El cuándo y el porqué de un ‘dicho’
historia | así nació la sentencia más certera y socorrida para explicar los días malos de osasuna
pamplona - Dejó José María Iribarren para la posteridad ese grueso y documentado volumen en el que bucea en el origen de gran cantidad de dichos, modismos y frases proverbiales que utilizamos en nuestras conversaciones. Si El porqué de los dichos, que así lleva por título el trabajo de investigación de tantos años, tuviera algún día ampliación, no debería faltar -al menos, por su singularidad, en el apartado de expresiones afortunadas y frases históricas- esa sentencia que en los últimos días corre de boca en boca entre el osasunismo. Fue el entrenador del equipo, Martín, quien nada más concluir el encuentro contra el Recreativo echó mano de la conocida expresión para enfriar los ánimos de sus futbolistas y de la hinchada, aunque cometió un error muy común: cambió el verbo original (relajar) por confiar.
Así que siguiendo las directrices de Iribarren, merecía la pena investigar sobre cuál es la definición concreta, cuándo nació de la boca de Zabalza y en qué contexto. Para ello, la mejor ayuda es la de la hemeroteca. Los periódicos consultados han sido Navarra hoy y Diario de Navarra. Si los buscadores de internet no fallan, este es el porqué del dicho más osasunista.
El origen
Un pobre partido y un entrenador enfadado
Aunque hay un antecedente al que luego volveremos, la sentencia completa y original fue expuesta así, según los periódicos de la época: “Parece claro que nosotros, cuando nos relajamos, somos bastante malos”. La reflexión de Zabalza aquel 3 de mayo de 1987 no admitía discusión. El entrenador compareció muy contrariado ante los periodistas; Osasuna había ganado por la mínima al Cádiz (3-2) después de adelantarse con tres tantos en los veinte primeros minutos de partido.
Y había motivos para la queja. Los rojillos estaban inmersos en la disputa, con otros cinco equipos, del play off por la permanencia (experimento que solo funcionó en el curso 1986-87). Osasuna trataba de evitar el descenso: era tercero del grupo pero con el Sabadell a solo dos puntos de distancia y todavía quedaban por jugarse siete partidos. Lo peor estaba por venir.
Zabalza compartía el mismo enfado que expresó la afición durante el partido, con pitos e increpaciones a algunos futbolistas. “Sin tensión, nunca nos saldrán bien las cosas”, argumentó el técnico, que se había hecho cargo de la plantilla el 2 de noviembre tras la destitución de Ivan Brzic.
El fundamento de la frase, parece claro, es contraponer siempre el término relajación a tensión. Será un mal endémico de Osasuna o un virus que de tiempo en tiempo acampa en el vestuario, pero entonces y ahora sin tensión (léase también concentración, agresividad, presión...) los rojillos no pasan de un grupo vulgar, de un adversario que es presa fácil de sus rivales. Y esa frase define como pocas el ser de Osasuna.
El antes y el después
De “peores” a víctimas “de cualquiera”
La frase, decía, tiene un antes y un después, añadiendo matices que van haciendo más gruesas las palabras y más extensiva la reflexión.
El primer avance saltó pocas semanas antes de la idea original y ya apuntaba las intenciones de Zabalza. Osasuna cerraba la liga regular y el partido con el Racing, rival directo por la permanencia, sumaba también para la fase siguiente. Ante ese compromiso, y los que venían, el técnico apelaba al “espíritu de lucha y de pelea” que se le presume a este equipo, no importan las épocas ni los jugadores. Las palabras que pronunciaba sonaban como una advertencia: “Si nos relajamos, acaso seamos los peores”. Y aunque salvó aquel compromiso y luego el triangular de remate por la permanencia, tuvo años por delante para comprobar que no andaba muy equivocado.
Una vez sorteado el suspense de aquella tensa temporada 1986-87, Zabalza ya nunca borró de su manual la sentencia, que lo mismo servía para conservar altas las prestaciones del equipo que como oportuno recordatorio en periodo de pretemporada.
