Reconoció el entrenador de Osasuna, Alessio Lisci, en la víspera de viajar y jugar ayer contra la Real Sociedad en Anoeta, que los dos partidos anteriores contra el conjunto donostiarra, uno en Liga y otro en Copa, habían sido “las dos noches más duras del año”. Admitió que por este motivo, exclusivamente deportivo, había ganas de revancha, tanto por parte del propio técnico como de los jugadores, heridos en su orgullo. Pero nada más lejos de la realidad, ya que el cuadro navarro vivió, sin duda, su tercera noche más dura del año que, de momento, le aleja de la pelea por Europa y, eso sí, le mantiene con un amplio colchón con la zona de descenso, pese a que su distancia se ha reducido de nueve a ocho puntos.
Paradójicamente, comenzaron bien los rojillos en Anoeta, con un disparo de Rosier que Remiro desvió a córner con muchos problemas y con un remate de cabeza de Víctor al poste a centro de Galán, servicio que hizo con su pierna derecha a pesar de ser zurdo. Todo esto, en los primeros 12 minutos. Pero a partir de ahí, el equipo de Pellegrino Matarazzo cambió el partido de arriba a abajo, algo a lo que también contribuyó un ingenuo penalti de Boyomo, titular ayer en detrimento de Herrando en la única variación no obligada que introdujo Lisci en su once inicial. La otra fue meter a Raúl Moro por el sancionado Rubén García, elección que rectificó el italiano en el descanso, dejando al extremo en el banquillo.
A Osasuna se le complicó el partido en el minuto 22, con una mano de Boyomo dentro del área que el árbitro no dudó en castigar con un penalti que un par de minutos después transformó Mikel Oyarzabal. La Real se vino arriba y sin haberse cumplido la media hora dobló su ventaja con un buen gol de Guedes, al que entre Rosier y Catena le ofrecieron muchas facilidades para disparar después de un robo de Brais, con caño a Moncayola incluido.
Aunque el árbitro del partido, Guillermo Cuadra Fernández, madrileño de nacimiento aunque adscrito al Comité balear, escamoteó un penalti a Osasuna en la primera parte, concretamente en el minuto 30, por una mano de Aramburu dentro del área (el trencilla interpretó que había habido una falta previa de Aimar, una mano, según explicó Lisci en su entrevista post partido para DAZN), lo cierto es que los rojillos pudieron irse al descanso con una marcador todavía más adverso que el 2-0 que la Real amplió al poco de comenzar el segundo acto con otro gol de Guedes, al que asistió Turrientes después de una conducción que ni Moi Gómez ni Iker Muñoz, casi recién ingresados en el terreno de juego, pudieron frenar.
Sólo un gol en el tramo final de Víctor, asistido por Barja, maquilló un resultado que durante varios minutos se convirtió en la derrota más amplia del curso. Y es que Osasuna no ha perdido por más de dos goles en lo que va de Liga, pero ahora acumula tres jornadas sin ganar.