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Vidas ejemplares de Pamplona

Mª Camino Oscoz Urriza (1910-1936): maestra de escuela y militante comunista, asesinada en 1936

De las 47 mujeres que fueron asesinadas en Navarra tras el golpe fascista, posiblemente la muerte que más horror produce, junto a la de la niña de Larraga Maravillas Lamberto, sea la de la joven maestra pamplonesa María Camino Oscoz

Mª Camino Oscoz Urriza (1910-1936): maestra de escuela y militante comunista, asesinada en 1936

Primeros años

María Camino Oscoz nació en Pamplona el 11 de abril de 1910. Sus padres eran Antonio Oscoz Casanova, nacido en Larrainzar en 1869, y la pamplonesa Anastasia Urriza Torres, nacida el mismo año. La pareja vivía en el nº 29 de la calle de Santo Domingo, en cuyos bajos regentaban una tocinería, en el local donde durante años ha estado la popular librería Abarzuza. Tuvieron cuatro hijos, llamados Josefina (1900), María Pilar (1904), Juan Antonio (1907), y la propia María Camino, la pequeña de la familia.

Cuando la joven contaba tan solo 8 años se produjo un hecho que habría de marcar el destino de toda la familia. Y es que la terrible epidemia de gripe de 1918, que fulminó a decenas de millones de personas en todo el mundo, acabaría con la vida de sus padres, Antonio y Anastasia, con una diferencia de 13 días, cuando tan solo contaban 49 años. Ello provocaría el traspaso del negocio y la dispersión de los hermanos, que tuvieron que pasar a vivir con distintos familiares. A pesar de todas las dificultades, la familia consiguió salir adelante. María Camino estudió en el colegio de las Teresianas, obteniendo muy buenas calificaciones.

Joseba Eceolaza, que publicó algunos datos biográficos de la joven, averiguó que Oscoz fue escogida entre todas sus compañeras para leer el discurso de despedida del colegio, honor que sin duda alguna se reservaba a las estudiantes más aplicadas. Pasó luego a la Escuela Normal de Maestras, donde al terminar el primer curso María Camino Oscoz obtuvo sobresaliente en las asignaturas de Religión e Historia Sagrada, Teoría de la Lectura, Aritmética y Geometría, Caligrafía y Educación Física (Diario de Navarra, 12-6-1927). La joven tenía entonces 17 años recién cumplidos.

Una trabajadora con conciencia de clase

El primer destino profesional de María Camino fue como maestra en el pequeño pueblo roncalés de Garde, donde se encuentra en el mes de abril de 1931 (Diario de Navarra, 10-4-1931). Dos años después, según informaba la prensa del 19 de noviembre de 1933, María Camino Oscoz participaba en el Cursillo de Selección Profesional de Magisterio de Navarra, en el cual consiguió el tercer puesto de un total de 75 maestros aprobados. El 5 de diciembre de 1935 fue destinada a la escuela de Güesa, en el valle de Salazar, con un sueldo mensual de 3.000 pesetas. No es preciso recordar que en aquel tiempo la vida de las maestras de escuela no era fácil, especialmente si eran mujeres jóvenes, pues estaban sometidas a una serie de agobiantes convencionalismos sociales.

Más aún en las zonas rurales, donde el impulso modernizador de la República apenas llegaría. Y todo ello debió de ser especialmente insoportable para María Camino, que por esas fechas demostraba ya su compromiso social y su interés por las nuevas corrientes pedagógicas. En Güesa, María Camino sufrió toda una campaña de acoso por parte del cura del pueblo, que no veía con buenos ojos a la joven profesora.

Desconocemos por qué vericuetos una maestra del primer tercio del siglo XX, nacida en el corazón mismo de la pacata y ultracatólica ciudad de Pamplona, se hizo militante comunista. Tal vez la tendencia izquierdista venía de la propia familia, o tal vez fuera por influencia de su hermano Juan Antonio, siete años mayor que ella, también maestro y comunista. Galo Vierge le atribuyó además una relación sentimental con un joven, Tomás Ariz, pamplonés de la Navarrería y abogado comunista, fusilado en los primeros días del golpe.

Sea como fuere, lo cierto es que la joven perteneció al PCE, desde donde desarrolló una actividad de captación de nuevos afiliados. También colaboró con una asociación de inspiración comunista, denominada Socorro Rojo Internacional, que se dedicaba a llevar ayuda solidaria a los militantes en apuros. Y según el historiador Josu Chueca, perteneció también a Emakume Abertzale Batza, foro donde confluían muchas mujeres progresistas y nacionalistas.

