El sepulcro: naturalidad yacente
Ante la proximidad de las procesiones de Semana Santa cabe recrearse en la joya escultórica de la Hermandad de la Pasión: el Cristo yacente, una de las tres copias originales de Valltmitjana
El paso del Santo Sepulcro o Cristo yacente de la Hermandad de la Pasión de Nuestro Señor Jesucristo de Pamplona es para el simple sentimiento visual y para los mejores especialistas en escultura del siglo XIX y XX, una producción artística de enorme valor. Además, es el paso más antiguo de la Hermandad. Sin embargo, su belleza y admiración se oculta bastante detrás de su posición elevada y acostada, poco propicia para la contemplación y nada generosa para los objetivos y flashes. Y su luz queda eclipsada por la belleza y fama indiscutible del paso municipal de La Dolorosa. Mas desde el punto de vista escultórico, arquitectónico y patrimonial, el Santo Sepulcro es la joya de más valor de la Procesión de Viernes Santo, sin desdeñar a ninguno de los otros 11 pasos que viven en la calle Dormitalería.
El Sepulcro pamplonés acumula el mérito durante 128 años del devoto esfuerzo y el enraizamiento de las más hondas tradiciones a través de sagas y generaciones familiares de hasta seis peldaños. Cargando este finísimo Jesucristo muerto y su geométrico catafalco eusiano, han hoyado el adoquín del entramado medieval de la vieja Iruña de forma anonónima alcaldes de la ciudad, como Joaquín Sagüés Amorena, y presidentes de Navarra, como Juan Cruz Alli Aranguren, y muchos otros vecinos de Pamplona y su Cuenca que por su solo arrimar el hombro ya son una autoridad testimonial de la cultura de nuestro pueblo. La naturalidad del paso quedó tildada en 1996 con la incorporación por primera vez de una mujer como porteadora. Fue Susana Sánchez de Majestad, con 18 años de edad. Mas las crisis (religiosa, de valores, cultura...) ha ido restando hombres y mujeres a la procesión del Santo Entierro. Los actuales jefes del paso, Francisco Javier Hurtado Balda y Sergio Domingo Fonseca, hacen un llamamiento a las personas interesadas en ser porteadoras de este paso para que se alisten hoy, 22 de marzo, entre 12.00 y 13.30 en la sede de la Hermandad de la Pasión en la calle Dormitalería, 13. También el próximo día 28 en el mismo horario. Con un poco de fuerza física y otra pizca de amor a las entrañas tradicionales y patrimonilales de esta ciudad, es suficiente. La experiencia es indeleble. ¡Ánimo!
riqueza escultórica El Cristo yacente del paso de el Sepulcro de Pamplona es obra del genial escultor barcelonés Agapito Vallmitjana i Barbany (1830-1905). Fue encargado a este escultor en 1885 por la Cofradía del Santo Sepulcro, que pagó 9.000 reales tras suscripción popular. Fue dos años antes de que las cofradías de la ciudad se refundieran en la actual Hermandad de la Pasión (18 de enero de 1887). Para la ejecución de la talla, Vallmitjana utilizó como modelo a su amigo Eduardo Rosales. El famoso pintor, enfermo de tuberculosis, evocaba el dolor divino de Cristo con una dulce expresión. Ya en la procesión de 1888 se describe a este paso como “una plataforma con un cuerpo rectangular de jazpe imitado sobre el que descansa el cadáver desnudo, sobre un sudario de talla, y velado solamente por una finísima y transparente sábana de nipis”. El Sepulcro, pues, se encargó en 1885, se entregó en 1886 y salió por primera vez en la también primera procesión de Viernes Santo de la Hermandad en 1887. ¿En 1886 lo hizo con la Cofradía del Santo Sepulcro?
El paso, salvo la talla del Cristo, fue remodelado en 1926. El armazón y andas nuevas las trazó el arquitecto local Víctor Eusa con su peculiar estilo de expresiva geometría. En ellas destacan 18 relieves de Ramón Arcaya con escenas de la Pasión de Cristo. Las medidas del paso son de 2,70 m (alto) x 2,15 (ancho) y 3,35 (largo). Su peso es de 765 kilos y es llevado en 2 turnos de 20 porteadores, que soportan una media de 36 kilos durante más de 2 horas. El tamaño del Cristo es algo más grande que un hombre maduro del siglo XIX.
El estilo de Vallmitjana bebió de las bellísimas fuentes pucelanas de Gregorio Fernández. El catalán realizó tres Cristos yacentes con el mismo modelo: Además del de Pamplona (1885-1886), está el primero esculpido en mármol en 1872 y que se lució en la Exposición Universal de Viena de 1873, y que hoy se exhibe en el Museo del Prado, y el del panteón de los Marqueses de Comillas en los jardines de Sobrellano, de Comillas (Cantabria). El de Madrid creó polémica entre los defensores de los cánones más rígidos de la época y los que admiraron su naturalismo y sensualidad helenísticas.
De los tres yacentes de Vallmitjana, el de Pamplona es el más fino por su perfeccionada talla y pulido. Su carácter de actor procesional lo acerca al espectador un día al año, pero se necesitaría ponerlo en valor y enseñarlo mejor con un sistema de elevación en la propia Hermandad. Lo que emana este Cristo supera lo espiritual; llega a lo sensorial. Más allá de la habilidad del autor y sus valores estéticos y religiosos, este Cristo yacente, emociona.
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