El grupo municipal socialista de Pamplona ha valorado el diagnóstico sobre la convivencia en la ciudad como un “paso importante”, subrayando que el Plan de Convivencia responde a una exigencia política impulsada por el PSN y debe convertirse en una prioridad de ciudad. El informe constata que Pamplona-Iruña mantiene una convivencia razonablemente sólida en la vida cotidiana, apoyada en políticas de igualdad y mediación, aunque identifica retos como el aumento de la polarización, la crispación política y los discursos de odio, especialmente en torno a la migración. La portavoz socialista, Marina Curiel, ha destacado que la convivencia no puede darse por supuesta y exige políticas valientes para fortalecerla y actualizarla.
La memoria como eje de legitimidad
En este sentido, el PSN pone el foco en la memoria democrática y el reconocimiento de las víctimas como base imprescindible para construir una convivencia real, señalando que este eje es lo que da legitimidad a todo el proyecto. Los socialistas reclaman claridad política y ética, defendiendo un enfoque basado en el rechazo inequívoco de todas las violencias y en el reconocimiento plural de todas las víctimas sin ambigüedades. Curiel ha subrayado que la ciudad no puede construir su futuro mirando hacia otro lado, por lo que exige actuar frente a los discursos que dividen y generan desconfianza entre la ciudadanía.
Un pacto con impacto en los barrios
Finalmente, el grupo socialista ha insistido en que el futuro plan debe abordar de manera directa los conflictos cotidianos en los barrios y los desafíos detectados, como los discursos hostiles hacia la población migrante. El objetivo es que este documento no se quede en una declaración de intenciones, sino que sea un instrumento útil, evaluable y con impacto real. Para el PSN, el Plan de Convivencia debe ser un verdadero pacto de ciudad que coordine políticas, marque prioridades y mejore la vida cotidiana de las personas.