En los últimos meses de su vida, además, había solicitado su ingreso en el sindicato socialista UGT, como informaba su órgano de comunicación, la revista “Trabajadores”, en sus números del 18 y el 25 de enero de 1936. La fotografía más conocida de María Camino, obtenida sin duda en estos últimos tiempos, en el estudio del fotógrafo José Galle, nos muestra una joven sonriente, de pelo liso y claro y ojos también claros, y tocada con una boina, ladeada sobre la cabeza, que le da un aire ciertamente militante.

Casa donde vivió María Camino Oscoz

La joven maestra no permaneció impasible ante los desmanes de la derecha navarra, que iba calentando los ánimos con el objetivo último de derribar la República. Así, por ejemplo, según la revista Trabajadores (20-5-1932), María Camino Oscoz contribuyó generosamente en la colecta pública organizada para ayudar a los dos jóvenes socialistas asesinados el anterior 17 de abril. Como se recordará, aquel día, domingo por la noche, en una pelea entre jóvenes socialistas y carlistas ocurrida en la plaza del Castillo, en los porches del bar Torino y junto al hotel La Perla, murieron dos jóvenes socialistas y un carlista. Según los testigos, las muertes fueron causadas por los disparos de pistola efectuados por un derechista, cosa que Diario de Navarra negaría con vehemencia (20-5-1932). Sea como fuere, María Camino, concienciada, solidaria y militante, terminó por convertirse en objetivo de la represión fascista.

Detención y muerte

María Camino fue arrestada en Pamplona 13 días después del golpe, el 31 de julio, y conducida a la cárcel, donde coincidió con Galo Vierge. El militante anarquista, en sus memorias, recordaba haberla visto temblando y aterrorizada. Son muchos los testimonios que hablan de la detención y muerte de la maestra, y sobre ello, además del ya citado Galo Vierge, llegaron a escribir desde Jimeno Jurío y Sánchez Ostiz hasta el mismísimo Pío Baroja, pasando por el célebre doctor Victoriano Juaristi, que incluso debió intentar mediar para salvarla. Todo fue inútil.

Detenida por falangistas en la tarde del día 31, la llevaron a su cuartel general, donde la sometieron a todo tipo de vejaciones y le obligaron a tomar aceite de ricino. Luego, entre risas, la pasearon por la plaza del Castillo y la llevaron a la cárcel, donde quedaría detenida y donde coincidió con Vierge. Permaneció en la cárcel hasta el 10 de agosto, día en que le dieron “el paseíllo”. Según las citadas fuentes, la metieron en un coche, donde habría sido violada, y la condujeron hasta lo alto de la sierra de Urbasa, concretamente al mirador de Urbaba, más conocido como Balcón de Pilatos, un precipicio con cerca de 300 metros de caída. Allí, según las versiones más piadosas, la arrojaron al suelo y le dispararon, tirando el cuerpo al vacío.

Otras versiones, sin embargo, afirman que la arrojaron aún viva, y que no murió de forma instantánea, sino que pudieron oírse sus lamentos pidiendo ayuda. Más tarde, unos vecinos del cercano pueblo de Baquedano encontraron el cuerpo, ya sin vida, y la enterraron en un lugar no localizado.

El golpe que la gripe de 1918 había propinado a la familia Oscoz-Urriza fue certeramente rematado por el alzamiento fascista de 1936. Asesinada María Camino, su hermano Juan Antonio tuvo que huir a Francia, donde fue internado en un campo de concentración y donde vivió el resto de su vida. Pilar marchó a Canadá, por lo que Josefina fue la única que se quedó en Pamplona. Hoy en día sabemos que la represión fascista se cebó especialmente con el cuerpo de maestros. La Junta Superior de Educación, presidida por José Gómez Itoiz, y compuesta entre otros por el subdirector de Diario de Navarra, Eladio Esparza, fue la encargada de confeccionar las “listas negras”. Un total de 344 maestros terminarían por ser represaliados, de las cuales 36 serían finalmente asesinados. Entre ellos, la única mujer fue María Camino Oscoz. El ayuntamiento de Cambio le dedicó en 2019 una calle en el nuevo barrio pamplonés de Lezkairu.