Andrea Hernández: Juventud y tablas delante de los toros
La marcillesa de 20 años empieza a ser, tras su debut en 2023, una cara reconocida entre los corredores del encierro en el tramo de Santo Domingo. Apasionada de los animales, también trabaja en diversos cosos del país como monosabia
Siempre lo ha tenido claro: su vida tenía que estar ligada a la de los animales. Y es que la marcillesa Andrea Hernández, que en diciembre cumplirá 21 años, es ya un rostro conocido entre los amantes de los toros y caballos, una afición y pasión que le inculcó su abuelo materno, Ángel Montañés, y que no ha hecho sino afianzarse y aumentar con el paso de los años. Metida de lleno en la vorágine sanferminera, se cuida muy mucho para poder estar por las mañanas en la cuesta Santo Domingo, entonar el tradicional cántico al patrón, santiguarse y ponerse delante de los morlacos, algo que hizo por primera vez en 2023. De hecho, y aunque ahora se está recuperando de una intervención quirúrgica, cuenta, nada le iba a impedir estar este año de nuevo en los encierros de Pamplona, hobby que compagina con su trabajo como monosabia.
Lo que comenzó viendo desde la barrera, explica, poco a poco empezó a llamarle más la atención. “Iba a los encierros de los pueblos con mi padre y me empecé a picar; me gustaba llamar a los animales y me daban mucha envidia los corredores que saltaban al recorrido, así que con 16 años yo también decidí hacerlo”. Sus primeras carreras fueron en las pasadas de las vacas y es en el año 2021, después de la Covid-19, cuando lo hace delante de los toros; en Tafalla. “Lo recuerdo algo borroso y con bastantes nervios”.
El año pasado Andrea tenía claro que en Pamplona quería debutar y disfrutar de los Miura, pero era el último día así que, lejos de esperar, decidió correr el 7 de julio, con toros de La Palmosilla. “Entré al recorrido acompañada por mis amigos; corredores que llevan más años y que me asesoraron y aconsejaron. Estaba como un flan, y los días previos no dormí demasiado bien por los nervios, pero enseguida esa sensación cambió y sentí que estaba donde tenía que estar. Asimilé lo que iba a hacer y me concentré”.
Al terminar, “de la euforia, lloré”. La carrera, en Santo Domingo, la recuerda como “muy fugaz. He visto cientos de encierros; te cuentan, te dicen... Pero no sabes cómo es ese momento hasta que no estás ahí. Acabé muy contenta. Y es que para mí una buena carrera no depende de los metros que corras; claro que todos queremos pillar toro, pero lo importante son las sensaciones, y creo que esa primera prueba me salió bien”.
Un cambio de chip
Este año, de blanco impoluto y con un 18 a la espalda “porque es algo que tiene mucho significado para mí; tanto para lo bueno como para lo malo”, ha corrido, hasta ahora, tres días, y espera hacerlo también el domingo delante de los Miura. “La verdad es que empecé con sensaciones difíciles y con la cabeza bloqueada. Mi idea era haber corrido el 8, pero al final el 7 no me lo pensé, me preparé y subí. No fue una carrera espectacular, pero me sirvió para desbloquearme y para cambiar el chip que tanta falta me hacía. Después de una carrera me siento genial; es algo que me gusta y que me hace muy feliz”.
A pesar de las miles de personas que le rodean y del tumulto que se forma, explica, una cosa es inconfundible, “y es el sonido de los cascos y la respiración de los morlacos; es inexplicable; puede haber un griterío ensordecedor que eso no evita que oigas el resoplido”.
Apoyada por sus padres (aunque su madre lo pasa algo peor, tal y como asegura la joven corredora), el hecho de ser mujer no se ha visto como algo raro entre su grupo de amigos. “Siempre me han tratado como a una más, nunca me han visto diferente por ser chica; me han cuidado y se han preocupado por mí como por cualquier otro. Me han atendido, enseñado y aconsejado… Creo que a los corredores no les choca tanto; soy una más, y sí que a los espectadores les suele llamar más la atención”.
Andrea también ha corrido en otros escenarios como el de Ciudad Rodrigo, Valdemorillo, Tudela y Peralta y, concluye, entre los retos que le quedan “está ir a San Sebastián de los Reyes ya que, por temas de trabajo, nunca he podido ir y me encantaría. Además, y como un sueño a cumplir, que espero sea este año, está correr el Pilón de Falces. He ido muchísimas veces, lo he visto y disfrutado desde la ladera y ahora quiero probarlo en primera persona; ese es mi próximo objetivo”.
Su labor como monosabia
Pero la pasión de la marcillesa por estos animales va mucho más allá, y es que, gracias a su afición por el mundo caballar (monta desde que tiene 6 años), conoce a una cuadra de caballos de picar para festejos de muerte y ahí le acogen, le enseñan los entresijos del oficio de monosabia y comienza a viajar con ellos en el año 2019. “Lo que hacemos es preparar y auxiliar tanto al caballo como al picador. Lo ayudamos antes de salir al ruedo (le colocan al animal el peto que, informa a modo de curiosidad, está hecho con el material de los chalecos antibalas), estamos pendientes durante el tercio de varas si es que es necesario, y también al terminar. El objetivo es que ni el caballo ni el picador salgan heridos”.
“Me gusta y apasiona el toro en todas sus facetas; en el campo, en el ruedo, en la calle e incluso en el plato. Me apasiona todo lo que lo envuelve. Me encanta verlo en el ruedo, pero también correr delante por la grandeza del momento. Creo que es necesario que la figura de este animal perdure”.