Síguenos en redes sociales:

Una economía precaria que genera empleo

Una economía precaria que genera empleoEFE

La economía española comenzó a salir de la recesión en 2014. Su mercado laboral era conocido en Europa por ser una máquina de generar parados. La tasa de paro en España triplicaba en ese momento a la de Finlandia. Hoy, en 2026, la tasa finlandesa de desempleo con ajuste estacional escala hasta el 10,6%, frente al 10,4% de España, que a finales de mayo logró un récord de afiliación a la Seguridad Social. Lo sorprendente es que mientras ambos países han recibido gran cantidad de población extranjera en los últimos años, en España han logrado encontrar empleo de forma rápida y en Finlandia parte de los inmigrantes engrosan las listas de desempleo y con riesgo de convertirse en parados de larga duración. Este fenómeno está siendo estudiado por más medios e instituciones. El Financial Times y la OCDE han sido los últimos en hacerlo y llegan a la misma conclusión: ni Finlandia está tan mal, ni España tan bien. Dos tejidos productivos muy diferentes y una inmigración muy dispar marcan la diferencia. A veces, ser una economía precaria es una ventaja para crear empleo que se adapta a los que llegan, mientras que ser una economía fuerte y competitiva puede ser un problema o más bien generar una barrera de entrada para los que llegan.

Hoy, el desempleo español ofrece datos más bajos que el finés, lo que ha llevado a que el Financial Times se pregunte si esto se trata de un éxito de los políticos españoles o de un fracaso de los finlandeses. A veces, los políticos tienen poco que ver con los éxitos o fracasos de una economía. Tanto Finlandia como España son sociedades envejecidas que han experimentado una mayor inmigración en los últimos años. Sin embargo, en el caso español, esto ha coincidido con un fuerte repunte de la demanda gracias a la recuperación pospandémica del turismo y otros servicios, así como a la inyección de fondos de recuperación de la UE. Además, muchos de los recién llegados proceden de Latinoamérica, por lo que hablan el mismo idioma y comparten similitudes culturales. Esto ha facilitado que los inmigrantes encuentren trabajo, especialmente en el sector turístico y hotelero. De hecho, según el FMI, la inmigración contribuyó en un 70% al aumento acumulado del empleo en España entre 2022 y 2025. Otro dato importante: muchas mujeres recién llegadas del extranjero han aceptado trabajos de cuidado de niños o ancianos, lo que también ha ayudado a otras mujeres, mujeres españolas, a incorporarse al mercado laboral. Por un lado, mujeres nacidas en España se incorporaban al mercado laboral al mismo tiempo que se contrataba a las que llegaban de fuera ofreciendo un trabajo remunerado para realizar las tareas del hogar.

Por el contrario, los inmigrantes a Finlandia en los últimos años, incluidos los refugiados ucranianos, han tenido más dificultades para encontrar trabajo. No ayudó que su llegada coincidiera con una demanda débil provocada por la guerra de Rusia contra Ucrania, la consolidación fiscal y el endurecimiento de la política monetaria del BCE, que se traslada a los hogares finlandeses con especial rapidez debido a que las hipotecas a tipo variable son comunes allí. El tejido productivo de Finlandia es muy sofisticado, algo que en condiciones normales es muy positivo para la prosperidad del país, pero a veces puede ser un problema. Finlandia es una economía de mano de obra muy cualificada, está industrialmente avanzada y su capacidad de absorción es menor que la de España. El llamado modelo nórdico, que implica buenas condiciones laborales y salarios mínimos elevados mediante convenios colectivos, significa que la barrera de entrada al mercado laboral finlandés es alta. Si consigues un trabajo, será de alta calidad, pero no es tan fácil entrar. Esto es una curiosa paradoja. Ser una economía con un tejido industrial fuerte y un sector servicios de alto valor añadido genera una barrera de entrada enorme para los extranjeros que llegan con una cualificación media o baja.

El gobierno finlandés ha introducido reformas para aportar más flexibilidad al mercado laboral, por ejemplo, facilitando a los empleadores el despido de trabajadores. Pero con la economía ya de capa caída, la demanda debilitándose, los sindicatos finlandeses argumentan que solo han empeorado la situación. Estas reformas del mercado laboral han aumentado la inseguridad de muchas personas, diría que de los asalariados regulares; han provocado que la gente ahorre en lugar de consumir.

España también ha introducido reformas en el mercado laboral con el objetivo de reducir el trabajo precario disminuyendo la proporción de personas empleadas con contratos temporales. Con una tasa de desempleo que dobla la media de la OCDE, muchos empleos son de bajo valor añadido, remuneración y baja productividad. La economía española se ha convertido en una máquina de generar empleo gracias a un círculo virtuoso que oculta una cara oscura. Una economía muy intensiva en sectores de bajo valor añadido que crece con fuerza (gracias al tirón coyuntural de estos sectores) y que aprovecha la llegada de cientos de miles de hispanoamericanos con baja cualificación para generar ingentes cantidades de trabajo. Esto genera unos datos macro muy buenos, pero la realidad social de España es otra: servicios saturados, precio de la vivienda por las nubes, bajos salarios.

De la historia reciente de Finlandia y España se pueden extraer dos lecciones. La primera, que utilizar la inmigración como una forma de afrontar el envejecimiento de la población será mucho más fácil para algunos países que para otros, debido a su idioma, historia y modelo económico. La segunda, que si se quiere impulsar reformas en el mercado laboral, ya sea para liberalizar las condiciones para los empleadores o para reforzar la seguridad de los trabajadores, lo que determina su éxito o fracaso no es solo el diseño, si no el momento oportuno en que se realice. Y España ha aprovechado su momento.

El autor es economista