Pese a que 51 personas han sido reubicadas en distintos servicios sociales, la estampa después del desalojo del convento de Aranzadi ha revelado la situación de vulnerabilidad en la que han quedado los desahuciados. En un merendero de la zona, tres jóvenes que abandonaban el edificio con sus objetos personales en mochilas y bolsas de rafia han lamentado que no sabían “dónde iban a dormir a partir de ahora”. 

Otro varón que cargaba con sus enseres –guardados en bolsas de basura– mientras se alejaba del parque de Aranzadi ha expuesto que acudiría a Katakrak para pasar la noche, pero que no disponía de un plan más a largo plazo. Esta misma persona ha confesado que nadie les ha comunicado con antelación que serían desahuciados, sino que la intervención ha comenzado “sin avisar”.

Después de ser desalojados, varios afectados han permanecido a las puertas del Complejo Deportivo Aranzadi y, sobrecogido por la situación, uno de ellos ha comenzado a lanzar sus objetos personales a la vez que lamentaba la injusticia que estaba viviendo. Instantes más tarde, en torno a las 10 horas de la mañana, un varón ha agarrado un objeto punzante de su mochila y se ha ocasionado varios cortes en los brazos y en la cabeza. 

Apenas media hora después, las excavadoras y los operarios han entrado al recinto para comenzar con las obras del convento, que se convertirá en un centro sociosanitario especializado en rehabilitación neurológica y funcional, así como en cuidados residenciales continuados y paliativos.

Durante el resto de la mañana, los afectados se han acercado al Ayuntamiento y a las oficinas municipales de Zapatería para denunciar los hechos.