pamplona - La iniciativa arranca en los países escandinavos, donde el bienestar de los mayores lleva décadas siendo una cuestión de Estado, y como todas las buenas ideas comenzó a expandirse por el resto de los países europeos con más o menos fortuna. Se trata de que un grupo de personas de una cierta edad pueda convivir en un edificio en el que se habiliten espacios privados para que dispongan de intimidad y otras zonas comunes -como cocina, lavandería, comedor o sala de televisión- donde compartir con el resto de inquilinos un proyecto de vida conjunto.

En Pamplona funciona un grupo con este propósito desde hace cuatro años, cuando comenzaron a visitar proyectos en Estocolmo o Madrid con el fin de analizar las posibilidades de poner en marcha una iniciativa similar aquí. Este año se constituyeron en una cooperativa senior en régimen de cesión de uso, Etxekonak-Bat, para poder articular el proyecto.

Son cincuenta personas, sobre todo mujeres, mayores de 50 años y residentes en Pamplona y Comarca, que desprenden una ilusión contagiosa cuando se ponen a hablar de su propuesta.

Han estado en la Comisión de Derechos Sociales del Parlamento y recientemente acudieron a la sesión de Urbanismo del Ayuntamiento de Pamplona, donde centran buena parte de sus posibilidades de sacar adelante el proyecto.

Varios de ellos se reunieron la semana pasada en un local de la calle San Lorenzo para explicar en qué fase se encuentran y dar algún detalle de su iniciativa, que como explicó la presidenta de la cooperativa, Nieves Beloki, va mucho más allá que cambiar un piso por un apartamento tutelado. “Planteamos una forma diferente de abordar los enormes cambios sociodemográficos que está teniendo nuestra sociedad, especialmente en el caso de las personas de una cierta edad, que presentan unas características y necesidades muy diferentes a las de hace 20 o 30 años. No queremos hacernos mayores en soledad y creemos que tenemos mucho que aportar a nuestro entorno más cercano”.

José María Tabar, uno de los primeros en formar parte de la iniciativa, destacó la cohesión que mantiene el grupo después de 4 años de trabajo en común, pero consideró conveniente despejar algunos malentendidos sobre el proyecto. “El que se piense que así se obtiene una casa más barata está equivocado, no tiene cabida aquí. Es una iniciativa comunitaria, para vivir en comunidad, compartiendo una parte de nuestras vidas con personas que sienten lo mismo que nosotros. Es bien sencillo: se trata de convivir y compartir”.

Ellos no tienen problema de vivienda, porque todos tienen su piso. Las dificultades, según señaló Teo Ronco, otro de los promotores, surgen a la hora de encontrar la fórmula para hacer viable la iniciativa. En su caso, piden al Ayuntamiento que saque a concurso algún solar dotacional que permita poner en marcha el proyecto. “El problema es el suelo. Una cooperativa como la nuestra no puede competir por un terreno municipal con promotoras o constructoras privadas, por lo que consideramos necesario aplicar alguna cláusula social para que se nos adjudicara el espacio en régimen de cesión de uso. Los socios podrán usarlo durante toda su vida, pero pasaría a ser de propiedad y gestión pública al cabo de 70 años”.

El régimen de cesión de uso garantiza, además, que la cooperativa siga adelante al margen de las altas y bajas de sus socios, que nunca podrían repartirse la propiedad. En el caso de que decidieran abandonar el proyecto en cualquier momento, los asociados podrán recuperar la aportación inicial y sería la cooperativa la encargada después de elegir a su sustituto o sustituta.

Si contaran con un terreno (ya han visitado varias parcelas con técnicos de Pamplona), el préstamo correría a cargo de la banca cívica sobre una cuantía todavía sin determinar, pero en un proyecto similar que está en funcionamiento en Madrid se ha calculado un coste de 140.000 euros por vivienda comunitaria, cuando los precios eran previos a la crisis y por tanto, más caros. Etxekonak-Bat ha previsto contar con una parcela de 1.500 o 2.000 metros cuadrados para la construcción de entre 30 y 40 apartamentos, individuales y para parejas, además de la habilitación de las zonas comunes.

Los datos que presenta la sociedad pamplonesa -dentro de cuatro años, el 20% de la población tendrá más de 65 años- parecen darles la razón sobre la necesidad de abordar con imaginación y perspectiva el futuro de las personas mayores. “Es preciso buscar fórmulas de autogestión en ese camino de alargar la calidad de su vida sin ser una carga para el resto de la ciudadanía. Podemos y queremos gestionar nuestra propia vejez”, comentó Nieves Beloki.