Quedan los miércoles y tocan el ukelele. Por esos a sus sesiones las llaman mierKuleles, iniciativa inspirada en el Ukulele Wednesday londinense. En este caso en la capital navarra, a las 20.00 horas en el bar Aloha de la calle Sandoval. “Nos juntamos para pasar un rato divertido. Las canciones se proyectan en una pantalla –letra y acordes– y se van tocando y cantando. Son sesiones abiertas, no hace falta ser socio para acudir”, dice Fran Hidalgo, pamplonés de 51 años y presidente de Navarra Ukeclub desde su fundación en 2019. Una asociación con 22 integrantes, aunque “también hay gente que no es socia y viene a las actividades”, resume.
Hidalgo explica que el ukelele “ha tenido unos años de auge. Es un instrumento de cuatro cuerdas con un sonido peculiar, muy dulce, brillante. Lo puedes llevar a cualquier sitio y eso lo hace atractivo. Además, la curva de aprendizaje es muy sencilla, con poco esfuerzo enseguida notas resultados. En nuestro club hay gente que no sabe nada de música, y con un poco de práctica es un instrumento que se puede aprender”, argumenta.
Él es músico y toca el piano. Y se acercó al ukelele porque “quería aprender otro instrumento de forma autodidacta, sin pasar por una enseñanza reglada. Y quería que fuera más transportable que el piano”, se ríe. “Sabiendo música es muy fácil de aprender”, confiesa.
Cancionero “muy currado”
En su web Navarraukeclub.org disponen de un cancionero con más de 600 temas del que tiran para sus sesiones de los miércoles. “Si de algo podemos fardar es de nuestro cancionero, que es abierto y uno de los mejores que existen. Muy currado, con una sección en castellano y otra en inglés”, asegura. El grupo realiza además talleres puntuales en Civivox –de teoría musical o rasgueo, por ejemplo– algún concierto en residencias y hospitales, y mantiene esos mierKuleles de conciertos como principal actividad. Con una premisa clara: “Cualquiera que quiera participar puede venir y pasar un buen rato con nosotros”.