En 1986 Barricada presentó en el Garazi su disco No hay Tregua. El Drogas y su banda –Flako Txarrena al bajo, Txus Maraví a la guitarra y Nahia Ojeta a la batería– volvieron este jueves al mismo escenario para despedir a Marisa. Y el fotógrafo Peio h. inmortalizó ambos conciertos. Casi 40 años de distancia entre dos imágenes en las que repiten Marisa Marco y Enrique Villarreal, ambos de la misma quinta.
“Hace 39 años con Barricada pasamos por el Bar Garazi. Hoy como entonces ahí estaba Marisa. Se te quiere...”, ha expresado el Drogas en redes sociales. El concierto era un homenaje que pilló desprevenida a la recién jubilada, que no se olía la sorpresa. “Llego a las ocho y empiezan a tocar. Me quedé flipada. Muy emocionada, todo gente conocida...”, ha recordado este viernes.
Fue algo más de una hora de concierto en un bar repleto con temas de Barricada, Txarrena y El Drogas. “Me siento muy querida y me ha hecho mucha ilusión”, ha incidido la hostelera tras este nuevo homenaje. Porque el barrio ya le despidió con una fiesta hace un par de sábados, coincidiendo con Caldereros: “Ya vale, que voy a pensar que soy famosa”, se reía.
Marisa cierra etapa con un reconocimiento de altura. “Además Barricada y El Drogas son los dos grupos que más me gustan”. Y de recuerdo, una púa que lleva colgada al cuello.
En 1986 el bar de Calderería prácticamente acababa de abrir sus puertas –lo hizo solo un año antes– y al fotógrafo aficionado Peio h le habían encargado una exposición en el Garazi, “pero por llenar las paredes, porque en esos años aquello estaba recién montado”, recuerda.
Las fotos de una sobrina con gotero o un pastor del Pirineo convivían en las paredes sin ninguna conexión ni criterio. A Peio le llegó un nuevo encargo: 'Viene Barricada a tocar', le dijo Marisa. “Yo no sabía ni que iba a estrenar disco ni a dejar de estrenar”, dice. El caso es que ahí está la foto con tres melenudos, un Drogas descamisado, Alfredo y Boni. Con Marisa detrás de la barra mirando a cámara.
El jueves “esa es la foto que fui a hacer”, ha destacado. Estuvo todo el concierto “jodido junto al altavoz, sin poder moverme”. Y aunque en la villavesa todavía le retumbaba la cabeza, lo consiguió. Dos fotos que reflejan 40 años de Iruña y rock and roll.