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¡No les defraudéis!

¡No les defraudéis!

Dice el balance de asistencia de espectadores a El Sadar que ni el descenso de categoría, ni el desengaño por las sospechas que penden sobre las actuaciones de anteriores dirigentes, ni la amenaza de una posible desaparición ni las continuas decepciones deportivas del equipo han hecho mella en el osasunismo. Que esa presencia media de casi 14.000 parroquianos por partido -ligeramente inferior a la del pasado curso en Primera- confirma que el único patrimonio no embargable que le queda al club, su fiel hinchada, nunca le va a fallar. La afición ha sido, en esta temporada aciaga, lo único que ha estado a la altura de la historia del club. Pese a tener motivos para sentirse burlados por el comportamiento de sus futbolistas en los encuentros decisivos del tramo final de la pasada temporada, ellas y ellos han seguido estando ahí, en los desplazamientos a Vitoria, a Girona o Leganés, abarrotando El Sadar en la decisiva fecha ante el Recreativo, siempre detrás de sus colores pese a coleccionar derrotas y decepciones y más decepciones. La afición ha sido lo único regular en una temporada de altibajos, lo único verdadero entre tantas declaraciones huecas, lo más sólido entre tanto futbolista pusilánime, el único escudo mientras la opinión pública cosía a puñaladas al club, lo más inocente entre tanto culpable de tener a Osasuna al borde de la desaparición.

La actual plantilla, heredera en gran número de efectivos de la anterior, tiene una enorme deuda con sus incondicionales. Una deuda que no se salda ni con pancartas de agradecimiento ni lanzando camisetas a la grada (por cierto, solo a un sector de la grada como si el resto del estadio no fuera parte de esa piña...). Ha resultado tan decepcionante su rendimiento durante todo el año que lo único sensato de sus manifestaciones ha sido cuando públicamente han reconocido que la afición ha estado siempre muy por encima del equipo. Y, cabría añadir, si Osasuna ha conservado alguna esperanza de conseguir la permanencia hasta la última jornada ha sido porque esa gente (mujeres, hombres, niños...) enfundada en su camiseta roja nunca ha perdido la fe, se ha dejado la voz, su dinero y ha creído en lo que ni ellos mismos (los jugadores) parecía que creían, ya que de lo contrario no es posible entender su comportamiento en algunos partidos.

Por todo ello, hay que exigir hoy a los jugadores de Osasuna que en el último día tengan el compromiso, la entrega, la dedicación, el fervor y hasta la pasión que sienten por sus colores esos cientos de hinchas que de madrugada se han echado a la carretera para sostenerles esta tarde en Sabadell, para mantenerlos vivos, para aplaudir sus aciertos y perdonar sus fallos, para salvarles de lo que parecía insalvable. Por ellos y por los miles de osasunistas que vivirán la tarde pendientes del partido: ¡no les defraudéis!