Con este concierto, que asciende a 482.000 euros (algo más de 90.000 por cada una de ellas), las organizaciones contratan a los técnicos de los Equipos Comunitarios de Infancia (ECI), el "nexo de unión" entre las administraciones y las asociaciones que trabajan en los barrios. Los técnicos son el respaldo de los cerca de 300 voluntarios que suman entre las cinco asociaciones: gestionan los trámites administrativos, conocen de primera mano el entorno, a las familias y a los menores, y sobre todo, saben cómo actuar ante cualquier problema que pueda surgir.
"Los voluntarios hacemos muy a gusto este trabajo, pero aparte tenemos unos estudios, un trabajo... y cada uno puede dedicarle el tiempo que puede. Nosotros preparamos la actividad, llegamos, la dinamizamos y nuestra labor ha terminado. Todo el trabajo previo lo han hecho los técnicos", señala Iñaki Irigoyen, un vecino del Casco Viejo de 22 años voluntario en Aldezar.
Como muchos otros de los que colaboran con estas entidades, Irigoyen entró en ella de niño, con tres años, y ahora gestiona la actividad de tres equipos de balonmano con los niños y niñas del vecindario. "La asociación ha nacido del barrio y tenemos claro que vamos a seguir con ella. Lo que no sabemos es cómo", señala Irigoyen.
El mismo punto de vista sostiene Aritz Sastre, que colabora con Batean (Rochapea). "Los voluntarios lo estamos viendo bastante negro porque llevar una asociación de este tipo requiere mucho trabajo. Ahora tenemos a tres técnicos que se dedican a ello ocho horas al día y apenas llegan a todo. Repartir todo ese trabajo entre voluntarios, que tienen sus obligaciones al margen, sería inviable", opina.
Sastre tiene ahora 20 años y desde los 13 comenzó a formarse como premonitor dentro la asociación. Ahora colabora en distintas actividades, como los campamentos, apoyo escolar, talleres de creatividad, de guitarra... "Claro que no soy experto en clases de guitarra, ni seguramente seamos excelentes profesores ni mis compañeros ni yo, pero de lo que se trata es de abrir las actividades al alcance de cualquiera y juntar a los chavales del barrio para que se relacionen entre ellos", apunta.
Josune Etxeberria, técnico de Etxabakoitz Bizirik lo explica de la siguiente manera: "Atendemos gente con muy pocos recursos, que no podrían pagarse academias particulares ni actividades deportivas en clubes federados. Lo que intentamos es que puedan beneficiarse de las mismas oportunidades que los chavales de otras zonas". En el caso de este barrio, Etxeberria ve muy difícil que los voluntarios pudieran continuar el trabajo sin el apoyo de los técnicos. "A veces surgen conflictos con las familias y es necesario que los apoyemos porque si no, no podrían trabajar solos. Los voluntarios a lo mejor pueden bajar aquí dos o tres horas pero nosotros somos quienes conocemos el barrio y los vecinos también nos conocen", explica.
Las asociaciones completan sus presupuestos concurriendo a la convocatoria de ocio y tiempo libre del Ayuntamiento, que no va para los técnicos sino para la asociación en sí. Aparte de esta cada una busca sus propios métodos de financiación (proyectos sociales de las cajas, actividades extraordinarias...). Por último, cada organización establece una cuota anual por las actividades, una cantidad "mínima" que algunos se plantean si será necesario subir en caso de que los recortes sigan adelante.
"En nuestro barrio no veo viable subir la cuota", apunta Cristina Ducay, técnico de Umetxea (San Jorge). "Aquí hay muchas familias en dificultad social y ahora mismo les está costando pagar, les decimos que lo hagan cuando puedan, pero que sigan trayendo a los niños".
"Las cuotas las pagan las familias para las actividades y la asociación, no para los técnicos", aclara Silvia Costa, de Siñar Zubi (Chantrea). "Ahora estamos con la incertidumbre, creemos que mantendrán la aportación, pero no con toda la cantidad", apunta.
riesgo de exclusión "Vemos niños acostumbrados a tratar solo con adultos, que no saben relacionarse con sus iguales. Esa falta de socialización puede ser un factor de riesgo de exclusión cuando se hagan mayores", señala José Luis Tabar, técnico de Aldezar.
Por eso, y como medida preventiva, destacan el vínculo que se crea con la asociación y el barrio, una forma de socializarse y prevenir la exclusión. "En la mayoría de campamentos los chavales van y luego no vuelven a ver a los monitores con los que han estado allí. A nosotros, en cambio, nos encuentran en la calle, a la salida del cole... Los chavales ganan referencialidad, una identidad de barrio", pone como ejemplo Tabar.