"Decir que los jóvenes son de derechas es caer en un error"
Dos investigadores de la UPNA contextualizan el supuesto auge de posturas escépticas entre la juventud
Si Xabier Tirapu Intxaurrondo (Pamplona, 17 de diciembre de 1995) y Lucía Pérez Peña (Valladolid, 3 de marzo de 2002) tienen que resumir los datos de ambas encuestas, coinciden con un mensaje optimista: “No estamos tan mal”.
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Los dos, sociólogos e investigadores en la UPNA, insisten en que se debe evitar una lectura alarmista. Es más: recuerdan que la mitad de los jóvenes hacen voluntariado, que es un sector de la población con mucha inquietud y participación política –en movimientos contra los desahucios, en la defensa de los derechos palestinos, en la crítica a la turistificación de las ciudades...–, y que cada elección acude a las urnas.
Lo que pasa es que tienen otra forma de participar –en movimientos menos rígidos, más espontáneos– y en ocasiones pueden considerar que los partidos políticos no logran resolver sus problemas cotidianos.
Eso puede generar un desencanto, es cierto. Pero ni va a traducirse en regresiones democráticas ni por el momento va a servir para catapultar a la derecha. “Lo que nos dicen los datos es que no hay una apuesta por el autoritarismo, sino un deseo de profundización en la democracia para que sea más representativa”. Es una idea que sostiene Xabier Tirapu, que trabaja como profesor en la UPNA. El año pasado leyó su tesis y ahora investiga sobre transición a la adultez, juventud y empleo, emancipación y formación. Le acompaña la doctoranda Lucía Pérez, que acaba de ganar una beca del Ministerio para hacer una larga investigación sobre jóvenes y participación política.
Discurso excepcional
Ambos entienden que los datos responden al discurso que cala en “una excepcionalidad”. “En realidad, algunos jóvenes critican que el sistema actual les ha relegado a los márgenes, que no les reconoce como sujetos políticos”, aclara Pérez Peña, que puntualiza que el perfil de quienes responden que no hay diferencias para nada es representativo. Encuentran dos motivos. El primero, que los jóvenes no han tenido experiencia directa de lo que ha sido la dictadura, a diferencia de sus abuelos. A esa falta de “información de primera mano” suman un currículo educativo donde no hay mucho espacio para la memoria histórica.
Este problema creen que viene más de la escuela que de otros ámbitos, porque el consumo de medios en jóvenes no es tan distinto. “Se dice mucho que los jóvenes no leen prensa pero no es así: el 27% dice que se informa por periódicos o por medios web, un porcentaje no tan lejano de la franja de edad que más periódicos consume, que es la de 65 años o más –33,5%–.
Aquí también hay patrones de consumo muy distintos. Por ejemplo, la gente mayor escucha muchísimo más la radio, un medio casi inexistente para los jóvenes –5,4%–.
Donde hay mucha diferencia es en las redes sociales. Los jubilados son casi ajenas a ellas. Los jóvenes las usan los que más, y al mismo tiempo son los más críticos con ellas. La desafección, considera Pérez Peña, viene porque los jóvenes quieren tener una mayor capacidad de decisión y que se les reconozca como sujetos sociales y políticos en el presente, con necesidades e intereses específicos que han de ser atendidos desde los programas políticos y las acciones institucionales. En el actual esquema, los partidos políticos no alcanzan a satisfacer todas sus demandas, sino que ejercen de tapón. “Participación política hay, mucha, pero se hace por otros medios”.
Además, “la estrategia comunicativa de la ultraderecha en cuanto a la capitalización política de los malestares de la juventud pasaría por tratar de construirse como una alternativa ajena al sistema político institucional tradicional que no logra satisfacer las demandas juveniles, precisamente el mismo sistema que les ha olvidado y relegado a los márgenes. Se postulan así como supuesta alternativa que atenderá sus necesidades y problemáticas. Sin embargo, no está nada claro que la juventud –y en especial las mujeres jóvenes navarras– vaya a legitimar este discurso, sino todo lo contrario, la juventud se muestra escéptica y crítica ante esta estrategia discursiva que articula la ultraderecha”.
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