Osasuna dio un giro de 180 grados en tres meses y arrancó el torneo de 1987-88 embalado. Ganó 1-0 al Murcia, empató en Atocha (0-0) y mucha euforia tenía que palpar Zabalza en el entorno para introducir un anexo en su frase: “Cuando nos relajamos somos bastante malos y nos puede ganar cualquiera”. Ahora incorporaba al dicho la figura del equipo rival, como tratando de advertir a unos jugadores crecidos que si llegaban a pensar que incluso con falta de tensión podían no perder porque estaban enrachados, delante tendrían siempre a unos contrincantes que aplicando la misma medicina les arrebatarían los puntos.
Con discurso, un sólido sistema de juego y unos futbolistas que comenzaban a crecer, Zabalza condujo a Osasuna a un quinto puesto final que solo había alcanzado una vez en su historia en la máxima categoría. Pero antes de eso, tuvo que seguir predicando. El 5 de marzo Osasuna recibía al Cádiz en El Sadar y el entrenador avisaba. “Se está infravalorando al Cádiz...”. Para añadir, haciendo un nuevo requiebro a la idea original: “Todos sabemos lo malos que podemos ser cuando nos relajamos”. Así pues, de una certeza que nacía de la convivencia en el vestuario y en los entrenamientos, Zabalza había hecho extensiva la aseveración a todo el entorno del fútbol, el de casa y el de fuera. O sea, que el comentario doméstico era, por si alguien lo desconocía, un secreto a voces en el mundo del fútbol.
Y volvió dar en el clavo. Con ventaja de 1-0 y con el rival diezmado por una expulsión, los rojillos acabaron cediendo un empate. Otra vez la falta de tensión. Llámenlo también relajación. O que todos perciben cuándo Osasuna entra en tiempo de relax.
La versión corta
...y otras interpretaciones
La versión más repetida, por corta, sencilla y concluyente, es posterior. La dijo Zabalza en un contexto diferente al que impone el rigor extremo de la competición: la pronunció en un torneo de verano. No cabe duda que aquel “cuando nos relajamos somos muy malos” pronunciado después de ganar por 2-0 al Izarra en Merkatondoa en el Torneo de Estella (primera vez que aparece así en un titular de prensa) equivalía a recordar a sus pupilos que el quinto lugar de la campaña anterior quedaba para los anales del club, pero aquellos puntos no sumaban en el campeonato que en pocos días iba a dar comienzo. Torneo que Osasuna terminó en el décimo puesto, siete puntos por encima del primer equipo que jugaría la promoción de permanencia.
La cita se ha hecho popular con los años y ha sido recurso de jugadores, entrenadores y articulistas cuando las cosas comenzaban a torcerse. Incluso el capellán del club en agosto de 1988, Felipe Goñi, repitió desde el altar su particular versión del mensaje de Zabalza con motivo de la visita de la plantilla al castillo de Javier. “El año pasado no os confiasteis. Sabemos que si no salís confiados podéis ganar al primero, pero si salís confiados os gana el último”. Amén.
Solo dos ejemplos más para no ir más allá del año 1988. En noviembre, en una entrevista recogida en Diario de Navarra, Roberto Otaegui, entrenador entonces del equipo de Liga Nacional Juvenil, hablaba del comportamiento titubeante de sus chicos. Y lo exponía así: “No sé si nos pasa a todos los equipos de Osasuna, pero en cuanto nos relajamos un poco, perdemos potencial. Lo cierto es que tenemos que estar superconcentrados los noventa minutos para ganar los partidos”. El mensaje había calado también en la cantera que, por otro lado, evidenciaba síntomas similares a los del primer equipo.
Expuesto el porqué, el cuándo y el cómo del dicho, enmendada la fórmula original según requiriera cada momento de la competición (y el estado de ánimo de los chicos...), Zabalza acabó por resolver la frase en diciembre de 1988. Dando por enterados a jugadores y aficionados después de que el mensaje llevara ya más de un año en circulación, el 3 de diciembre, antes de recibir al Elche, el entrenador evitaba los circunloquios y sin más envoltorio expresaba: “Ya se sabe lo qué pasa cuando nos relajamos...”. Pasa que, al día siguiente, empatas en tu estadio a un gol con el Elche, que es lo que ocurrió. Y lo que el osasunismo no quiere que vuelva a ocurrir el domingo en Sabadell.