PAMPLONA. El incendio causado por una bengala en el Graderío Sur sembró el pánico entre la afición rojilla el 11 de junio de 2010, y una estampida de espectadores que intentaban abandonar precipitadamente las gradas dejó cuarenta heridos y dos fallecidos. Afortunadamente, no se trataba de un accidente en un evento deportivo, sino de un simulacro organizado por el Colegio Oficial de Enfermería, y que vuelve a estar de actualidad tras la avalancha real con 68 heridos, ninguno grave, que enmarca el descenso de Osasuna a Segunda.

Era también la práctica final de los 73 alumnos de la XV edición del Curso de Experto Universitario en Enfermería de Urgencias. Estos sanitarios no sólo se enfrentaban a un examen donde se valoraba lo aprendido en ocho meses, si no a "una situación muy próxima a la realidad, que les va a someter a mucha presión", tal y como explicó uno de los profesores que coordinaban el simulacro, José María García de Buen. Para hacer más auténtica la escena, en la que 40 enfermeros interpretaban a los heridos y el resto formaba parte del personal de emergencias, en el simulacro participaron más de 150 voluntarios de Ambulancias San Miguel, Cruz Roja, DYA, Policía Municipal y Policía Nacional, además de nueve ambulancias y dos hospitales de campaña.

Los bomberos también tenían previsto asistir, pero una emergencia real se lo impidió. Así, tras la estampida del público, el primer paso fue realizar lo que se conoce como triage, una valoración de los heridos mediante colores: verde para los heridos leve, amarillo para los moderados y rojo para los que se encontraban en estado crítico.

El césped se convirtió en improvisado hospital para realizar las primeras atenciones, antes de la llegada de las ambulancias y de la instalación de los hospitales de campaña en el exterior del estadio.

Mientras el sonido de las sirenas se acercaba, también fue necesario hacer frente a algunos elementos sorpresa que los sanitarios no esperaban: entre ellos, una mujer embarazada que finalmente dio a luz a escasos metros de una de las porterías y un espectador ebrio que agredió a varios sanitarios y que fue detenido por la Policía Nacional.

Todo simulado, aunque la interpretación de algunos de los heridos era de un realismo extremo. Después de una hora de arduo trabajo, a Patxi Bueno, uno de los alumnos del curso, que en este caso hizo las labores de jefe de dispositivo, todavía le faltaba el aire, mientras comunicaba a los medios la valoración final: 40 heridos, 28 de ellos trasladados a diferentes centros hospitalarios (12 graves) y dos fallecidos.

"Aquí es donde demuestras todo lo que sabes. Aunque no es una situación real, el estrés sí que lo es", contó Bueno, que valoró positivamente la coordinación y rapidez.