Los cuatro meses largos de cautiverio de las aves de la Taconera, liberadas este martes, han dejado alguna anécdota curiosa. Como una especie de Rebelión en la granja en el mini zoo de la ciudad. Tras el confinamiento decretado por orden ministerial, los trabajadores comprobaron los primeros días que las mallas amanecían rotas. “¿Quién romperá esto?”, recuerda Martín Olza que se preguntaban. “Al principio no lo relacionábamos con los animales, e íbamos parcheando el problema”, reconoce.
No tardaron en descubrir a las causantes del sabotaje: las ocho ciervas del parque. “Se comían un trozo de brida tirando, y la malla verde la rompían a cabezazos”, explica. “Metimos casi todos los animales, y luego las ciervas comenzaron a romper las jaulas. Se escaparon muchos, y los pavos reales no había manera de cogerlos otra vez”, dice por su parte Patxi Lerga sobre el rescate rumiante de sus compañeros de parque.
Detectado la rebelión, se buscó una solución: “Cuando las ciervas empezaron a morder las mallas de las jaulas, decidimos independizar las zonas y aislar a las ciervas en la parte superior del parque, que es donde más les gusta estar, protegidas en la zona de árboles. Y se reforzaron las jaulas mediante la instalación de pastor eléctrico para que no pudieran tener acceso”, explica María Resano, veterinaria del Servicio de Inspección Alimenticia y Zoonosis del Ayuntamiento de Pamplona. Rebelión sofocada.