Sufrir y sufrir y volver a sufrir
Osasuna jugó a la ruleta rusa con la última bala. La última bala, ya lo escribí aquí después de la derrota en Tenerife, era Martín. Martín y su estilo motivador, agitador de plantillas y aficiones; Martín y sus decisiones al límite entre la valentía y la temeridad; Martín y sus charlas de vestuario - “¿qué pasa con los Flaño...?”, les conminó a los gemelos el primer día que se vieron las caras y ayer los fundía en abrazos-, sus reprimendas en las sesiones de entrenamiento y su derroche de cariño en privado; Martín y el discurso de que otro Osasuna es posible. Sin embargo, esa misma gente, su gente, estuvo cerca de arruinar el segundo milagro, de dispararse la bala en el pie, de inmolar al club con una actuación lamentable a la hora de encarar el partido. Sin pulso, sin carácter, sin defensa y sin los huevos que reclamaba una afición que se sentía estafada. No había nada que hacer, ese del primer tiempo era un grupo muerto, sin dirección del juego, desorganizado, atacando por pura vergüenza. En el descanso, Martín -el marido de Milagros, que también es casualidad...- puso la bala sobre la mesa. “Estamos en Segunda B...”, le recriminó a esa tropa que estaba a 45 minutos de protagonizar uno de los episodios más vergonzosos de la historia del club frente a centenares de fieles que habían cruzado media península porque sospechaban que algo de eso podía suceder y que tenían que estar ahí para recordarles cuál y con quién era su compromiso. Que había que sufrir para acabar con el sufrimiento.
La sangre de César Palacios.- El milagro (segunda parte) no ha respetado el guión original. Martín esta vez encontró otro vestuario, menos influenciable a sus manejos que aquel de 1997. Incluso el entrenador ha hecho menos uso de la gente de la cantera del que cabía esperar conocida su trayectoria. Algo ha pasado este año de puertas adentro para que el tercer entrenador en esta campaña dijera en vísperas de este partido que hay que hacer una buena limpia. Y ayer se vio claro que tiene razón. Pese a todo, la sangre de César Palacios se inyectó en la Nova Creu Alta y un chico (David García) y un veterano (Javi Flaño) de la cantera llegaron al rescate como en su día lo hizo el gran capitán: metiendo la cabeza con decisión y valentía para salvar a Osasuna del descenso.
La última bala.- Es posible que la última bala haya sido la última bala, bien porque Osasuna corregirá este coqueteo angustioso con el descenso y no recurrirá más a los milagros, bien porque Martín haya puesto fin a su corto retorno a Osasuna. A la directiva que tutelan miembros y gentes afines a la antigua gestora hay que recordarle que ya se equivocaron el pasado verano descartando a Martín, que nadie como él puede regenar la plantilla tirando de cantera y que además sabe el perfil de futbolistas que necesita este equipo. Ah, ¿que además exigen que Osasuna haga fútbol de alto standing? Creo que se equivocan: antes de aprender a ganar hay que aprender a sufrir y sufrir y volver a sufrir. Es nuestra historia.