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Una hora sin mover ficha

Setenta minutos con los mismos. Veinte minutos cambiándolo todo...

Athletic - Osasuna, galería de fotos del partido en San Mamés.Javier Bergasa

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No suelo escuchar las ruedas de prensa de los entrenadores después de los partidos, pero esta vez lo hice. Y no me dejó indiferente. Se mostró muy convencido Lisci intentando explicar el partido del martes. Primera parte regalada, se ajustaron algunas cosas a partir del minuto treinta y cinco y, a continuación, el equipo mereció más, con Unai Simón como el mejor del partido. Hay que estar más vivos en algunas situaciones (en referencia al gol) y los partidos sucios como este se deciden por detalles. Y conclusión en tono aficionado: “Hay que ganar el finde”.

Es incómodo para el protagonista exponerse a preguntas en rueda de prensa y más todavía si has perdido. De hecho, Luis Enrique ha afirmado que daría el cincuenta por ciento de su salario por no hablar más con la prensa. El entrenador vive el partido desde la tensión de reaccionar en tiempo real, con la duda permanente de estar perdiéndose algo y de que podía haber hecho algo más. Había imaginado el partido antes de empezar y lo va comparando en directo con ese plan previo. Por eso, es tan importante que sean varios ojos los que analizan en directo e informan de sus descubrimientos. Aquí veo un poco solo a Alessio. Solo al volver a verlo, con pausa y repetición, aparecen situaciones que antes no se percibieron. No es que no supiera qué cambiar, es que todavía no podía ver con claridad dónde estaba el problema. La rueda de prensa fija después un relato acordado internamente.

El planteamiento inicial fue defensivo y, teniendo en cuenta que los locales estaban tan necesitados de puntos por su racha, puede estar justificado. Pero cuando ya vas perdiendo, hay que atacar. Ya no tiene sentido seguir siendo defensivo (más aún cuando ni siquiera ha funcionado), sino justo lo contrario. Y hacerlo antes. La pregunta que me asaltó fue sencilla: si el partido hubiera empezado con 1-0, ¿habrías alineado a los mismos? Y de ahí la siguiente: ¿por qué mantener a los once jugadores de inicio durante una hora cuando ya vas perdiendo?

Setenta minutos con los mismos. Veinte minutos cambiándolo todo. Y un equipo final que nada tenía que ver con el que empezó, a pesar de que el marcador no había cambiado desde el minuto dieciséis.

Aquí es donde aparece la duda de fondo. Si el análisis verdadero llega después, es comprensible no ver ciertas cosas en directo. Pero cuando el partido lleva una hora diciendo lo mismo, la falta de ajustes también se convierte en una decisión, aunque sea por omisión. A estas alturas, con más de veinticuatro horas de distancia, puede que Lisci ya tenga una respuesta a esta pregunta. O puede que todavía se la esté haciendo.

El autor es exfutbolista y profesor de la UPNA