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Lencería Chala, en Iturrama, se liquida y cambia de manos

El relevo de las hermanas Anabel y Mari Jose Armendáriz, tras 44 años, lo toma Damaris Salazar, dependienta de la tienda de la calle Sancho Remírez

Lencería Chala, en Iturrama, se liquida y cambia de manosJavier Bergasa

Lencería Chala Moda está más a rebosar de conjuntos que nunca. Se han amontonado las prendas de las temporadas anteriores con las de la actual y “más que jubilarnos, tendríamos que comprarnos otra tienda”, bromea Anabel Armendáriz, quien junto a su hermana, Mari Jose, ha gestionado durante 44 años –desde 1982– el local de Iturrama que se liquida por traspaso y que adquirirá Damaris Salazar, una de las dependientas.

La ropa sigue el estilo que representa a las hermanas. “Es casual, pero alternativo; no lo lleva todo el mundo”, describe Anabel, la mayor. Para traer las colecciones, ambas ojean un muestrario o acuden a los showroom de las grandes marcas y eligen las prendas que más les gustan, siempre teniendo en mente los conjuntos que después les ofrecerán a sus clientas. “Nos piden que les asesoremos para combinar estampados, colores y formas, o para encontrar piezas que les hagan verse mejor. También les hacemos pequeños arreglos como meter el dobladillo”, explica Mari Jose

Las dos hermanas Armendáriz posan junto a Damaris, en el escaparate de Lencería Chala Moda.

La clientela está conformada, principalmente, por mujeres “que no quieren vestir como señoras ni por asomo”, explica entre risas Mari Jose. Sin embargo, por su proximidad con el centro educativo, también echan una ojeada por sus perchas jóvenes que estudian en la Universidad de Navarra y que viven por el barrio. “Hay cosas que las traemos pensando en gente más mayor y resulta que se lo acaban comprando chicas de menos edad que saben cómo conjuntar las prendas para que les luzcan”, dice Anabel. De hecho, como muchas vienen de otras partes del país y, “al final, nuestra ropa acaba yéndose fuera: a Canarias, a Galicia...”.

“Hay cosas que las traemos pensando en gente más mayor y resulta que se lo acaban comprando chicas jóvenes"

Anabel Armendáriz . Lencería Chala Moda

Cambio de manos

El comercio empezó gracias a la madre de Anabel y Mari Jose, que se dedicaba a hacer punto y tenía ilusión por montar una tienda de lanas donde también se vendiera ropa de niño y lencería. Las hermanas comenzaron a trabajar allí desde muy jóvenes: la mayor, con 20 y la menor, con 19. “Nos cogíamos 500 pesetas a la semana. ¡No sabíamos ni cuánto teníamos que cobrar!”, recuerda Anabel.

El tiempo y la experiencia les fueron enseñando y las hermanas consolidaron una tienda que funciona tan bien que necesitaron contratar a una dependienta para poder liberarse de la elevada carga de trabajo. “Damaris vino un verano para cubrir las vacaciones, hace seis años, pero volvimos a contar con ella cuando necesitábamos más tiempo libre”, describe la mayor.

Ella también había trabajado atendiendo a clientes en su país, Ecuador, y el de dirigir un negocio como Lencería Chala Moda era el sueño de la joven cuando llegó a Pamplona. “No tenía claro en qué iba a trabajar, pero me gustaba mucho estar de cara al público porque eso es lo que hacía en casa, en el comercio de mis padres”, dice. “Mi sueño era tener una tienda así, pero claro, de lo que soñamos a lo que podemos hacer...”, sigue.

Cuando las hermanas regresaron de la inmobiliaria, le contaron a Dameris que, a partir de ahora, había que buscar a alguien que quisiera quedarse con el local. “La miramos y la vimos muy callada”, recuerda Anabel. Entonces, le preguntaron: “¿No querrás quedártela tú?”, y Dameris contestó: “Pues no me importaría”. La joven reconoce estar nerviosa porque la atención al cliente, dice, “es diferente aquí que en Ecuador”, aunque cada vez se desenvuelve con más confianza y cariño.

Asesoramiento de moda

Si bien es cierto que las chicas jóvenes parecen ser más autónomas en las compras, las mujeres más mayores suelen preferir que alguien las asesore, y Anabel y Mari Jose llevan la friolera de 44 años entrenándose y viendo cómo las modas han ido evolucionando. En la lencería, por ejemplo, “hay temporadas que se lleva lo liso y poco después vuelve el encaje”, explica Mari Jose, pero en general, las tendencias parecen haberse unificado. “Los colores y los diseños son los mismos en todas las marcas”, lamenta la hermana pequeña. En parte, en ello reside lo especial de las tiendas de barrio; en que cuentan con prendas que no se ven tanto por la calle.

Por suerte, el relevo que toma Dameris garantiza a la clientela del barrio la continuidad de una tienda en la que encuentran mucho más que ropa. “Cuando pusimos el cartel de liquidación, vinieron todas a preguntar preocupadas. Ya se ha generado una amistad entre nosotras”, cuenta Anabel con orgullo. Dameris, que se encargará sola de la tienda –al menos, de momento– celebra haber sabido ganarse la confianza de las clientas para esta nueva etapa.