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Osasuna es grande

Osasuna es grandeJavier Bergasa

La cantidad de sentimientos que alberga un osasunista después de la final es algo inenarrable. Pena, tristeza, por la derrota, obviamente. Pero también la sensación de que los de Jagoba se han convertido en un equipo peligroso, de esos que ya no es majo para los grandes. Tal vez porque tiene cosas que ellos desean.

Osasuna es ese pobre que tiene un tesoro. Esa joya es su afición que durante todos estos días ha hecho de Sevilla su Plaza del Castillo particular. Ese grupo de gente que, respetuosamente, convirtió toda la previa en un monólogo. De los pocos aficionados del Madrid que paseaban por la ciudad miraban con ojos tremendamente abiertos, como quien ve un animal mitológico.

Y más todavía que se enteraron que Osasuna no tiene no se cuántas Champions, ni Ligas ni nada. No, de Osasuna se es. Hay un sentimiento de pertenencia. De ser parte de algo. En cambio, los rivales, que también son club, no tienen de eso. Solo sentimiento de ganancia. Y eso se acaba más pronto que tarde.

Osasuna provocó que toda esa grada (por cierto, el porcentaje de entradas de la RFEF otra vez en gran parte se vistió de rival) estuviese hasta el mísmisimo final celebrando que se perdiese tiempo. Como si Torró fuese un mediocentro de 80 millones o el Chimy un extremo fichado por 60 kilos cuando era un prepuber.

Y es que, seamos realistas, si al partido de La Cartuja le hubiesen quitado a Osasuna, hubiese sido todo mucho más aburrido. Desde la previa hasta el mismo partido. Los rojillos cometieron un error al principio y supieron sobreponerse pese a la inquina de Sánchez Martínez y la protección al niño de la maquinaría mediática (se les acabará volviendo en contra, apunten esto). Torró empató pero los de Jagoba se quedaron a mitad de camino y esta gente lo que más envidiable tiene es que en estos partidos están dónde y cuándo tienen que estar.

Aimar, ese chico de un pueblo de Navarra que seguramente los chinos no conocerán, puso a la grada madridista el susto en el cuerpo. Pero la verdad es que el segundo gol fue una puñalada definitiva.

No pudo ser, pero, como dijo Arrasate, este fin de semana se tiene que convertir en un punto de inflexión para el osasunismo. Hay que recordar de donde se viene, pero Osasuna ya es un grande. Como dijo un sabio rojillo semanas atrás: "El año que viene, volvemos"