El Vinofest Navarra arrancó este viernes en Baluarte con una alta participación en su primera jornada, en una edición que volverá a reunir a cerca de 2.000 personas entre los días 17 y 18 de abril. Con la presencia de 22 bodegas, la cita se consolida como uno de los principales encuentros en torno a la cultura vitivinícola en la Comunidad foral.

El festival, que alcanza su decimotercera edición, sirve también como escaparate para vinos menos conocidos y nuevas referencias, con el objetivo de acercar al público la diversidad del patrimonio vitivinícola navarro.

La inauguración contó con la participación de Beatriz López Martínez, responsable de la vinoteca Reyna de Copas y madrina del evento, quien agradeció el reconocimiento y puso en valor el trabajo de las bodegas y del conjunto del sector.

Desde primera hora de la tarde, el flujo de asistentes fue constante, con colas en algunos estands y un ambiente marcado por el carácter social y distendido del evento. Entre el público, muchos jóvenes que acudían por primera vez atraídos por la posibilidad de probar distintos vinos en un mismo espacio.

Entre ellos estaban Miquel Tanco, Iliam Sánchez y Carlos Arrice, quienes disfrutaban por primera vez de esta experiencia. “Sobre todo nos gusta el vino y el ambiente, que es muy sano y social. Nos gustan las experiencias en bodegas y todo lo relacionado con el mundo del vino, así que poder disfrutarlo en Pamplona es una muy buena oportunidad”, explicaron.

Como ellos, muchos asistentes optaban por recorrer los diferentes puestos sin una idea fija, abiertos a descubrir nuevas referencias. “Preferimos ir probando distintos vinos y descubrir cuál nos gusta más”, señalaron.

Más blancos, menos tintos

Una de las tendencias que se repitió tanto entre el público como entre los profesionales fue el cambio en los hábitos de consumo, con un creciente protagonismo del vino blanco frente al tinto.

“Coincidimos en que el vino blanco está ganando popularidad y cada vez se consume más”, apuntaron los jóvenes asistentes, que lo relacionan con un consumo más informal, aunque el tinto sigue siendo el favorito de muchos, especialmente en comidas.

Desde los estands, esta percepción se ha confirmado. “Estamos viendo una disminución en el consumo de vino tinto y un aumento en el de vino blanco”, explicaron desde una de las bodegas participantes. Esta tendencia se atribuye, en gran medida, a la incorporación de público joven, que “prefiere vinos más frescos y afrutados”.

Contacto directo con el consumidor

El evento permite a las bodegas presentar distintas propuestas al público, desde blancos como el chardonnay o la garnacha blanca hasta rosados y tintos más estructurados, como crianzas o elaboraciones procedentes de viñedos viejos, que siguen despertando gran interés entre los asistentes.

Para hacer frente a la demanda, cada bodega acude con una previsión que ronda entre las 100 y las 150 botellas, en función de la variedad de vinos que presenta y la afluencia esperada.

Más allá de la degustación, los profesionales destacan el valor del contacto directo con el consumidor. “Son fundamentales, ya que permiten conocer de primera mano qué busca la gente y cómo responde a los vinos”, señalaron.

El evento se organiza en tres sesiones: una el viernes en horario de tarde (17.00 a 20.00 horas) y dos el sábado, por la mañana (11.30 a 14.30 horas) y por la tarde (17.00 a 20.00 horas). El precio de la entrada es de 18 euros e incluye la degustación de los vinos presentados y una copa de cristal.