El balón de la permanencia está ahora en el campo de la directiva de Osasuna. Solventado a duras penas el compromiso deportivo de Sabadell, continúa el partido en los despachos. Y en este punto, el comportamiento de los dirigentes rojillos se antoja tan negligente como el rendimiento de los futbolistas en la mayor parte del campeonato. No es de recibo que seis meses después de acceder a un cargo para el que se postularon frente a otra candidatura, casi medio año después, no hayan hecho efectivo el aval de 1,8 millones que les exige la Ley del Deporte y los estatutos de la Liga de Fútbol Profesional. Sabalza y su gente han querido cubrir con un velo de silencio su incumplimiento, rompiendo el compromiso de transparencia adquirido ante los socios. La demora le ha costado al club 30.051 euros, cantidad que deberían pagar ellos como responsables.

Si el osasunismo demanda otra manera de hacer las cosas que rompa con la ignominiosa etapa anterior, Sabalza no está respondiendo a esas expectativas. Lo concerniente al aval ha sido un asunto tabú hasta ayer mismo. El presidente debería dar explicaciones de por qué no han presentado el documento y confirmar cuándo lo harán. Porque si no hay aval no hay permanencia, aunque alimento la sospecha -quizá infundada y sin ningún argumento que la sostenga- de que posiblemente se haya esperado a corroborar en qué categoría jugaría Osasuna en el próximo curso para formalizar el aval bancario. Ya digo que son conjeturas, pero ayer en el seno del club se comentaba extraoficialmente que el asunto puede estar solventado esta misma semana. Veremos.

Es conveniente que la directiva vaya despejando poco a poco todas esas incógnitas; que resuelva otros expedientes (como la deuda con la Universidad Católica de Chile y la documentación del acuerdo con la Hacienda Foral) para no engordar una rumorología a la que en la noche del domingo se agarraban como naúfragos a una tabla otros equipos que han descendido a Segunda B y que todavía ven su oportunidad en una condena administrativa contra Osasuna. Y porque también muchos navarros miran con recelo cualquier asunto económico que tenga que ver con ese club que sigue siendo uno de los principales morosos de la Hacienda Foral. Es cierto que Sabalza viene repitiendo en las últimas fechas que “no hay riesgo de que nos desciendan en los despachos”, pero la afición quiere certezas y este silencio sobre el aval no es una noticia que invite a seguir despreocupado. En fin, demasiadas cuestiones abiertas para un club que necesita sosiego y no el seguir jugándose su supervivencia hasta el último minuto.