El periodista Antonio Villarreal (Córdoba, 1981) se ha adentrado por una cuestión determinante en la conformación de la opinión pública: las tertulias políticas, a las que se acerca mediante la crónica periodística en un libro recién salido del horno publicado por Península. Cada uno de nosotros sabe el tiempo que ha invertido (o perdido) escuchando tertulias en medios de comunicación, muchas veces compuestas por nombres muy conocidos, pluriempleados casi perennes, que han construido su figura a base de horas y horas de exposición.
¿Por qué pensó en este tema para un libro?
–Como tantos periodistas he convivido con compañeros tertulianos que iban a la radio o a la tele, y siempre me han llamado la atención, pero no porque yo quisiera ser tertuliano, sino de una forma casi antropológica. Me parecían fascinantes estas personas que están ahí continuamente, que cuando pones la radio por la mañana aparece su voz y cuando pones la tele por la noche están ahí también.
Vivir para comentar.
–También me empecé a dar cuenta cómo en mi entorno, fuera del mundo periodístico, empezaba a afectarles la exposición continua a tertulias, en el sentido de que hablaban de una forma extraña y adoptaban muchos de los planteamientos que escuchaban en las tertulias para sus conversaciones del día a día. Allí me di cuenta que esto realmente no es un actividad inocua, sino que nos está afectando a todos, eligiendo nuestros temas de conversación y la forma en la que nos expresamos.
Eso es curioso.
–Como ha dicho el actor Bill Murray cuando una conversación empieza por a quién has votado eso lo rompe todo, y ya da igual que en el resto de órdenes de la vida dos personas sean análogas o tengan las mismas aficiones, porque si ya cada uno ha votado a un partido diferente ya entras en una confrontación. No digo que sea culpa de las tertulias, pero está claro que lo alientan un poco. Nos alimentamos de eso y luego lo acabamos reproduciendo.
“Las tertulias no son inocuas, nos afectan a todos, eligiendo nuestros temas de conversación y la forma en la que nos expresamos”
¿El salto determinante fue cuando la tertulia radiofónica pasó a la televisiva?
–En el libro además de acudir a tertulias presencialmente para ver cómo funcionan, me puse a rastrear de dónde vienen nuestros tertulianos, quiénes fueron sus antecesores, cómo eran en los ochenta, en los noventa, en los dos mil...
La evolución del asunto...
–La tertulia empezó imitando a ciertos personajes muy ilustres y con mucho currículum fuera del mundo de la política, como catedráticos, abogados, poetas, dramaturgos, escritores... y poco a poco los periodistas fuimos metiéndonos cada vez más en las tertulias.
¿Y ahora?
–Nos están sacando a otro tipo de perfiles, como los analistas. El paso de la radio a la tele tiene buena parte de culpa y también de la tele a internet; las redes sociales han modificado los formatos y los personajes que vemos en las tertulias.
De aquellos sanedrines de sabios a los influencers y gente que trabaja fuera de los medios tradicionales.
–La gente sabe lo que quiere. Muchas veces oímos a personas que reivindican que debería haber un debate como La Clave. ¿Usted cree que un debate así aguantaría mucho en antena? Porque yo los he visto para documentarme y a veces eran tres horas hablando de los godos. Hoy día ni en la 2 a las tres de la mañana te lo compran, porque era una cosa de señores hablando sin turno un montón de rato...
El pasado idealizado.
–Tenemos nostalgia, pero cada tiempo es diferente, y el público también.
Ha contabilizado 314 tertulianos, pero solo 53 aparecen más de dos veces por semana en radio o televisión. Tienen un poder.
–Claro, y además muchas veces sus opiniones vienen de unos sitios muy concentrados. Los tertulianos no son simplemente todólogos, están en un sitio crítico, y el poder y los gobiernos lo saben y se dirigen a ellos para tratar de influir también en los mensajes que nos llegan a nosotros.
Mientras ellos gestionan la adrenalina para consolidarse en la parrilla.
–En los ochenta y noventa en España había mucho más conflicto en las calles, con huelgas, terrorismo... y sin embargo parece que el tono de las tertulias era más conciliador que hoy día. Uno pone el televisor y el transistor y parece que estamos en un estado de preguerra civil. Hay un sentido muy grande de teatralización y de espectáculo en las tertulias.
“En los ochenta y noventa había huelgas y terrorismo y sin embargo parece que el tono de las tertulias era más conciliador que hoy”
¿Llevamos peor que nos quiten la razón? ¿Pesa más llevar la voz cantante y fundir al resto?
–Lo atribuyo a la espectacularización, a una lógica de confrontación para el espectador derivada del espectáculo. Aunque uno no diga verdades o no lleve la razón, si el espectador tiene la impresión de que alguien ha ganado se vuelve el vencedor de ese intercambio. Eso es lo que lleva mucho tiempo impuesto.
Y lo de la mejor defensa es un buen ataque...
–Sí, sí, y el ‘y tú más’, una lógica o un subproducto de las tertulias, porque cuando no puedes competir con argumentos para hablar de ciertas cosas sacas esto o anécdotas personales... golpeas con lo que tengas a mano.
¿Cuáles cree que serían las claves de un buen tertuliano o tertuliana?
–Depende, cada uno tiene sus poderes y sus debilidades, además de sus intereses. Los hay a los que realmente les gusta mucho el medio, los hay que son periodistas con larga trayectoria que van allí a ofrecer más información y los hay que están muy politizados. Las claves son nunca quedarse en blanco, por supuesto, ser capaz de imponerte al rival y tener mucha cintura. Esto es como revolotear como una mariposa y picar como una abeja, que decía Muhammad Ali.
¿Los tertulianos asumen que un día te pueden dejar de llamar? ¿Hay juguetes rotos en ese ámbito?
–Siempre pasa, cuando hay cambios de gobiernos en las cadenas públicas la parrilla de tertulianos se sacude como un calcetín, y el que antes estaba fuera pasa dentro. Dentro de lo que cabe creo que saben dónde están sus límites, y las cosas que les funcionan para que les signa llamando y las cosas que nunca funcionan. Al final eres una especie de personaje que exacerbas un poco tus pareceres y sabes hasta dónde lo puedes llevar.
Estamos en crisis de la cultura democrática. ¿Para preservar las bases fundamentales de la convivencia, ¿es momento de reflexionar?
–Sí, es pertinente, los espacios de infoentretenimiento ocupan sitios donde antes había programas de cultura o de ciencia, que o se han quitado o se han relegado a horarios donde nadie los va a ver. Yo creo que de ahí no se vuelve. ¿Qué se va a hacer? ¿Cambiar un programa con audiencia y barato por un programa supersesudo que va a costar el triple y va a ver mucha menos gente? Es muy difícil tomar esa decisión, nos estamos haciendo trampas. Es más, la tendencia será a llenar más y más la parrilla de tertulias.