Florencio Alfaro: la historia del vicepresidente de Osasuna asesinado en 1936

Florencio Alfaro, concejal socialista y vicepresidente de Osasuna, fue asesinado y arrojado al mar por los policías que le detuvieron en Donostia en 1936

26.12.2020 | 19:22
Florencio Alfaro, exvicepresidente de Osasuna.

¿Imaginan ustedes que hoy fueran asesinados el vicepresidente de Osasuna y un concejal socialista por decisión de quienes manifiestan que les encantaría "fusilar a esos 26 millones de hijos de puta"? Sin que nadie pagara responsabilidad alguna por los magnicidios y un manto de silencio y olvido recorriera la memoria de los dos. Esto es lo que le ocurrió a Florencio Alfaro, cuando Emilio Mola y los militares decidieron llevar adelante su plan eliminando a quienes ellos consideraban enemigos.ç

1924: Osasuna, campeón


Los rojos se desplazan a Rentería a comienzos de año y se traen la victoria al ganar por 1-3 al Luchana. Gurrucharri deslumbra con su juego. El objetivo era ganar el Campeonato. El 24 de febrero, al vencer en San Juan en el último partido por 2-0 ante el Avión del Antiguo (Donostia), lo consiguen. Urkizu es el goleador y la figura.
Casi cien años después, el 13 de agosto de 2018, Juan José Martinena publica en Diario de Navarra la composición de la Junta de aquel año. Un viejo conocido, el que fuera primer presidente de Osasuna, Eduardo Aizpún. Junto a él, en funciones de vicepresidente, la persona que ha inspirado este artículo: Florencio Alfaro. En aquella Junta les acompañaba además un equipo formado por siete hombres. Las reuniones de café en el Kutz pasarán al Bar Torino, justo encima se sitúa la nueva sede del club, en el número 3 de la Plaza de la Constitución (actualmente Plaza del Castillo).

Se proclaman campeones representando a la Federación de Gipuzkoa. Compiten en el campeonato Nacional (Serie B), con victoria por 2-0 frente al Sevilla Athletic Club. Solicitan una subvención al ayuntamiento para el partido de vuelta y vencen 1-2 en Sevilla. El cronista del Diario de Navarra, Zancadilla, proclama: "Osasuna es superior, empezando por Lusarreta, pasando por Burgaleta (Recuerden este apellido, al final, les contaremos algo sobre él) y sobre todos ellos, Urkizu, la estrella".

Cuesta imaginar aquel juego, apenas un año antes los mismos cronistas locales y la directiva le hicieron la cama al entrenador y jugador alemán Walter Ghebardt. El primer extranjero en el club, con permiso de Félix Azagra y los hermanos Pi, que habían nacido en Argentina. La propuesta del alemán era revolucionaria; los rojos, sin embargo, no se fiaban: combinar con el balón y desarrollar un juego asociativo, descartando los balones arriba y la conquista del espacio y el arco rival a través de la fuerza. A decir del periodista Daniel Ramírez, autor de Porque somos Osasuna, no era algo que despertara demasiado entusiasmo precisamente.

Viajes continuos a Gipuzkoa y visitas de los guipuzcoanos a San Juan. Sólo con la Real, cuatro partidos amistosos. El medio centro Antxon Atxandalabaso, nuevo jugador rojo, debuta en Donosti. Expectación. Acompaña al equipo el presidente Eduardo Aizpún.

Con el fin de olvidar rencores pasados, el Club Fortuna invita a toda la plantilla a un vermouth, el denominado Partido de la Amistad. Sin embargo, el convite no supuso ninguna fortuna para los rojos. Tras una eliminatoria previa en Tarrasa y una mala organización, con viajes interminables y contra pronóstico, en Sevilla acaban subcampeones en la Serie B, tras derrota contra el Acero de Olabeaga (Bilbao) por 2-1. La parroquia roja reunida en el Dena Ona de la Plaza de la Constitución sigue las noticias a través de la radio. Decepción aliviada porque el Real Unión se proclama campeón de España. Como si se tratara de un triunfo propio, se celebra por todo lo alto en Iruña. Un mes después el Real Unión se presenta en San Juan como campeón y es derrotado 3-1 en un amistoso. Estalla la pasión roja.
La temporada transcurre con partidos amistosos y oportunidades para los reservas. Partidos contra otros equipos guipuzcoanos, una selección navarra, de donde se ficharían nuevos jugadores, partidos en sanfermines€ Llenazo en el campo para el encuentro contra el Real Unión (la semana anterior también habían jugado aquí los iruneses). El abuelo de Unai Emery –el portero, René Petit, conocido como el Di Stefano de los años 20–, y Gamborena, el timón del equipo, vestirán la camiseta roja por un día. René acabará jugando varios partidos con Osasuna años después€ Aquella temporada se desplazan a Barcelona por primera vez, a jugar un partido amistoso en Las Corts contra el FC Barcelona.

