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Pablo García-BerdoyResponsable de asuntos públicos para Europa en Llorente y Cuenca

"En política estás siempre escogiendo entre dos malas decisiones, una peor y otra un poquito menos mala"

Diplomático invitado por Co.Ciudadana, pasó el jueves por Pamplona para hablar de “la disrupción norteamericana en el nuevo orden global”. Un tema clave en el mundo actual

"En política estás siempre escogiendo entre dos malas decisiones, una peor y otra un poquito menos mala"Iñaki Porto

Pablo García-Berdoy (Antequera, 1961) es hoy un alto consultor en Llorente y Cuenca. Desde ahí intenta ayudar al mundo de la empresa a entender los engranajes de Bruselas, llevando asimismo “el discurso de la geopolítica” en la toma de decisiones del ámbito empresarial. “El riesgo geopolítico es uno de los más reales, permanentes y difíciles de abordar con el que se encuentran las empresas, no solo las multinacionales, sino las que tienen relación con el sector exterior”. En su trayectoria previa como diplomático destaca en especial el haber sido embajador de España en la Unión Europea y en Alemania. El jueves dio una charla en Pamplona sobre “la disrupción norteamericana en el nuevo orden global” paraCo.Ciudadana, y reservó un tiempo para esta entrevista.

Son tiempos disruptivos, primero con el covid, ahora en esta segunda legislatura de Donald Trump.

Sin duda, pero llevamos ya muchos años con una crisis larvada del orden internacional, básicamente por el cambio geopolítico con el ascenso de China, y la gran preocupación estadounidense de esa nueva hegemonía. Ese es el caldo de cultivo que junto a la revolución digital hace que el mundo haya cambiado radicalmente con respecto al que después de la Segunda Guerra Mundial sentó las bases del orden que conocemos. Es una evolución profunda, histórica, y no solo dependiente de Trump dos.

En todo caso, estamos bajo el impacto de la Administración Trump, también en su puesta en escena.

El primer Trump fue mucho más pausado y menos radical. Para hacer su programa ha elegido una Administración totalmente leal, en su mayoría sin experiencia. Antes, grandes figuras de la Administración tenían autoridad para frenar los impulsos del presidente. 

“Tenemos que ser muy conscientes de nuestra fragilidad. A veces nos parece que la democracia está para quedarse y hay un riesgo”

Nos preguntamos por la deriva de la guerra, cuál es la estrategia de EEUU y qué consecuencias económicas puede traer en la UE. 

Aparte de la presión de Israel ante un régimen iraní más debilitado, quizás también Donald Trump ha intentado expresar su poder frente a terceros, especialmente China, pero sin un plan real. Trump quiere evitar a toda costa que esta operación le afecte negativamente en las elecciones de noviembre. Está por ver, por ejemplo, si la inmensa superioridad norteamericana militar, gracias sobre todo al poderío tecnológico, puede limitar los efectos negativos de un eventual bloqueo del Estrecho de Ormuz por Irán.

Se ha hablado mucho de Von der Leyen y del canciller Merz. Hay un debate en Europa e incertidumbre.

Europa está en guerra, porque Rusia ha invadido Ucrania, y persiste una campaña militar en nuestras fronteras, amenazando nuestra seguridad y nuestra forma de vivir. En España vivimos la guerra de manera más distante, aunque hemos sido solidarios, pero en el centro y en el este de Europa se vive con una gravedad inmensa, y también en Bruselas, donde voy con frecuencia. Europa depende de manera radical del apoyo norteamericano para mantener el frente de combate e impedir que Rusia considere que esta operación puede ser un test para operaciones posteriores en su antigua zona de influencia. Tenemos una necesidad de apoyo militar, técnico y político de EEUU en tal escenario. Y es muy difícil deslindar esa necesidad de otras operaciones que EEUU, aun contra nuestro criterio, está emprendiendo.

“El primer Trump fue mucho más pausado y menos radical que ahora. Su Administración, totalmente leal, en su mayoría no tiene experiencia”

Pero luego Trump parece más pegado a Putin que a Zelenski. ¿Todo esto refuerza indirectamente al mandatario ruso?

