madrid - Pedro Sánchez, un gran desconocido para la ciudadanía y la propia militancia socialista hasta hace escasas semanas, se ha ido convirtiendo en el imán de una mayoría heterogénea a la que ayer se sumaron las bases del partido y le convirtieron en el nuevo líder del PSOE. En menos de un mes, Sánchez, “un tal Pedro”, que cuando empezó a postularse apenas tenía opciones, ha sabido capitalizar a favor de su candidatura la retirada de Susana Díaz y el castigo de Andalucía y de otras federaciones a Eduardo Madina. Precisamente, su no pertenencia a los aparatos del partido ha sido uno de los argumentos más explotados por Sánchez.
El candidato que el mes pasado contaba únicamente con el apoyo del 10% de los militantes (frente al 41% de Madina y el 22% de José Antonio Pérez Tapias) es ahora el líder que han elegido para devolverles la esperanza.
La preparación y eficacia del diputado madrileño son ya tan conocidas como su atractivo y telegenia, las mayores bazas de quien anunció su candidatura ofreciendo “unidad” y “cambio” para convertirse en la amalgama del socialismo español en sus horas más bajas.
A sus 42 años Pedro Sánchez y su carácter “afable” ha conseguido en más de una federación que dirigentes y cuadros medios que no se hablaban entre sí trabajen juntos para él, una habilidad para sumar a gente incompatible que no ha tenido su principal adversario. Su fuerza como imán de mayorías atrajo más avales hacia él que la suma de sus dos contrincantes.
Licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Complutense de Madrid, Sánchez sabe inglés y francés. Con 31 años fue responsable de los temas de Economía y Urbanismo del PSOE en el Ayuntamiento de Madrid y entre 2004 y 2009 concejal en dicho consistorio, donde era conocido como Pedro el guapo. En esa época se casó y Trinidad Jiménez, su madrina política, ofició su boda no religiosa en el hipódromo de la Zarzuela.
Sánchez cambió entonces el popular distrito de Tetuán, donde vivían sus padres, por el prestigioso municipio de Pozuelo de Alarcón, y quiso también dar el salto a la política nacional, aunque el resultado de las generales de 2008 no le permitió conseguir escaño. Entró en el Congreso al año siguiente.
Los que han tratado con él hablan de alguien “muy trabajador”, “competitivo”, “eficaz”, “ambicioso”, “calculador” y “preciso”. Dicen además que es “simpático”; tiene dos hijas y jugó al baloncesto hasta los 21 años en el Estudiantes. - Efe/E.P/D.N.