la espalda–. Apoyo real traducido en bonificaciones municipales en servicios de extraescolares, comedor, ludoteca, etcétera, además de realizar campañas de sensibilización.
Para mi sorpresa, un año después, nada se ha puesto en marcha. Ni tan siquiera se ha iniciado. Agua de borrajas.
Recuerdo que nos llamaban locas por pretender equiparar los derechos de permisos de nacimiento de nuestras criaturas a los de familias de dos progenitores. Tras arduas batallas legales, un dinero que apoquinamos de nuestros bolsillos y tras invertir el reducido tiempo del que disponemos, conseguimos que el Constitucional nos diera la razón. Miles de mujeres lo conseguimos. Pico y pala, como obreras al unísono.
No fue perfecto, se quedó mucho en el aire. Como la Ley de Familias que esperamos con ansia que vea la luz verde, o la hiriente situación de las monoparentales de dos hijos/as que sigue en un limbo; las puntuaciones y baremos de renta per cápita que están muy lejos de ser equitativos, así como becas y ayudas que se nos escapan de las manos porque no se nos tiene en cuenta. Esperamos que se tenga conciencia de que, en nuestras familias, encabezadas en su mayoría por mujeres, una sola persona trabaja, cuida y mantiene. Ya no son dos trabajos. Somos madres a tiempo completo, quienes llevamos el sueldo a casa, amas de casa y manitas; y en el caso de muchas compañeras, voluntarias que, en el silencio de la noche, encendemos el ordenador para seguir alzando nuestra voz por lo que creemos justo.
Me viene a la cabeza la cancioncilla “You are my sunshine, my only sunshine. You make me happy when skies are grey…”. Pues eso. A pesar de los nubarrones, tormentas, truenos y relámpagos, todo tiene un sentido: seguir adelante y, si es posible, con una sonrisa amplia.
Todo aquello que solicitamos no es para irnos a un spa y desconectar de la vida. Queremos que nuestros soles irradien fuerza, luz y vida, y que nuestros anhelos por construir un mundo mejor no sean un efímero reflejo, sino una realidad.
La autora es delegada de Navarra de la Asociación de Madres Solteras por Elección