1925: Boca Juniors, en Iruña


Al año siguiente, en 1925, Ramón Bengaray es secretario del Club y Eduardo Aizpún continúa de presidente. Es entonces cuando Osasuna se enfrenta al partido más grande en la historia del club. El 19 de abril de 1925 la Banda de música La Pamplonesa sale a las 15.00 de la Plaza del Ayuntamiento y un río de gente le acompaña hacia el campo, en un ambiente muy animado, calor, jolgorio. Previamente los argentinos habían sido recibidos en el consistorio, donde reconocemos en una fotografía a Eduardo Aizpún. La invitación del Club a la corporación municipal, firmada por Francisco Yndave como presidente, la encontramos en el Archivo Municipal de Pamplona. Los tres jugadores que hemos citado antes del Real Unión reforzarían a Osasuna, eran los campeones y acababan de vencer a los argentinos. El cronista entremezcla palabras en euskera con otras en inglés: txapela gorria, txola, eleven, equipiers, faut€para terminar haciendo responsable de la victoria argentina a su entrenador, que había hecho las veces de árbitro.

Ese año, el campeonato regional no fue bien. Hubo nuevas incorporaciones: Goiburu, Lazcano, Miqueo entre otros, a los que les costó asentarse. Victorias contra Valencia, Racing de Santander o Zaragoza. Hubo un partido que hizo las delicias del público en San Juan: 10-0 contra el Iberia (Zaragoza).

Florencio Alfaro: Un activo concejal


Nuesto personaje, Florencio, había nacido en Tafalla en 1882 en el seno de una familia de profundas convicciones republicanas y librepensadoras. Su tío, Florencio Alfaro de nombre también, fue maestro, masón y fundador del partido republicano local. Desde hace años, un Gigante de la Comparsa de Tafalla representa su figura con barbas blancas y un libro bajo el brazo. Otra, a su mujer Francisca, tía de Florencio. Anteriormente, en 1931, el Ayuntamiento ya le había dedicado una calle.

A principios de siglo, Florencio se traslada a Pamplona, casándose con Mónica González en 1906. El matrimonio, domiciliado en el número 24 del Paseo Sarasate, tuvo nueve hijos. Trabajó como encargado de la Fábrica de Calzados López, siendo la persona de confianza de los propietarios. El biógrafo de Florencio, Ángel García-Sanz, señala que dejó a los López para montar su propio negocio. La experiencia no duró mucho y acabó por convertirse en representante comercial y comisionista de varias marcas: Sidras El Gaitero, Conservas Trevijano, Chocolates Elgorriaga, Cafeteras Schneider, etc. En la guía de Navarra (1932 1933), aparece como Presidente del colegio de comerciales.

Años después iniciaría su carrera política en el Ayuntamiento, alternando con su trabajo como comercial, entrando a formar parte de la corporación municipal en enero de 1911 y cesando en 1916. En 1931 se presentó a las elecciones municipales en la candidatura republicano-socialista, siendo el concejal más votado. Designado Teniente Alcalde, formó parte del Ayuntamiento hasta su cese dos años después, en agosto de 1934. Su trabajo como comercial y su cargo municipal le granjeó alguna polémica, pero él siempre decía que, ante un conflicto de intereses, solicitaría nuevos informes y se ausentaría de la comisión en la decisión. Como por ejemplo, cuando se decidió instalar la calefacción de la estación de autobuses y él representaba a una empresa del ramo.

Participó como concejal en las comisiones de Higiene, Beneficencia y Cultura, impulsando iniciativas en pro de la higiene y salubridad pública, medidas a favor de los trabajadores en paro, por la introducción de la gimnasia y el deporte en la enseñanza. Suya fue la moción por la que el Ayuntamiento municipalizaba la empresa de Aguas Arteta que había estado en manos privadas (embrión de lo que hoy es la Mancomunidad). La moción fue editada en la Imprenta Bengaray y puede contemplarse a día de hoy en la Biblioteca General de Navarra.

En 1930, ingresó en la Liga Nacional Laica, cuyo fin era defender los derechos de las personas que se declaraban no creyentes o tenían otras confesiones religiosas. Desde 1933 perteneció al Consejo y comisión permanente de cultura de Navarra, representando al Ayuntamiento de Pamplona.

Firme defensor del Estatuto Vasco-Navarro, abandonó el Partido Republicano Radical Socialista por la postura oficial del partido, capitaneada por Azarola y contraria al mismo. Voto a favor de su aprobación en el Ayuntamiento de Pamplona y posteriormente ingresó en Izquierda Republicana con el fin de impulsar este y otros proyectos.

1936: Muerte y desaparición


A consecuencia del golpe militar del 18 de julio de 1936, según varios testigos, entre ellos el escolapio Justo de Mocoroa, fue detenido por los carlistas y encarcelado en el Colegio de los Escolapios, sede la Junta Central Carlista de Guerra. El 27 de agosto fue puesto en libertad, obligándole a presentarse para firmar diariamente. Apenas unos días antes, al igual que otros compañeros republicanos, fue cesado como concejal por orden del Gobernador Militar de 21 de agosto de 1936.

