Era una sospecha más o menos generalizada: los jóvenes tienen una concepción de la política y la representatividad muy distinta a la de sus padres y abuelos. Dos recientes encuestas han corroborado con datos lo que parece el principio de un cambio de tendencia que apunta a un progresivo desenganche de los jóvenes de lo que entendemos por la política tradicional, que sin embargo –y con todos los peros– es en la que siguen confiando los mayores de 65 años.

Los jóvenes entienden la participación de forma distinta –más flexible, menos rígida, menos jerárquica, más alejada de los partidos y los sindicatos– y tienen otro concepto de la cosa pública –nacieron en democracias consolidadas y no han conocido una penuria–. De hecho, el desencanto y la falta de perspectiva –la que sí tienen los mayores de 65 años, nacidos y crecidos con un dictador– les llevan a alucinaciones, como pensar que la dictadura no fue tan mala.

Hace pocas semanas, la Oficina de Análisis y Prospectiva de Navarra publicó una encuesta sobre la confianza de los navarros en las instituciones que reflejó que los jóvenes prefieren que las decisiones las tomen “los expertos” o los ciudadanos mediante referendos y consultas directas y, a mucha distancia y en último lugar, los políticos.

Ocurre casi lo contrario entre mayores de 65 años, que se decantan primero por los políticos, y ya después los expertos, los referendos directos o todas las opciones mezcladas.

En octubre, a un mes del 50 aniversario de la muerte de Franco, el CIS preguntó qué opinaba la ciudadanía sobre la dictadura, y la respuesta de la franja que va de los 18 a los 24 años sorprendió a muchos, entre ellos la presidenta del Gobierno de Navarra, María Chivite, que expresó su “preocupación” en el Parlamento de Navarra porque “algo está fallando”: el 26,7% de los jóvenes en el Estado no ven peor la dictadura de Franco que la actual democracia.

“Es incomprensible que hoy haya esas cifras de percepción social en las que se reivindica el franquismo como algo moderno o de rebeldía”, zanjó en la Cámara.

Los datos de Navarra y los del Estado

Los datos de Navarra y del Estado abordan realidades distintas. Pero las dos señalan hacia una misma dirección: a muchos jóvenes no les encaja el sistema político tal y como está definido ahora. Los datos no permiten decir que estén más derechizados o sean menos democráticos. Pero su percepción es distinta y apuestan por otras fórmulas. ¿Cómo afectará esta visión a las próximas citas electorales?

Sabíamos que la brecha generacional era una brecha digital, de acceso a la vivienda, de empleo, de hábitos, de formas de ver el mundo. También política y representativa. Los jóvenes han vivido una infancia y una juventud muy distinta a la de sus padres. Ni que decir tiene la de sus abuelos. Los jóvenes han crecido en una democracia consolidada, en un país moderno, en un mundo globalizado, hablan inglés, han ido a la universidad, han viajado... Lo más normal es que vean las cosas distinto. Para otro reportaje queda una de las preguntas de moda: si los jóvenes de ahora viven peor que sus padres. 

Según la encuesta de Navarra, el 44,5% de los jóvenes prefiere que las decisiones políticas las tomen “los expertos”, y si no los mismos ciudadanos pero mediante consultas directas y referendos –41,3%–. Muy por detrás están los representantes políticos elegidos en las urnas, con un 9,9%. De los 30 a los 64 la tendencia es la misma, pero con los porcentajes menos afilados. Los datos llaman más la atención en contraste con la franja de mayores de 65, que es una cohorte amplísima de ciudadanos.

La tónica aquí es a la inversa: en primer lugar, eligen a los políticos para la toma de decisiones –36,1%–, después los expertos –26,3%– y muy seguido optan por la democracia directa –25,1%–. La encuesta también hace otra pregunta para despejar la duda legítima de si la desafección con los políticos no puede deberse a un rechazo al mismo sistema democrático. Los datos no están desagregados por edad, pero casi el 90% de los encuestados está de acuerdo o muy de acuerdo con la idea de que “la democracia puede tener problemas, pero siempre es preferible que cualquier otra forma de Gobierno”.

La pregunta del CIS

La pregunta navarra calma un poco la herida abierta por el CIS dos meses antes. El centro de encuestas estatal preguntó en octubre por la dictadura de Franco en comparación con la actual democracia. Los datos en la franja de edad más baja, la que va de los 18 a los 24 años dieron síntomas de preocupación: el 7,5% de los encuestados dijo que los sistemas les parecían iguales; el 14,4%, que la democracia era peor que la dictadura; el 3%, mucho peor; y el 2% o no supo o no quiso contestar. Es decir, el 26,9% tenía una postura equidistante cuando no complaciente con la dictadura.

El CIS formuló otra pregunta: qué valoración hacían de los años de Franco. Casi el 20% de personas de 18 a 24 años decían que buenos o muy buenos. ¿Qué elementos de juicio tienen esos jóvenes –todos nacidos ya en los 2000– para hablar de cómo fueron los años del franquismo? En la pieza adjunta, dos investigadores tratan de dar algo de información sobre este tema.