Lo que en febrero parecía una balsa de aceite se ha convertido en mayo en aguas revueltas. Sin dramatismos, pero tampoco mirando hacia otro lado. Las crisis en el área económica y deportiva Osasunistas se han saldado (esperemos que no en falso) con la búsqueda de nuevos profesionales para asumir esos puestos clave.
Tenemos ejemplos en casa propia que no vimos venir, posiblemente por autocomplacencia. Y ese recuerdo debería servirnos ahora de aviso, para no tener que mirar atrás en mayo de 2027 y preguntarnos: “¿cómo no lo vimos entonces?”.
Y aquí el club es quien tiene que intervenir. Quizá ya lo esté haciendo, pero el entorno osasunista tiene que entenderlo. Que lo de ser un club de socios se note, y no se utilice solo como argumento para justificar el escaso acceso a recursos ni como excusa para rebajar la ambición.
Solía recordarnos Eugenio Bustingorri que tan importante es jugar bien como no molestar. Venía a decir que, si no tienes el día, al menos no empeores lo que ya funciona. Y si una jugada es prometedora, no vengas tú a fastidiarla. Da la sensación de que el club está en esa dinámica de no molestar, dejando que la parcela deportiva la dirija Braulio y la económica Canal, pero sin contrapesos que impulsen una mirada a más largo plazo.
Este esquema, con liderazgos claros en las dos principales áreas, ha sustentado una etapa de estabilidad y éxitos. Pero las señales que estamos viendo apuntan a que ya no basta con esto. Porque una cosa es la ejecución, decisiones operativas, presupuestos, fichajes, estructura deportiva, apagar los fuegos diarios y otra distinta es decidir hacia dónde se quiere ir como club.
Esa dirección estratégica no gestiona el corto plazo, sino que define el rumbo, el nivel de ambición, el modelo de crecimiento, los límites y riesgos que se están dispuestos a asumir y el equilibrio entre sostenibilidad y competitividad. Es ahí donde el club debe marcar posición, alinear a sus áreas ejecutivas y corregir inercias si hace falta, y da la sensación de que ahora mismo toca hacerlo.
Porque cuando la parte ejecutiva funciona sin un marco estratégico claro o actualizado, corre el riesgo de optimizar lo inmediato pero perder perspectiva. Y en un club de socios, esa responsabilidad no es delegable, debe ejercerse de forma visible y coherente. Ejemplos hay en la propia historia rojilla, la decisión de Fermín Ezcurra de apostar por Tajonar no fue una medida del día a día, sino una visión estratégica de largo plazo que ha marcado el desarrollo del club durante décadas.
Ese es el tipo de intervención que se espera ahora. No se trata de sustituir a quienes gestionan, sino de marcar rumbo, reforzar el modelo y empujar en la misma dirección, con una ambición compartida y reconocible.
El autor es exfutbolista y profesor de la UPNA