En política estás siempre escogiendo entre dos malas decisiones, una peor y otra un poquito menos mala. Y muchas veces tienes la necesidad de transigir porque la alternativa es mucho peor. Alemania está escindida entre la necesidad de mantener un frente unido transatlántico y europeo para defender Ucrania y la conciencia clara, como la tenemos todos, de que esta operación iraní, vamos a decirlo así, está mal planteada. Pero el orden de prioridades aquí sí altera el producto.

¿Hay nostalgia de Merkel allí?

En absoluto. La canciller me parecía una personalidad extraordinaria en muchos sentidos, pero todavía está por revisar su legado histórico y muchos consideran que cometió errores graves que han propiciado por ejemplo el ascenso de la extrema derecha o que mantuvieron la dependencia energética de Rusia más allá de lo razonable, incluido el desmantelamiento de la producción de energía nuclear y la dependencia del gas ruso. Es verdad es que ella tenía una larguísima experiencia y era de un talante muy interesante, enormemente competente intelectualmente. En Alemania y prácticamente en toda la UE el paisaje político se ha fragmentado y ahora es mucho más difícil gobernar de lo que era hace unos años.

¿Cómo se protege la democracia liberal en este contexto disruptivo?

Muy buena pregunta. Tenemos que ser muy conscientes de nuestra fragilidad. A veces nos parece que la democracia está para quedarse, y hay un riesgo de que caigamos en unas espirales. Desde mi punto de vista, en política exterior hay que intentar buscar consensos. Tanto internamente en los Estados como con los socios en la UE. Consensos sólidos, con una base ancha, pero que no se empeñen en incluir todas las legítimas diferencias que tenemos entre las distintas fuerzas políticas. Ahora es urgente que nos pongamos a la tarea de consolidar el proyecto europeo.

¿Cuál cree que tiene que ser la relación de Europa con China?

Su revolución económica y social es extraordinaria. No existen precedentes históricos en un periodo tan corto de tiempo. Es admirable su desarrollo económico, en un país que fue durante muchísimos siglos uno de los más importantes del mundo. China debe ser muy importante para los europeos y tenemos que tener la mejor relación posible. Ahora bien, con todos los países con los que nos relacionamos, tenemos que defender nuestros valores y la equidad en esa relación. China en muchos casos hace una interpretación poco equilibrada, y se han producido desequilibrios totalmente inaceptables que debemos abordar. En las economías libres hay unas reglas de juego que hay que respetar. Y en muchos ámbitos no están siendo respetadas por China.

¿Puede haber trumpismo sin Trump?

Vamos a ver qué pasa el 3 de noviembre, y luego ya podremos empezar a pensar o especular. Los midterms suelen castigar al Gobierno, la Cámara de Representantes podría volver a los demócratas, lo cual limitaría mucho la capacidad de acción de la actual Administración. Habrá que ver la reacción ciudadana ante crisis reputacionales, vamos a llamarlas así, como las producidas en control de la migración en algunos Estados. Y luego el tema económico, el fundamental. El riesgo de un repunte de la inflación. Otro factor es la crisis del partido Demócrata, que no acaba de encontrar su liderazgo y su discurso.

Trump apunta a Cuba, un país que no es cualquiera para España. 

Desde la operación en Venezuela me preocupa mucho dónde están Europa y España al abordar el debate en Latinoamérica. España no puede estar indiferente. El mundo ha cambiado y nosotros debemos intentar hacerlo bueno dentro de este cambio que a lo mejor no nos gusta. Buscando acuerdos de cara a influir realmente en las políticas que se hacen. El mundo es el que es, y no el que quisiéramos que fuera. Tenemos que seguir en la mesa donde se discute y se deciden las cosas. Seguir estando en la conversación. Que en Latinoamérica, tan importante, España haga oír una voz útil en esta nueva etapa. A pesar de las diferencias ideológicas en diplomacia hay que intentar tender puentes para tratar de ser relevantes y ayudar a que los objetivos políticos o de valores que defendemos estén un poquito más cerca de ser reales que quedarnos en las diferencias. Es muy importante mantener una capacidad de interlocución con EEUU sobre Latinoamérica y saber qué podemos hacer.