Algún día España abandonará las excusas de mal pagador, y peor perdedor, y se pondrá de verdad ante el que debería ser su espejo olímpico, por la similitud sociológica entre ambos países: Italia. Con apenas 9 ó 10 millones más de habitantes (59 unos, 50 los otros), los italianos ganan a España en medallas en Juegos de Verano por 672 a 187 y en los de Invierno por 141 a 7. Eso no es una goleada; es un baño humillante. Y lo curioso es que una de las claves de ese éxito es relativamente sencilla de llevar a la práctica: en Italia, a los olímpicos se les incluye en selecciones deportivas del ejército o de los diversos cuerpos de seguridad del estado. Es decir: un sueldo y un futuro profesional para que se centren tranquilamente en lo suyo, sin el miedo permanente a perder becas por lesiones o por traspiés deportivos. Pero, claro, en Italia les parece importante lograr medallas olímpicas mientras que España va a los Juegos a ver cuántas flautas suenan.