Real Sociedad - Osasuna, el análisis | Partido para olvidar, o no
"De las tardes más grises hay que sacar conclusiones que ayuden a corregir errores o a profundizar en los puntos fuertes"
Sería un error echar tierra sobre este turbio partido de Osasuna, resolverlo en cuatro líneas, tirando de clichés negativos ya sacados a colación otras veces, hacer un punto y aparte. En todo caso, alguna vez tendría que ser el entrenador quien expusiera públicamente qué es lo que ha fallado en su planteamiento más que dejar colgadas en el aire respuestas breves y en ocasiones abstractas. Una tarea a la que también deberían encomendarse los futbolistas, cada vez más protegidos por el gabinete de comunicación o sorteando quién da la cara después de un mal trabajo.
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Quedan en partidos como este de Anoeta muchas preguntas en el aire; me refiero, por ejemplo, a si Torró está en las mejores condiciones para dar las prestaciones que necesita el centro del campo de Osasuna; por qué Iker Muñoz no disfruta de más minutos y más continuidad, a riesgo de perder a un buen futbolista; si es justificable hacer de Herrando un titular de quita y pon, sin otras valoraciones de su rendimiento y aportación; que alguien nos cuente por qué Raúl Moro no está al nivel de su etapa en Valladolid y su presencia en el juego resulte en la mayoría de las veces imperceptible; y, por contra, a Barja, que ayer volvió a sumar (esta vez una asistencia de gol) le regatean los minutos; no sé, o saber qué pretendía Lisci con la entrada de Moi en el descanso, que tampoco arregló nada; y no vendría mal, después de los últimos acontecimientos, analizar ese débil despeje de Sergio Herrera, que dirige el balón al brazo de Boyomo; y, en fin, como el árbitro no habla, nos quedamos sin saber por qué unas manos son penalti y otras no.
Osasuna no responde a la exigencia en Anoeta (3-1)
La verdad es que no deja buen cuerpo ni el marcador de 3-1 ni contemplar cómo el equipo se desmorona en apenas diez minutos. El sistema defensivo hizo aguas desde el inicio y Oyarzabal arrojó un salvavidas echando el balón, en dos pases de gol, contra la valla de los anuncios. Ni cómo un encuentro en el que el osasunismo tenía puestas muchas expectativas de futuro, de mirar hacia lo alto, queda sentenciado en apenas cincuenta minutos, si no lo estaba ya para la primera media hora.
De las tardes más grises hay que sacar conclusiones que ayuden a corregir errores o a profundizar en los puntos fuertes. Que hasta en partidos como el de ayer pueden rescatarse detalles positivos. Particularmente, tras un ejercicio por parte de Osasuna que ataca las bases del propio fútbol, ayuda el rescatar alguna actuación individual. Y aquí no podemos pasar por alto la personalidad y el compromiso de un jugador como Víctor Muñoz, que pese a la desventaja de tres goles y las nulas expectativas de remontar, siguió peleando sin caer en el abatimiento o el abandono de responsabilidades.
Otra noche triste y dura para Osasuna
El chaval, pese al poco tiempo que lleva en Pamplona, ejemplificó esa virtud tan de Osasuna como es la de nunca entregar los puntos gratis ni en las peores circunstancias. Y me parece algo importante a tener en cuenta, sobre todo en un recién llegado, criado en dos canteras tan selectas como la del Barcelona y Real Madrid, o quizá por eso mismo. De cara al futuro de Osasuna tan importante es contar con buenos futbolistas como con gente que sostenga en el tiempo el espíritu del equipo. Ahora mismo, Víctor Muñoz me parece el más cercano a alguien como Rubén García. El catalán, que a veces peca en exceso por hacer la guerra por su cuenta, tiene esa rebeldía de guerrillero, que quizá no es el que mejor se adapta al fútbol de estos tiempos, pero que le permite convertir el último cuarto de hora de un partido sin historia en algo entretenido y hasta gratificante.
Bien, será difícil también olvidar los tres partidos con la Real Sociedad esta temporada y a un tipo tan ejecutor como Guedes, que provoca el penalti y marca dos goles. Sabiendo de su estado de forma no entiendo por qué no se fijó más su marca y, en cambio, Rosier corría de arriba a abajo y de derecha a izquierda cuando su tarea la tenía que resolver a la espalda. Ya digo, cosas para no olvidar de un pésimo partido.