A mediados de octubre solicitó un salvoconducto a la Junta de Guerra Carlista para visitar a su madre en Donostia, gravemente enferma. Su madre falleció el 21 de octubre sin que él pudiera despedirse. Según las memorias del republicano Serafín Húder, fue detenido por la Policía, teniéndose por cierto que murió ahogado y destrozado en el rompeolas de la Zurriola, donde fue arrojado por los mismos policías que lo detuvieron. Según varios testigos, el asesinato tuvo lugar el 20 de octubre, coincidiendo en esta versión los carlistas Jaime Del Burgo Torres, Valeriano Zabalza Ilundáin y el nacionalista Ataulfo Urmeneta Cidriáin.

Otras fuentes situaban su muerte en la matanza de julio en Valcaldera, posibilidad descartada del todo pues es bien conocida a día de hoy la identidad de las 53 personas asesinadas en ese término de Cadreita, además de la fiabilidad que ofrecen los testigos antes señalados.

Del Burgo Torres se refiere a él como un hombre bueno, noble y lo define como un romántico republicano. Sobre su asesinato viene a decir que en todas las guerras se cometen barbaridades, y la de Florencio fue una de ellas. Otra persona vinculada a la familia nos cuenta que en los días que estuvo en libertad antes de marchar a Donosti, Florencio llevaba un catecismo en el bolsillo y cuando se encontraba algunos de los requetés que conocía les paraba y mostraba cómo estaban incumpliendo el mismo a base de detener y asesinar personas.

La familia de Florencio, especialmente su viuda y los hijos más pequeños, pasaron muchas penurias en la Pamplona de los alzados. Solicitaron ayuda a un familiar con cierta influencia entre las fuerzas golpistas para abandonar la ciudad, pero éste les negó toda ayuda.

A través de un conocido, consiguieron un salvoconducto y le encargaron a un zapatero que les hiciera un doble fondo en los zapatos para llevar las cosas de valor y pasaron a Barcelona, nos cuenta la familia. Su hija Rosario, que falleció no hace muchos años, contaba cómo cuando cayó Catalunya y pasaron a Francia en condición de refugiados, tuvieron que saltar de un tren en marcha por los bombardeos nazis.

Otros hijos, como Carlos y José María, escaparon por el monte a Francia y de ahí a la España republicana. En la que se encontraba, por cierto, su hermano Javier, a quien le habían expedido su licencia federativa en natación el mismo 18 de julio para participar en las Olimpiadas Populares de Barcelona. La implicación de los hijos de Florencio los llevó a defender la República con las armas, falleciendo José María en 1938 a consecuencia de heridas de guerra.
Años más tarde, el otro huido, Carlos Alfaro, coincidiría con el presidente de la Junta Central Carlista de Guerra, José Martínez Berasain en Ventas de Arraitz, a donde acudían a veranear en los años cuarenta.

En la actualidad: el homenaje pendiente


Si no sabemos de dónde venimos, ¿cómo vamos a saber a dónde vamos? Las víctimas osasunistas tienen un homenaje pendiente.

Ramón Bengaray editor del periódico Democracia, el 14 de abril de 1932 publicaba: "Osasuna es del pueblo, su bandera es roja, sólo roja, como la sangre de sus jugadores, nada tienen que ver con la realeza, nunca quisieron sus fundadores que fuera azul".

Lo mismo que le ocurrió a Florencio lo sufrieron otros osasunistas como Ramón Bengaray, Fortunato Aguirre, Eladio Zilbeti, Filomeno Urdíroz, Natalio Cayuela y Alberto Lorenzo, que fueron asesinados, continuando con Florencio, Ramón y Alberto, desaparecidos. Además, esta triste nómina se completa con los casos de José Javier Villafranca, muerto y desaparecido en Barcelona, en donde se encontraba en prisión. O Andrés Jaso, que murió en un bombardeo en Asturias y también está desaparecido. O el caso del jugador Burgaleta de aquel Osasuna campeón de 1924; su hermano Domingo era el alcalde de Tudela y también fue asesinado.

Martinena, en su artículo, mencionaba al CF Aurora como uno de los equipos importantes junto a Osasuna en aquel Pamplona, en aquella época. Enrique Astiz Aranguren, abogado, era su presidente y también fue asesinado. Otros muchos fueron encarcelados, como Mariano López Sellés, vocal, y el secretario Corpus Sesma miembros de aquella Junta directiva de Osasuna de la que formaba parte Florencio Alfaro. No olvidemos tampoco a los exiliados. Casi todos ellos tenían en común su militancia republicana de izquierdas o en organizaciones del nacionalismo vasco.
Merecida la medalla que el Ayuntamiento de Iruña otorga a Osasuna. Es el momento que el alcalde Enrique Maya, como representante de la ciudad, y el presidente del club, Luis Sabalza, decidan sumarse al homenaje pendiente que merecen estos pioneros y fundadores de Osasuna. Que su memoria no se olvide.