Navarra ha cerrado el primer trimestre del año con una tasa de paro del 9,09%, por debajo de la media española (10,83%), pero superior a la que la comunidad mostraba tanto en el trimestre anterior como hace un año. Y deja también un dato que incita a la reflexión: siete comunidades (Madrid, País Vasco, Aragón, Asturias, Cantabria, Castilla y León y Galicia) presentan, si bien es cierto que con muy pocas diferencias, tasas de paro inferiores a la de Navarra.

De hecho, hace solo un año, Navarra ocupaba la primera posición en este tabla. Ni mucho menos la situación se ha deteriorado tanto, pese al impacto del cierre de alguna empresa relevante, por lo que el dato obedece, en parte, a una simple variación estadística.

En todo caso, ocupar la octava posición es algo históricamente habitual. De hecho, es un fenómeno relativamente nuevo, que comienza a verse en los últimos años, con numerosos vaivenes, eso sí, pero que apenas tiene precedentes en las últimas décadas. Navarras se había mostrado de forma consistente como una de las dos o tres comunidades con menor tasa de desempleo. Ahora ya no siempre es así. O, al menos, las cifras oscilan mucho más según el periodo que se analiza.

Narrativa catastrofista de la catástrofe

No existe en todo caso una única explicación a este fenómeno. La narrativa catastrofista de la derecha intenta mostrar una comunidad en declive, asfixiada por los impuestos, que ahuyenta inversores y que pone trabas al proceso. Es un discurso político, mucho más que una realidad, como muestran los datos de empleo que mes a mes arroja la Seguridad Social y los principales indicadores de riqueza y bienestar, desde la renta per cápita y los salarios, a los de pobreza y desigualdad. Navarra sigue siendo una de las comunidades con mejores resultados en cada uno de ellos.

Se han anunciado asimismo inversiones relevantes, como la de Hithium, y se han concretado otras también importantes, como la que Hyundai Mobis está culminando en Imárcoain. Navarra no se ha quedado descolgada en este sentido, ni mucho menos.

Desde 2022, más lentos

El crecimiento del empleo, medido en términos de afiliación, sigue siendo además alto, superior a la de comunidades vecinas, como la Comunidad Autónoma Vasca, y muy similar al de territorios que a veces son puestos como un ejemplo, como Aragón. Sí es cierto que, desde la pandemia y como consecuencia sobre todo de la debilidad europea, Navarra ha sufrido algo más que la media. Aquí la industria, que depende de las exportaciones, sigue determinando los grandes números, mientras que el turismo, que aporta miles de millones a otros territorios y mejora sus números año tras año, posee un impacto limitado en la Comunidad Foral.

Por todo ello, Navarra está creciendo algo menos que la media desde hace ya cuatro años. Un diferencial de medio punto que termina por percibirse y que puede estar reflejándose también en las cifras de empleo.

Madrid ha puesto el turbo

Todo ello no agota las explicaciones. Desde el punto de vista geográfico, la última década ha consolidado a Madrid como el indiscutible motor económico español. La capital, con el turbo activado, se ha consolidado como ciudad global y ya no solo detrae actividad de las provincias más cercanas. Al contrario, su infllujo se siente de manera positiva en el norte de Toledo y en todo el corredor del Henares hasta Guadalajara. Incluso, de la mano del AVE, en Segovia. Madrid, como comunidad, crece a a toda pastilla, roba actividad incluso a ciudades ricas y aspiracionales como Bilbao y solo los problemas como la vivienda y la energía podrían frenar su despegue hacia los diez millones de personas.

Ya es la segunda comunidad con menor tasa de paro, cuando hace apenas 10 ó 15 años ocupaba posiciones intermedias.

En el norte nos hacemos viejos

La capital combina dinamismo con bajos niveles de desempleo, al atraer trabajadores jóvenes y formados y expulsar a otros con menor cualificación. En el norte de la península, con todas las comunidades por debajo del 10% del desempleo, el fenómeno es diferente. Todas muestran un elevado envejecimiento poblacional y el paro desaparece no tanto por creación de empleo como por jubilación forzosa. Un fenómeno claro en Castilla y León, Lugo, Orense y Asturias, pero que también se percibe en Cantabria e incluso la Comunidad Autónoma Vasca.

Ayudas y empleo

El caso de Navarra es diferente. La población en la Comunidad Foral crece con cierta fuerza y lo va a seguir haciendo, pese a que la última revisión de Nastat ha rebajado las expectativas de los próximos 15 años. No hay, por tanto, un fenómeno de declive demográfico general, por lo que hasta cierto punto es lógico que, con una actividad algo frenada por la coyuntura internacional, la tasa de paro titubee.

A ello se puede sumar otro factor, del que al Gobierno no le gusta tanto hablar, pero que se encuentra en revisión. La generosidad en ayudas como la renta garantizada han contribuido a atraer población, en ocasiones de difícil empleabilidad. Ligar estas ayudas al empleo de manera mucho más estrecha y controlable es el objetivo ya declarado por parte del Ejecutivo. Ahora falta por ver las medidas y los frutos.