EN 1924 la vista que podía admirarse desde el ángulo nororiental de la Taconera ofrecía un conglomerado de elementos de diferente época y filiación, en un entorno accidentado y apenas urbanizado. En primer plano vemos un profundo terraplén, al final del cual discurría la Cuesta de la Estación, cuya calzada asoma parcialmente por la derecha. Un camino bien señalado desciende hacia una pasarela metálica, mediante la cual podía salvarse el pronunciado desnivel de la zona, comunicando la Taconera con el casco antiguo de la ciudad.
Al otro lado de la carretera vemos, en primer lugar, el paredón de la muralla norte, en el punto en el que gira en un ángulo de 90 grados para perfilar el Paseo de Ronda. En un plano destacado y ocupando el centro de la foto se adivina la plaza de la Virgen de la O, a la que ya nos referimos en un artículo anterior, enmarcada por las tapias y torres del Convento de los Carmelitas Descalzos. A continuación se ve el característico alineamiento de casas que se pierde en la lejanía, y que conforma la cara más conocida de Pamplona por este frente, aunque en su mayoría no son sino las traseras de las viviendas de la castiza calle de Descalzos.
HOY EN DÍA la zona ha sufrido un cambio tan radical que es necesario hacer un esfuerzo para identificar ambas imágenes. Los terraplenes que limitaban la Taconera por este lado fueron objeto de enérgicas intervenciones, que incluyeron desplazamientos de tierras y la construcción de grandes muros de contención. Todo ello, además de la existencia de un frondoso arbolado en las inmediaciones, impide la ejecución de la fotografía desde el punto exacto y con idéntico ángulo en el fue obtenida por el fotógrafo del año 1924.
El llamado Portal Nuevo, edificado por Víctor Eusa en 1950, sustituyó a la vieja pasarela metálica y se convirtió en el elemento más caracterizado de la zona, dominando desde lo alto el cruce entre la Cuesta de la Estación y la Cuesta de Curtidores, que desciende paralela al río buscando el puente homónimo. La torre del Puente Nuevo y el arbolado de detrás ocultan totalmente la plaza de la O e incluso las torres del Convento de los Descalzos, pero en cambio vemos el alineamiento perfecto de las casas del Paseo de Ronda, que son en definitiva las que permiten reconocer e identificar ambas fotografías.