PAMPLONA - Quienes viven en la Milagrosa luchan a diario con las consecuencias que supone compartir espacio con las bajeras de jóvenes: exceso de ruido durante la noche, suciedad, malos olores y delincuencia. Por eso, en una reunión celebrada ayer con el concejal de barrio, Valentín Alzina, cerca de un centenar de vecinos pidieron al Ayuntamiento que se cree una ordenanza municipal que regule el uso de estos locales privados, haciendo hincapié en establecer un horario en el que estos locales pueden ser utilizados, como ocurre con los bares.

Ante las numerosas quejas que los residentes hicieron llegar a Alzina, éste señaló que desde el Consistorio se va a “intentar sacar adelante una normativa”, pero apuntó que cree que “el tema del ruido lo regula una orden foral, así que sería competencia del Parlamento, no del Ayuntamiento”. “Se quiere hacer una normativa y yo me comprometo a pelear para que salga lo más adelante posible”, añadió. Aun así, el concejal de UPN dijo no conocer qué aspectos se incluirían en ella. A día de hoy, no existe una normativa que regule el uso de bajeras por parte de jóvenes, aunque sí hay diferentes leyes municipales que estipulan el límite de ruido (30 decibelios) y las condiciones que debe reunir el local para su uso.

Pero los vecinos de la Milagrosa quieren respuestas que ayer Alzina no supo responder. “¿Qué novedades tendrá esa normativa que quiere sacar adelante?”, preguntó un vecino que no consiguió respuesta. Otro le recordó que, si bien la regulación del ruido depende del Parlamento, existen otros municipios en cuyas normativas sí se limita el uso de locales de este tipo, permitidos por el Tribunal Superior de Justicia de Navarra. De hecho, en junio de 2013 existía proyecto de ordenanza municipal reguladora de locales de ocio privado aprobado por la Junta de Gobierno Local, que limitaba la apertura de bajeras hasta las 2.00 horas en días festivos y medianoche los laborales. “Desconocía ese aspecto”, reconoció Alzina.

Asimismo, quienes viven en este barrio de Pamplona se quejan de la poca eficacia de la Policía Municipal. “Llamas por el ruido y aparecen una hora y media después”, lamentó un vecino. “Cuando vienen, lo hacen con las sirenas, y eso hace que los chavales apaguen la música o dejen de hacer ruido y, cuando van a medir los decibelios, no los superan. ¿Por qué no vienen de paisanos?”, requirió otro.

Al problema del ruido se suma otro, derivado del uso constante de estos locales; la suciedad que se genera. “Mean en el portal, cagan entre los contenedores y te dejan todo lleno de basura; el olor es insoportable”, se quejaba una vecina al concejal. “Cuando rompen un cristal del portal o te estropean el coche, ¿quién lo paga? Nosotros, que no tenemos la culpa de esto”, se resignó una mujer. “Yo estoy con tratamiento y medicada, ¿este es el precio que tengo que pagar por querer vivir en el barrio de toda la vida?”, preguntó a Alzina otra.

Así, los residentes de la Milagrosa piden soluciones inmediatas al Ayuntamiento, extrapolables al control de apertura de los bares de la zona, que aseguran que no cumplen los horarios establecidos y que generan los mismos problemas que las bajeras. Además, piden más control policial, a lo que el concejal señaló que se ha aumentado las patrullas de la Policía Municipal por el barrio; algunos vecinos lo confirmaron, aunque subrayaron que ese hecho no ha mejorado la situación.

Sin respuestas. El concejal de barrio no supo dar un plazo para la aprobación de la normativa. “No depende solo de mí, pero se intentará que salga adelante”, afirmó tras la reunión.

Insultos. Los vecinos aseguran que al encararse con los jóvenes, sufren insultos e incluso agresiones. Un hombre denuncia que recibió una paliza hace 10 días. “Me estaban esperando en el portal. Es por las denuncias que hago de la situación del barrio”, aseguró.