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Memorias de Iturrama

ÁNGEL Goñi, Jesús Azcárate e Ignacio Zoroquieta han sido testigos de la evolución que ha sufrido Iturrama a lo largo de los años, un cambio plagado de historias

Memorias de IturramaIÑAKI PORTO

pamplona - Hoy en día el barrio de Iturrama es sinónimo de edificios altos, aceras amplias, pisos de estudiantes y comercios. Sin embargo, hubo un tiempo en el que Iturrama eran casas bajas de una sola planta, caminos de barro y baños comunales porque en muchas casas no había agua corriente. “En aquellos tiempos ir a Pamplona era como un viaje. Cuando las madres iban a hacer la compra al mercado, nosotros íbamos luego a ayudarlas con las bolsas”, recuerda Ignacio Zoroquieta, que se crió en la calle Fuente del Hierro y lleva casi 66 años viviendo en el barrio. “Es que nosotros nacimos aquí, pero no en la maternidad ¿eh? En las casas”, explica con una sonrisa Ángel Goñi, también vecino de Fuente del Hierro, mientras pasea por las calles del barrio en el que pasó su infancia en compañía de Zoroquieta.

Ambos guardan buenos recuerdos del barrio y, sobre todo, de su calle. “Cuando nevaba, salíamos todos los chavales de 12 a 14 años en auzolán, a hacer caminos en la nieve para que las mujeres pudiesen ir a hacer la compra”, confiesa Goñi. “Y para que pudiese entrar el panadero...”, apunta Zoroquieta. El frontón López, uno de los emblemas del barrio, fue el rincón de juegos de los niños y niñas de aquel entonces. “Esto (por la plaza en la que está ubicado el frontón) era como una huerta. Así que nosotros veníamos por aquí y saltábamos un murete que había un poco más lejos y entrábamos. Fíjate si fue hace años que yo jugaba ahí con Retegui tío”, indica Zoroquieta a Goñi, que sonríe.

Estos dos antiguos vecinos de Fuente del Hierro, a donde la gente acudía, “incluso desde Pamplona”, a coger agua de la fuente con idéntico nombre, coinciden en que el buen ambiente reinaba en Iturrama y entre sus habitantes. Una opinión que comparte Jesús Azcárate, que llegó al barrio hace más de 30 años.

“En 1984 compré la bajera en la que puse el negocio y luego, en el 87 o por ahí, vinimos a vivir aquí”, comenta Azcárate, que durante muchos años regentó la papelería Séneca. “Al principio era una papelería, pero luego ampliamos de tal forma que nos convertimos en uno de los principales proveedores de material para la primera fase de la Universidad Pública de Pamplona”, comenta este excomerciante con orgullo.

En poco tiempo Jesús Azcárate, que nació el 18 de febrero de 1951 en un piso del número 34 de la calle Gorriti, se convirtió en el representante del barrio, velando por sus necesidades y tratando de mejorar su calidad de vida en lo posible. “Cada dos por tres me llamaba alguna señora para decirme que se había fundido la bombilla del banco en el que ella se sentaba y que, como para las 18 horas ya estaba oscuro, luego le daba miedo volver a casa o un grafiti o una pintada en tal calle. Era el pan nuestro de cada día, porque luego funcionaba mucho el boca a boca”, recuerda, añadiendo entre risas que “los del Ayuntamiento estaban hartos”.

Esta entrega y dedicación a sus vecinos y a su barrio le ha reportado muchas satisfacciones. “Un día, una señora iba por la calle con su nieto y me paró y le dijo al txiki: ¿Te acuerdas de ese señor que me ayudaba? Es este. Son cosas que te sacan la lágrima”, explica Jesús.

Al final, su interés en ayudar a los demás le llevó a participar en política. “Me presenté en el 99 como Independientes de Navarra, en representación del comercio. Fue en la misma candidatura en la que se presentaba Yolanda Barcina por UPN y estaba Chorraut como alcalde”, explica.

problemas A lo largo de los más de 30 años que lleva en Iturrama, Jesús se ha enfrentado a algunos problemas como la zona azul, contra la que llegaron a juntar más de 18.000 firmas, las bajeras o el trapicheo de droga.

“Me llamaron unos vecinos y me dijeron que por donde el frontón López y en la zona del instituto se trapicheaba con droga. Así que yo cogí y llamé a la Jefatura Superior de Policía, que eran clientes míos. Fui allá y el inspector enseguida se puso con ello. Algunas veces vigilábamos los dos, y otras yo solo para que los vecinos me contasen quiénes eran o dónde se ponían”, recuerda Jesús, para quien era muy importante “no crear alarma” entre los vecinos.

Regular las bajeras también fue otro gran triunfo para el barrio que Jesús encabezó. “Estábamos de acuerdo con que hubiese bajeras, pero con algunas condiciones, como por ejemplo, tener baño”, explica el excomerciante.