Dos hermanas corellanas en El Jardín de Iturrama
Julia e Irene Arellano recogen el testigo de la emblemática floristería del barrio de Pamplona tras 45 años regentada por una misma familia
Vuelve a brotar en Pamplona la floristería El Jardín. Ubicada enIturrama 43 Bis, este comercio lleva en pie desde 1980 bajo el cuidado de María Pilar Escudero Navarro y, posteriormente regentado por su hijo Juan Pedro Sanz. Tras 45 años al frente, el pasado 29 de enero cerró y colgó un cartel que decía así: “Se traspasa por jubilación”. Con mucha suerte, dos hermanas que con frecuencia pasan por delante, vieron el aviso y, tras muchas vueltas a la cabeza, decidieron apostar por esta oportunidad. Julia e Irene Arellano, naturales de Corella, dejaron sus respectivos trabajos y estudios para dedicarse a este oficio sin apenas conocimiento previo. Después de unas semanas en reformas reabrieron la tienda el 20 de abril con una mezcla sentimientos, pero sin saber la gran acogida que tendría días después de la reapertura.
“Vamos a hacerlo”
“¿Por qué no?” Así comenzó todo. Julia, de 28 años y con un trabajo estable en una consultora, pasaba delante de este local en venta y no dudó ni un segundo en hacerle una foto al cartel y mandársela por Whatsapp a su hermana Irene, de 23 años y a un paso de ser enfermera. “Yo pensaba que nos estaba gastando una broma”, confiesa la más joven de ellas. Ambas, muy creativas y con una gran pasión por los trabajos manuales, decidieron apostar de lleno por este negocio.
“El público confía en nosotras y está muy contento con el relevo”, así relatan Julia e Irene sus primeras sensaciones respecto a estos meses, a pesar de que comenzaron con mucha incertidumbre, y sin saber muy bien si obtendrían la acogida que esperaban. “Es que no ha parado de entrar gente. Unas colas... que pensábamos que estaban esperando al autobús”, comentan. Sus expectativas han sido superadas con creces. No obstante, confiesan que la gente suele tener este trabajo idealizado. Al no contar con un horario fijo, suelen entrar pronto por la mañana y, en ocasiones como por ejemplo la época de graduaciones universitarias, han acabado yéndose ya entrada la madrugada.
A menudo se acercan personas a felicitarles por la labor realizada pero, sobre todo, reciben a diario a mucha clientela nueva. “Nos emociona mucho la ilusión con la que la gente desconocida se acerca y, más aún, cuando regresan porque les ha gustado nuestro trato, lo que teníamos o el producto que ofrecemos”. Concretamente, hace apenas unos días recibieron una llamada de un hombre que contactaba desde Sevilla para encargar un ramo que debía entregarse por la zona. Lo llamativo no fue el pedido en sí, sino que venía por recomendación de la hija de un amigo suyo, que estudia en Pamplona.
Además, tal y como cuentan, tuvieron mucha suerte ya que comenzaron en meses de temporada alta debido al día de la madre y a las graduaciones universitarias.
Un barrio muy activo
Han descubierto que Iturrama tiene mucha vida y que sus vecinos son fieles compradores de los comercios de la zona. Especialmente de este, por ser uno con mucho recorrido y muy consolidado en el área. Cuentan con la ventaja de que el local hace esquina y tiene una amplia cristalera. “Se nota mucho cuando estamos y cuando no. Por ejemplo, la semana pasada cerramos unos días porque nos fuimos a un curso de formación y a la vuelta nos recriminaron la ausencia”, cuentan Julia e Irene.
Apostaron por este gran negocio sin apenas conocimientos sólidos para ello, aunque su abuelo era un hombre de campo. Por eso, cuando el trabajo les permite, suelen apuntarse a cursos formativos; ya han acudido a Madrid en varias ocasiones. También se nutren a través de libros que compran y coleccionan, aunque confiesan que han aprendido mucho más, una vez que han estado en contacto con las flores. “Empezando de cero es imposible saber de todo. Vas aprendiendo con la experiencia del día a día”, explican. Y continúan: “En este oficio, como en todos, nunca dejas de formarte”.
Ambas comparten una misma ilusión: formar parte de algunos de los momentos vitales más importantes en la vida de las personas. Muchas veces no hace falta que los clientes digan nada; basta con ver la sonrisa con la que abandonan la tienda. “A menudo le digo a mi hermana: mira, a esta persona igual le hemos hecho el día”, cuenta Irene. Son estos pequeños detalles los que les recuerdan por qué decidieron embarcarse en esta aventura.
Elegir una sola flor de entre todas las que llenan la floristería les resulta prácticamente imposible, aunque reconocen que sienten una especial inclinación hacia las flores silvestres y aquellas menos habituales, pero no tienen reglas fijas y se adaptan a los gustos y colores de cada uno. Su filosofía podría resumirse en un “más es más”. Además, procuran incorporar novedades constantemente. Cada semana traen una flor diferente y, recién llegada, acaba convirtiéndose en su flor favorita durante días.
Más allá de las flores, lo que caracteriza su manera de trabajar son los pequeños detalles. Y cuando se les pregunta por sus sueños a futuro, aunque no descartan poder hacer pequeños talleres o actividades en el local, la respuesta llega sin grandes ambiciones. “De momento, el sueño ya lo tenemos aquí”, afirman.